Rajoy, el quinto jinete
Juan Carlos Escudier
El debate sobre el Estado de la Nación ha certificado la defunción del Pacto Antiterrorista entre reproches mutuos de traiciones y deslealtades. Ya hay quien interpreta lo ocurrido como una tragedia cósmica y como el anuncio de grandes males, pero para algunos ciudadanos ha resultado un alivio constatar que el pensamiento único que PSOE y PP habían construido ha dado paso a la sana discrepancia democrática. El consenso ha muerto. ¡Viva la política!
Cierto es que hablamos de un país que, históricamente, ha resuelto sus discrepancias a garrotazos, y, quizás por ello, en ningún sitio como aquí se ha abusado tanto de esos grandes acuerdos de Estado contra los que casi 30 años de experiencia democrática tendrían que habernos vacunado. No se trata de descalificar el instrumento, cuya utilidad en momentos de urgencia nacional es indiscutible, sino su uso indiscriminado. La democracia se edifica sobre mayorías y suele ser enemiga de las unanimidades.