A veces llegan cartas
Íñigo Sáenz de Ugarte
Va a ser verdad que Internet ha puesto fin al dominio absoluto que los medios de comunicación han tenido siempre sobre la libertad de expresión. No me refiero aquí al derecho constitucional ni a la posibilidad de solucionar el mundo desde la barra de un bar. Estoy hablando de la capacidad de comunicar información a un alto número de personas y, por tanto, de influir en el debate político y social.
El caso Echevarría (ese nombre le ha puesto la defensora del lector de El País) ha demostrado que los periódicos ya no pueden enterrar debajo de sus alfombras algunos de los problemas que hasta ahora solían ocultar a sus lectores.
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Explicaciones insatisfactorias de El País
Juan Varela
“Un periódico tiene la credibilidad que le dan sus lectores. Que la crítica está mediatizada por los intereses editoriales del grupo empresarial es una opinión que no comparto”.
Ésta es la respuesta de Lluís Bassets, director adjunto de El País, a las acusaciones de censura del crítico Ignacio Echeverría.
Su negativa opinión sobre El hijo del acordeonista, la última novela del escritor vasco Bernardo Atxaga, llevó a la “congelación” de sus críticas en el diario de Prisa, propietario de Alfaguara, editorial de la novela.
“El País está en manos de incompetentes”
“La dirección de El País hace ya demasiado tiempo, demasiado, que está en manos de algunas personas que no merecen ese puesto y que salvo excepciones, son las responsables más directas de la trivialización y la manipulación del periódico. Ese periódico empieza a ser viejo, y cuenta con una jerarquía demasiado apegada a sus cargos, que se resiste a ceder el puesto a gente más joven.”