El gato de las pensiones ya tiene cascabel
Juan Carlos Escudier
A Miguel Ángel Fernández Ordóñez le han puesto a caldo en el PSOE por decir en el Congreso que o se reforma a fondo el sistema de pensiones o nos vamos a la ruina a partir del 2025, o sea pasado mañana. En realidad, Ordóñez se limitó a reiterar el mismo discurso de todos los gobernadores del Banco de España, cargo que no puede ocuparse sin una declaración ante notario en la que se proclame que hay que abaratar el despido, que los salarios siempre son los culpables de la inflación y que las pensiones son insostenibles. El ministro Corbacho, indignadísimo, le reprochó que jugara con la tranquilidad de ocho millones de pensionistas, cuando en realidad es a los activos que esperan jubilarse algún día a quienes ha metido el miedo en el cuerpo.
Al margen de la predisposición natural de los gobernadores a anunciar el colapso del Estado del Bienestar, no habría que tomar a la ligera algunas de las consideraciones de Ordóñez que, según dijo, no constituían una propuesta del Banco de España sino la tesis del consenso de los especialistas. Siendo verdad que las previsiones acerca de la quiebra de la Seguridad Social nunca han acertado, sería estúpido no tener en cuenta lo que es una simple cuestión estadística: si se reduce la natalidad y aumenta la esperanza de vida, el envejecimiento de la población, aún corregido con la llegada de inmigrantes, elevará de forma importante la relación entre los mayores de 65 años y quienes han de pagar sus jubilaciones. Y en la medida en que esta tasa de dependencia se incremente, también lo hará el gasto público en pensiones porque se desbordaría ampliamente la capacidad de ingresos del sistema.