La importancia del plano de escucha
Cuando González y Aznar debatieron en 1993, ese recurso televisivo quedó prohibido por un contrato firmado ante notario: mientras un candidato hablaba, no se podía enfocar al otro. A eso, en televisión, se le llama contraplano o plano de escucha. En la política catódica, es casi tan importante lo que se habla como lo que se dice con el cuerpo mientras se atiende. Pizarro, en el debate del jueves, también falló ahí. Cuando no asentía con la cabeza ante la lección de Solbes, Pizarro se agarraba al atril como si no hubiese suelo. Parecía más nervioso al escuchar que al hablar
Algo más que un debate perdido
El pinchazo del globo de Pizarro ha sido tan evidente, tan claro, que ni siquiera los dirigentes del PP lo niegan en privado. El jueves, entre otras cosas, quedó demostrado que la política no es un oficio donde baste con ser más chulo que un ocho. Ayer Zapatero aprovechó para hacer leña del fichaje estrella caído mientras que Rajoy, en su mitin, pasó de puntillas sobre el debate. No es sólo una derrota puntual. Pizarro era el mascarón de proa del buque más importante en la campaña del PP, el de la economía.
Zapatero y Rajoy escucharán
Rajoy llega tocado al debate del lunes, lo tiene difícil para poder recuperar la iniciativa en el campo económico. La derrota no sólo afecta a la estrategia electoral del PP, también se puede notar en la negociación técnica del debate. A falta de dos días, aún quedan por cerrar detalles como la iluminación o el tipo de planos. Otras cosas sí están pactadas. Al igual que con Solbes y Pizarro, veremos las caras de Zapatero y Rajoy mientras escuchan. Aunque ellos debatirán sentados.