Una ley que justifica una presidencia
Iñigo Sáenz de Ugarte
Hay que admirar el valor del tipo. Cuando todos le decían, empezando por los principales medios de comunicación norteamericanos, que la reforma sanitaria no podía ya salir adelante (a pesar de llegar a la Casa Blanca con el 53% de los votos y de que los demócratas tenían una mayoría en el Congreso que probablemente no volverán a ver en décadas), Barack Obama no se rindió y continuó trabajando para que saliera adelante.
En esta época de políticos cobardes, llama la atención que el presidente de EEUU hiciera lo posible por cumplir el programa electoral que le dio la victoria en las urnas. Estaba dispuesto a gastar capital político en la pelea, a sufrir un desgaste y arriesgarse a una posible derrota en las legislativas de noviembre, que por lo demás podría producirse también sin reforma de la sanidad.
Sólo hay grandes victorias en política si los riesgos son de las mismas dimensiones.