El impuesto hipócrita
Puestos a subir impuestos, hay tres alternativas. La primera es llevar el discurso socialista hasta el final y que los que más tienen, más paguen: bajar el IVA para incentivar el consumo y subir los tramos altos del IRPF. No es un modelo imaginario, es lo que ha hecho el Reino Unido.
Hay una segunda opción, dicen que más pragmática: dejar la redistribución de la riqueza para el gasto social e intentar recaudar lo máximo posible, aunque la factura la paguen los de siempre, las clases medias a las que se puede desplumar con facilidad; que los ricos también lloran, pero sus ingresos tributan a través de sociedades patrimoniales. Es una fórmula impopular e injusta. Pero, segun los técnicos, es también la más eficaz, si se trata de reducir el déficit y mandar un mensaje de austeridad a los mercados internacionales, donde cotiza nuestra deuda. Es la vía que ha propuesto el Gobierno en sus Presupuestos.
Aunque también hay una tercera opción con lo peor de ambos mundos. Consiste en aplicar la receta pragmática y vender el discurso idealista: subir los impuestos a las clases medias mientras se repite que serán los ricos los que más paguen. Decir una cosa y hacer otra.
Dentro del PSOE y del Gobierno, sorprende esa fijación de José Blanco en amagar a los ricos con unas subidas de impuestos que llenan todos los diarios menos el BOE. Ayer mismo, el ministro se escandalizó por la pensión millonaria del ex consejero delegado del BBVA. “Debería tener una fiscalidad mayor”, dijo Blanco. Y tiene razón, debería. Pero nada provoca más frustración en los contribuyentes que las promesas fallidas; que el Gobierno hable de amor cuando quiere decir sexo.