Dónde están las armas, matarile, rile, rile
En el fondo del mar, o del desierto. El caso es que las armas de destrucción masiva siguen sin aparecer en Irak y muchos nos planteamos si existieron realmente. Hace un año, la CIA aseguraba que el régimen iraquí poseía un arsenal biológico y químico en un informe que el gobierno de Bush utilizó como argumento para la guerra. Ahora la agencia estadounidense matiza sus palabras, poniendo el acento en la letra pequeña:
“Cualquier lector del informe debía leer dos párrafos de las 'Consideraciones Clave' para saber lo que dijimos: 'Carecemos de informaciones precisas sobre muchos aspectos claves del programa de armas de destrucción masiva de Irak”. La cita sale de un sorprendente artículo publicado hace unos días en la página web de la CIA. Lo firma el vicepresidente del consejo nacional, Stuart Cohen, un veterano agente con 30 años de servicio. Según Cohen, todas estas incertidumbres fueron expuestas íntegramente al gabinete de George W. Bush en el informe de octubre de 2002, documento en el que se basó la Casa Blanca para asegurar “con certeza” que Irak mantenía su arsenal prohibido, la excusa necesaria para iniciar la guerra.
Se me ocurren dos razones para explicar este inesperado movimiento. O los chicos de la CIA se quieren excusar antes de que empiecen a llamarles ineptos porque las anunciadas armas no aparecen –yo no fui, fue el amigo de Aznar–, o alguien en la inteligencia estadounidense le quiere dar una buena patada a George W. Bush... y tiene capacidad y valor para hacerlo. Cuando un gobernante da más poder a los espías y policías y les permite saltarse las libertades básicas, como ha hecho Bush, se arriesga a que el perro de presa se vuelva contra él. En Estados Unidos no es la primera vez que pasa. ¿De vuelta a los años de Edgar Hoover?