Una psicóloga advierte sobre el riesgo de crear conflictos innecesarios cuando una pareja se lo cuenta todo: “La confianza no es eso”
La honestidad suele representar uno de los pilares principales sobre los que se sostiene una relación sana. Pero este concepto llevado a la práctica puede convertirse en un arma de doble filo si no se le ponen límites. ¿Es realmente necesario o beneficioso compartir cada pensamiento con una pareja para construir una confianza sólida?
“La confianza no es contárselo todo, la confianza parte de uno mismo y la seguridad que nos proporciona la pareja”, afirma Diana Sánchez, psicóloga sanitaria y terapeuta de pareja, que defiende que trabajar la confianza es algo más profundo. “De hecho, puede ser hasta contraproducente, porque la intimidad también es un valor”, apunta.
En este sentido, Sánchez señala que uno de los mayores riesgos en la convivencia es confundir la lealtad con la obligación de eliminar cualquier rastro de privacidad. “En la pareja hay que tener sinceridad y lealtad, son valores fundamentales, y debemos tener la confianza para poder expresarnos y hablar al otro con libertad, pero hay cosas que pertenecen siempre a nuestra intimidad y que hay que valorar si es necesario decir”, resume la psicóloga.
“En ocasiones, decirlo todo es un sincericidio”, asegura la experta, que define con este término el acto de compartir una información innecesaria que solo provoca dolor, “que no va a tener ningún beneficio, no va a ayudar a la pareja y en muchas ocasiones va a generar un conflicto o un problema que no existe”.
¿Qué es lo que sí debe compartirse?
Mantener un espacio personal no significa llevar una doble vida. El equilibrio, según Sánchez, reside en “ser coherente con el vínculo y los acuerdos que se tienen con esa persona”. “Ser transparente no significa contarlo todo, ni renunciar a tu espacio y a tu intimidad, significa no ocultar sobre todo lo importante”, incide. Entre los aspectos que sí deben ponerse en común la experta destaca ser capaces de expresar con libertad las emociones, los sentimientos y las necesidades personales, permitiendo que el otro comprenda realmente qué nos sucede.
Más allá de lo puramente emocional, para Sánchez, la comunicación debe abordar también aspectos prácticos y vitales que definen el rumbo de la relación: “Por ejemplo, si queremos vivir juntos, tener o no tener hijos, incluso posibilidades de cambios laborales, cambios de residencia... no tomar decisiones que puedan afectar a la otra persona sin tenerla en cuenta”.
También el ámbito de la intimidad física requiere apertura para comunicar las necesidades sexuales de cada uno, un pilar que la terapeuta considera clave para una relación sana. “Incluso se puede compartir si a veces hay dudas sobre la relación, sobre la otra persona o si hay dudas con respecto a alguna relación anterior... si hay algo que cerrar o si, de alguna manera, hay alguna relación que nos afecta. Eso no significa que la otra persona tenga que dejar de tener esa relación, pero sí que es importante compartirlo”, extiende Sánchez.
El objetivo es construir un espacio de seguridad donde se priorice todo aquello que enriquece la relación, así como los aspectos que sean importantes para cada uno, y a la vez se respete el derecho personal de conservar un mundo interior propio.