Una pensada por Cascos
Una vez más, Mariano Rajoy ha preferido esperar. “Sobre la candidatura de Cascos en Asturias aún no ha decidido nada, pero yo no la descartaría”, cuentan desde la dirección del Partido Popular. A favor de Cascos juegan las encuestas internas del PP, que lo avalan como el candidato con más tirón. También le apoyan Núñez Feijóo, Esperanza Aguirre (aunque eso lo mismo resta), Ana Mato o Luis Bárcenas, que ha intentado, sin éxito, que Arenas deje de ser neutral. En su contra está De Cospedal, la dirección regional del PP asturiano y, sobre todo, ese miedo que tiene Rajoy a todo lo que huela a vieja guardia indomable; más aún Cascos, que conspiró contra él junto a Esperanza.
Todo está aún en el aire y depende de Rajoy, que está aplicando su famoso método para la resolución de conflictos “déjame que le dé una pensada” (TM). Es la salida que el presidente del PP aplica de saque a todo lo que implique pasar un mal rato cara a cara con alguien; ese atributo fundamental de su carácter que unos pocos en el partido ven como una virtud, la de la prudencia, y otros muchos como un defecto, el de la pereza. “Déjame que le dé una pensada”, one more time. Fue lo que le transmitió a Ignacio González cuando le pidió ser presidente de Caja Madrid. Fue lo que le respondió a Gallardón cuando quiso ir en las listas al Congreso en 2008. Es lo que le está diciendo a Camps, a cuenta de su candidatura en Valencia; es también la respuesta para los que interceden a favor de Cascos en Asturias. Y no es que pensar sea un mal vicio, por poco que se practique. Pero las pensadas de Rajoy son famosas en el PP porque siempre acaban mal: con el conflicto estallando de la forma más traumática posible. Por mucho que Rajoy piense en ellos, los problemas no suelen solucionarse solos.