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Mal, Obama, mal

Juan Francisco Martín Seco

Siempre ocurre igual: cuando se choca con la economía, el progresismo se termina. El plan Geithner, que plantea dedicar un millón de dólares para salvar a la banca, es sustancialmente igual al que diseñó hace seis meses Paulson. Como el Gatopardo, cambiemos algo para que nada cambie. En ambos casos se trata de limpiar la basura de las entidades financieras con el dinero de los contribuyentes sin recibir nada a cambio. La única diferencia es que Geithner lo hace más alambicado, suponiendo que tal vez así pase desapercibida su verdadera naturaleza.

Comienza por llamar préstamos y títulos heredados a los que hasta ahora se denominaban tóxicos, y continúa por dar entrada en la operación al sector privado en condiciones muy ventajosas. Curiosamente, los hasta ahora denostados hedge funds y fondos de capital riesgo se convierten en los protagonistas y también en los posibles beneficiarios del invento.

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