Vicisitud y sordidez en el espacio exterior
Sin la gravedad empujando la sangre hacia la mitad inferior del cuerpo, más cantidad permanece en la mitad superior. Los pechos se hacen más grandes, y hay datos anecdóticos que sugieren que los penes disfrutan del mismo efecto de hinchado. "Tuve una erección tan intensa que dolía", escribe el astronauta Mike Mullane en Riding Rockets. "Podría haber taladrado kriptonita".
Mary Roach en Packing for Mars: The Curious Science of Life in the Void. Traducción de un servidor.
El libro es una excelente recopilación de anécdotas y datos (mitad y mitad, más o menos, pero habla de un terreno en el que aún no hemos recogido suficientes muestras) que sirven para explicar que, de todos los mecanismos que hay que tener en cuenta a la hora de planificar una misión espacial, el mecanismo biológico del cuerpo humano es el que más quebraderos de cabeza genera: desde la eliminación de residuos hasta la convivencia en espacios pequeños, pasando por las fuerzas que se ejercen sobre los maltrechos cuerpos tras semanas o meses con escasa gravedad, la alimentación, el sexo o la (falta de) higiene. Después de leerlo, me parece entender que el trabajo del astronauta está a medio camino entre el mecánico y el pocero, con la salvedad de que al terminar la jornada uno no puede salir a que le dé el aire fresco.