Garzón no mejora
No pasa nada, que la Liga está ganada, y hasta con una magistrada menos en el equipo, la goleada del Supremo contra Baltasar Garzón parece asegurada. Mucho tienen que cambiar las cosas para que se salve el juez campeador, ahora repudiado como juez prevaricador por los mismos que lo auparon al caballo. Faltan pocas semanas para que la extraña coalición cante el alirón, para que Garzón se vea obligado a dejar la Audiencia Nacional. No cambia la suerte del juececillo valiente que Margarita Robles –ex secretaria de Estado de Interior en tiempos de Felipe, cuando Garzón investigaba los fondos reservados de los GAL o la fuga de Luis Roldán en Laos– haya decidido abstenerse tras ser recusada. Van sobrados.
moreCon todo, al menos Robles demuestra cierto pudor, esa mínima vergüenza que otros hace tiempo que perdieron. No se ve tanto complejo en Fernando de Rosa, el vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial a propuesta del PP que, antes de este ascenso, fue consejero de Justicia de Francisco Camps en el gobierno valenciano. De Rosa se reunió con su antiguo jefe en su despacho de la Generalitat el 20 de febrero de 2009, a los pocos días de que Camps fuese imputado por la Gürtel. Y ese mismo día, cuando ya era vicepresidente del CGPJ, insinuó que Garzón prevaricaba; desde la más estricta independencia judicial, por supuesto.
Tampoco parece probable que Gema Gallego, la tercera recusada, se vaya a abstener por propia voluntad. La jueza que llegó al estrellato por el caso del ácido bórico, por aquel patético episodio de la conspiración del 11-M que intentó enredar a ETA con Al Qaeda con un desodorante para pies como prueba del nueve, fue premiada por el PP con un sillón en el CGPJ. Y allí sigue y seguirá. Para dar ejemplo al mundo.