Se encuentra antes un pelo en las cañerías que un billón de euros de la crisis
Isaac Rosa
No sé si conocen un simpático cuento de Cortázar titulado Pérdida y recuperación del pelo, incluido en su famoso Historias de Cronopios y de Famas. En él se relata el entretenimiento absurdo e imposible de una excéntrica familia cuando se aburre: cogen un pelo de la cabeza, le hacen un nudo y lo tiran por el desagüe, haciendo correr el agua para que se vaya por la cañería. El objetivo del juego es encontrar el pelo, que gracias al nudo será identificado entre todos los pelos posibles que pueden encontrar por el camino, y para ello se aplican en desmontar el lavabo, el sifón, la cañería que conduce al bajante, la tubería que recorre todos los pisos del edificio, hasta llegar a las alcantarillas donde seguir rastreando pelo a pelo hasta encontrar aquel con un nudo, cuyo improbable hallazgo pondría fin al juego.
Viene esto a cuento porque se me ocurre una ocupación tanto o más absurda e imposible que aquella caza del pelo perdido: intentar hoy seguir el rastro del dinero. No, no hablo del billetito de diez euros al que escribes tu nombre para ver si un día vuelve a tus manos, y al que sin mucha dificultad podrías seguir el rastro por el barrio, pasando de bolsillo en bolsillo y de caja registradora en caja registradora hasta acabar en un banco o bajo un colchón.