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El presidente que prometió dar la cara

Detrás de esa fea costumbre del Gobierno de esquivar el Congreso para todo lo que no sea darle al botoncito y aplaudir al líder carismático se esconde un profundo déficit democrático. Hay más síntomas de esta enfermedad. Cada vez que Mariano Rajoy evita una rueda de prensa, no es a los periodistas a quienes niega las respuestas: es a los ciudadanos. Cada vez que el PP bloquea una comisión de investigación o veta un debate en el Parlamento, no es a los diputados a los que desprecia: es a la soberanía popular. Cada vez que el presidente o algún miembro del Gobierno salen corriendo del Senado o del Congreso, escoltados por un mar de guardaespaldas, no es de las cámaras de televisión de quienes huyen: es de su propia responsabilidad, de sus funciones. La democracia no consiste en votar y callar. No es elegir a un dictador cada cuatro años. Entre otras cosas, también pasa por explicar las decisiones a los ciudadanos, que no son súbditos sino los verdaderos soberanos.

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