La suerte de papi
Roma, 1993. Silvio Berlusconi: “He decidido fundar un partido, si no entro en política acabo en la cárcel o me arruino”. Visto 16 años después, su análisis es tan exacto que hasta se podría formular en una ecuación. Probablemente la política ha salvado de la cárcel a papi, el artista antes conocido como il cavaliere, tantas veces como ha multiplicado su riqueza. El hombre que ha hecho de Italia su empresa, su lupanar, parecía ganar siempre. Hasta ahora. A juzgar por lo que decimos los periódicos, y ojalá acertemos esta vez, la suerte de papi se acaba, aunque sea por un escándalo menor, si se compara con sus otras tropelías. La respuesta de Italia a Silvio y sus velinas (qué gran nombre para un grupo punk) demuestra una teoría que ya se cumplió en España en las europeas: a la izquierda no se le perdona la corrupción y a la derecha no se le perdonan los pecados de la carne. Y viceversa.
La Italia de Berlusconi prueba otra cosa más: que por mucho que se hunda la política hasta las cotas más profundas de la miseria, siempre habrá quien sepa cómo seguir cavando. Si existiesen esos mundos paralelos que tanto gustan a la ciencia ficción, es probable que haya en ellos una Italia donde Berlusconi está arruinado y en la cárcel; y una España presidida por Mario Conde, otro empresario sin escrúpulos que también barajó entrar en política para salvarse en 1993 –el año en que la Complutense le invistió como doctor honoris causa en una ceremonia presidida por el rey–. De hecho, Conde lo intentó sobre las ruinas del CDS, pero fue en el año 2000. Demasiado tarde. Obtuvo sólo 12.000 votos. Madrid no está tan lejos de Roma, simplemente tuvimos algo más de suerte.