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La vida ejemplar del ciudadano Fabra

Joan Gari

Quizá nunca lo sospechó, pero Victorino Fabra Gil, alias el agüelo pantorrilles, hizo algo más que batirse el cobre contra los carlistas en el Maestrazgo durante la segunda mitad del siglo XIX. Su alias, en valenciano castellanizado, lo debe a la costumbre de usar calzón corto, pero su fe liberal no fue mucho más larga: pronto se pasaría con sus huestes al Partido Conservador y, desde allí, controlaría una provincia convulsa.

Sin saberlo, estaba inaugurando una fecunda saga de políticos castellonenses que, durante más de 100 años, impregnaría la política local con los aromas afrutados del caciquismo. Él fue el tío del bisabuelo de Carlos Fabra Carreras (Castellón, 1946), actual presidente de la Diputación de Castellón. Le seguirían Victorino, Hipólito y Plácido, tres sobrinos que para sí hubieran querido los papas Borgia. La Diputación de Castellón, de hecho, parece hecha a medida de los Fabra. Al fin y al cabo, Carlos la heredó de su padre Carlos Fabra Andrés, y este del suyo, Luis Fabra Sanz.

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