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La venganza de Obama

Barack el Redentor ha excluido del Todavianosoypresidenteperomenomefaltaná Tour 2008 al corresponsal político del New Yorker. Que no había sitio en el avión. Por supuesto, nada tiene que ver con esta decisión el que la última portada del New Yorker llevara a poner el grito en el cielo a los Obamitas, esa gente que, por ejemplo, es inmensa mayoría en viveros de la presente y futura élite estadounidense como la universidad de Harvard. Gente que no necesita que le empiecen a resolver sus problemas el mismo 20 de enero del 2009.

Obama, no lo olvidemos, empezó las primarias con un programa cuyos detalles cabían, según sus críticos, en el reverso pegajoso de un sello. Sin embargo, ni siquiera sus críticos le negaban su capacidad para entusiasmar con resonantes llamadas a la unidad de todos los estadounidenses y a la necesidad de limpiar Washington de todos los vicios nefastos de la era Rove y Cheney. Entre estos vicios, particularmente marcado durante los muchos meses previos a la invasión de Irak, se hallaría sin duda el deseo de controlar a la prensa. Critícanos y te haremos el acceso a las noticias mucho más difícil. Parece que Obama no ha necesitado llegar a la Casa Blanca para empezar a tomar represalias y crear así un clima de veladas amenazas. Debe ser el viaje al centro.

[El New Yorker, no lo olvidemos, es el medio que trajo a la conciencia mundial las torturas en Abu Ghraib, como instancia más destacada de su larga labor de crítica a la administración Bush y la guerra y ocupación de Irak]

[Este es el larguísimo reportaje que recientemente escribió el corresponsal excluido sobre los primeros tiempos en política de Obama]