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Nos espían, remix

Al fin llega el frío mientras el PP recupera la canción del verano: las escuchas telefónicas. Ahora es una remezcla tecno del viejo hit, un chunda chunda llamado Sitel: el “Gran Hermano” informático según González Pons. Nunca sobra discutir sobre el riesgo de los abusos que pueden permitir estas herramientas. Yo soy de los que creen que cambiar libertad por seguridad es un negocio ruinoso, pues se pierden ambas. Lástima que las críticas de Pons chirríen por cinco razones.

La primera, que el Gran Hermano Sitel lo encargó su primo, Mariano Rajoy, cuando era ministro de Interior. La segunda, que el Tribunal Supremo ya se pronunció sobre su legalidad y lo dio por bueno, en una sentencia de hace un año. La tercera, que el PP sabía de este sistema de escuchas desde el primer día y sólo lo han criticado ahora, cuando buscan desesperadamente un defecto de forma con el que dar carpetazo a la Gürtel. La cuarta, que si Pons o Cospedal tienen constancia de que Sitel se ha usado para pinchar teléfonos sin permiso judicial, que preparen una denuncia en vez de otra rueda de prensa. La quinta, que si damos por buena su excusa –compramos el programa pero no lo pusimos en marcha porque había informes jurídicos en contra–, estaríamos ante un caso de despilfarro. Sitel costó 10 millones de euros: ¿no habría sido mejor preguntar por su legalidad primero y adjudicar después?

Pero el argumento más demoledor lo da el vicepresidente del CGPJ, Fernando de Rosa: “Si alguien duda de la constitucionalidad de Sitel, que lo denuncie”. Como será de malo el remix de la conspiración para que ni siquiera le guste al ex conseller de Justicia del Gobierno de Paco Camps.

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Pero, ¿es cierto, como dice el PP, que Sitel permite pinchar teléfonos sin autorización judicial? Según varios policías (y no hablo de jefes, hablo de policías de base), era mucho más sencillo saltarse la ley con el anterior sistema y sus magnetófonos que con los ordenadores actuales, donde queda registro de qué policía, a qué hora y a qué teléfono escucha, un procedimento que sólo se puede poner en marcha con la orden de un juez.

De Rosa no ha sido el único jurista que así lo ha dejado claro: los portavoces de la Asociación Profesional de la Magistratura, de la asociación Francisco Vitoria y también las principales asociaciones de fiscales han coincidido en defender el modo en que hoy se realizan las escuchas telefónicas y en recomendar al PP que, si tiene alguna duda, que lo denuncie pero que no puede “presumirse” sin pruebas que existe el Gran Hermano.

Otra de las teorías que ha dejado caer González Pons es que, con el sistema informatizado, existe más riesgo de manipulación. “En digital no hay original o copia, todo es original, por lo que con dos originales se puede crear, con manipulación informática, un tercer original”, dijo Pons hace un par de días en Veo TV. La acusación es ridícula para cualquiera que sepa algo de informática: es cierto que la edición digital hace más sencillo manipular todo tipo de pruebas, como se manipulan las fotos de las modelos. Pero para eso da igual que la grabación se registre inicialmente en un magnetofón o en un disco duro.