De marginado a líder: un loro con discapacidad escala posiciones y redefine el orden social al convertirse en macho alfa

Un trabajo científico describe a un ave neozelandesa que, pese a una limitación evidente, consigue situarse por encima de otros

Héctor Farrés

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Un grupo de animales no se organiza al azar, porque suele haber un individuo que toma la delantera en los conflictos y marca el ritmo del resto. Ese papel se conoce como macho alfa dentro de una manada, una posición que se define por la capacidad de imponerse en enfrentamientos, acceder antes a los recursos y recibir conductas de sumisión de los demás.

Este estatus no depende solo de la fuerza física, ya que también influyen la estrategia, la experiencia o la capacidad de anticipar el comportamiento de otros individuos. En muchos casos, el macho alfa mantiene su posición mediante enfrentamientos repetidos o señales de dominio que evitan peleas constantes.

Algunos ejemplos conocidos aparecen en lobos, que organizan su grupo alrededor de una pareja dominante, en primates como los babuinos, donde un macho lidera mediante fuerza y alianzas, o en leones, donde uno o varios machos controlan el acceso al territorio y a las hembras. Esa idea de dominio físico como base del liderazgo tiene un punto débil cuando aparece un caso que rompe ese patrón.

Un loro sin parte del pico alcanza la cima

Un estudio publicado en Current Biology describe cómo un loro kea con discapacidad logró la posición más alta de su grupo mediante conductas innovadoras. El trabajo analiza el comportamiento de Bruce en el Willowbank Wildlife Reserve de Nueva Zelanda y muestra que su ausencia de pico superior no le impidió imponerse. Los investigadores siguieron sus interacciones dentro del grupo y comprobaron que la innovación en la conducta puede compensar una limitación física.

Presenta menos estrés que otros machos del grupo

El método que utiliza Bruce para enfrentarse a otros individuos no coincide con el de los demás kea. Mientras otros recurren a patadas para apartar a sus rivales, él utiliza la parte inferior de su pico como punto de impacto y lanza el cuerpo hacia delante. Ese movimiento funciona como un golpe frontal que obliga al otro a retroceder, y se combina con saltos que dificultan la respuesta del oponente.

Los datos muestran que ese tipo de ataque logra apartar al rival en el 73% de los casos, una cifra superior al 48% que se registra cuando se limita a patear. Esa diferencia explica por qué un comportamiento poco habitual acaba resultando eficaz.

Sus enfrentamientos acaban casi siempre a su favor

Los registros de interacción refuerzan esa imagen de dominio. El equipo de Alex Grabham, ecólogo del comportamiento en la University of Canterbury, analizó 162 enfrentamientos entre nueve machos durante cuatro semanas. Bruce participó en 36 de esos encuentros y ganó todos. Ese resultado lo sitúa por encima del resto sin discusión dentro del grupo. La ausencia de derrotas no depende de un mayor tamaño o de una ventaja física, ya que su condición es inferior en ese sentido, sino de la eficacia de su conducta.

Varias especies muestran jerarquías con figuras dominantes

El estatus que alcanza dentro del grupo se traduce en ventajas claras. Los otros machos le limpian el pico, una conducta poco habitual en esta especie, ya que ese tipo de cuidado suele reservarse a la pareja. Además, accede antes a la comida en los comederos principales.

Durante el periodo analizado, comenzó a alimentarse antes que el resto en el 83% de las ocasiones. En algunos días, los demás individuos le dejaron 15 minutos en solitario con todos los puntos de comida antes de acercarse a los restos. Ese comportamiento muestra un reconocimiento claro de su posición.

Los niveles de estrés ofrecen otro dato relevante sobre su situación. Amalia Bastos, psicóloga comparada en la University of St Andrews, explica que en muchas especies los individuos dominantes presentan valores altos de glucocorticoides debido a la presión de mantener su puesto.

En este caso ocurre lo contrario. Las muestras analizadas indican que Bruce presenta los niveles más bajos entre los machos del grupo. Grabham señala que esto puede deberse a que los demás no intentan desafiarlo de forma seria, lo que reduce la necesidad de defender su posición.

El entorno estable refuerza su posición dominante

El entorno en el que vive ayuda a entender parte de este resultado. El grupo habita en un aviario amplio con árboles y un arroyo, donde las jerarquías se mantienen con estabilidad. Los kea organizan su estructura social mediante enfrentamientos, vocalizaciones o cambios en la postura corporal.

En ese contexto, Bruce destaca por su aspecto y suele despertar compasión entre los visitantes, una percepción que no coincide con su papel real. La observación sistemática muestra que ocupa la posición más alta sin depender de la ayuda de otro individuo.

El ave desarrolla un ataque distinto al resto

La capacidad de encontrar soluciones también aparece en otro comportamiento documentado antes de este estudio. En 2021, los investigadores observaron que utilizaba pequeñas piedras para limpiar sus plumas, una tarea que normalmente se realiza con el pico completo.

Ningún otro kea de su grupo emplea ese método. Esa conducta sugiere que desarrolló la técnica por su cuenta para compensar su limitación. Esa adaptación no solo le permite realizar tareas básicas, también contribuye a mantener una posición que otros no logran cuestionar.

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