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El vicepresidente segundo

Mariano Rajoy ha nombrado a Soraya Sáenz de Santamaría “vicepresidenta primera del Gobierno”. Sorprende lo de “primera”, pues está sola en el rango y en las otras ocasiones en las que esto sucedía, el cargo no incluía ordinales: era el vicepresidente del Gobierno, sin más. ¿Es un lapsus o es que Rajoy tenía en su organigrama un vicepresidente segundo que decidió degradar a última hora porque no acaba de fiarse de él? No lo sabemos, pero choca que la crisis económica más dura de la historia de España coincida con la primera ocasión, en casi dos décadas, en la que el responsable de la Economía no es también vicepresidente. La última palabra la tendrá sólo Rajoy, que presidirá personalmente la Comisión Delegada de economía.

¿Quién tendrá más influencia en el presidente de los cuatro economistas de su gabinete? ¿El ministro de Economía, Luis de Guindos; el de Hacienda, Cristóbal Montoro; la de Empleo, Fátima Báñez; o el de Exteriores, José Manuel García Margallo? Es una pregunta importante porque todos ellos preparan papeles para Rajoy, pero no todos piensan igual sobre las principales decisiones que tendrán que tomar. De Guindos y García Margallo son defensores del “banco malo”. Montoro prefiere “soluciones intermedias”: fusiones, en vez de que el Estado ayude a los bancos comprando sus activos tóxicos con dinero público. Tampoco están de acuerdo en qué hacer con el IVA: Montoro y Báñez están en contra de subir cualquier impuesto, mientras que los otros dos no descartan esta opción.

Donde todos coinciden es en que el 6% del déficit público no se cumplirá. En privado, los cuatro han hablado de un déficit muy superior, incluso por encima del 8%. Este número es vital: de él dependerá la magnitud de un tijeretazo que, como mínimo, será de 16.500 millones, pero que puede llegar hasta los 40.000.