Escondidos bajo las estrellas de Petraeus
Iñigo Sáenz de Ugarte
Napoléon decía que por encima de todo quería tener generales con suerte. En los tiempos que corren en la guerra de Irak, resulta mucho más rentable apostar por militares con carisma. El general de cuatro estrellas David Petraeus cuenta con algo de eso: la credibilidad entre la prensa norteamericana de la que carece George Bush. No le viene del cielo. Se la ha trabajado ofreciendo a los periodistas la mezcla perfecta de realismo y manipulación.
Petraeus no vende un discurso absolutamente triunfalista ni cree que EEUU esté a punto de ganar la guerra. Lo suyo es afrontar la cruda realidad. En su favor, juega su experiencia en los Balcanes y sus estudios en lucha contra la insurgencia. ¿Dónde está la trampa? En la manipulación de los datos que vende a la prensa y a la clase política.
Hoy hemos tenido un buen ejemplo con su comparecencia ante el Congreso de EEUU, junto al embajador en Bagdad. A diferencia de ocasiones anteriores, sí ha sido más optimista sobre el destino de la guerra. Como buen político con uniforme que es, ha ofrecido algo de calderilla a los demócratas: una retirada en diciembre de unos 4.000 soldados y otra algo mayor, que culminaría en julio del 2008. Este último repliegue dejaría en 130.000 el número de tropas en Irak, es decir, el mismo número que antes de la gran escalada que se inició en febrero.
En el próximo verano, estaremos por tanto con un número de soldados similar al de enero del 2007. Menudo avance.