La hipocresía del dolor
Juan Varela
(...) Todas las víctimas tienen derecho a la intimidad. Y todos los periodistas deberían saber y ser conscientes de dónde está el límite entre la información relevante, incluso para provocar la reflexión del público, y el sensacionalismo. No se evita sólo con la ausencia de vídeos y fotografías. El sensacionalismo está en las horas de programación sin nada que contar, en la redundancia de las preguntas a los deudos de los muertos y heridos más allá del retrato indispensable de los efectos de la tragedia. El sensacionalismo es la codicia de los responsables olímpicos prohibiendo la exhibición del dolor para mantener alejado el negocio del deporte de las tragedias cotidianas.
Sensacionalismo es también el desfile sobreactuado de políticos que nunca son responsables de nada y de quienes hablan de “crisis” manipulando la palabra y tratando de atacar a otros en búsqueda de réditos políticos, más que de subsanar errores futuros. Ese exhibicionismo de minutos de silencio y gabinetes de crisis más allá de una rápida y profunda investigación de lo sucedido y la asistencia a los perjudicados, sometidos a una carrera de compasión obscena por los políticos.