La violencia nunca es el camino
No será fácil que la investigación abierta por el Ministerio del Interior sobre los excesos policiales de los últimos días llegue a puerto conocido. Será complicado ya que muchas de las escenas violentas e incomprensibles que vi y viví la noche del jueves fueron realizadas por miembros de la Unidad de Intervención Policial sin identificación visible —a pesar de que algunos pueden ser identificados en determinadas fotografías, hay muchas escenas que no fueron inmortalizadas—. No obstante, el simple hecho de que el Gobierno haya modificado la postura que vino defendiendo esta semana es un avance. La presión ciudadana, mediática, y unos vídeos y fotografías sin posibilidad alguna de discusión han conseguido que, si bien no será sencillo alcanzar puerto conocido, por lo menos se intente llegar a tierra y abandonar las aguas turbulentas atravesadas las noches del miércoles y jueves.
Será complicado que se abran expedientes o sanciones. Cuesta hacerse a la idea, pero es muy probable que los cinco policías que vi de cerca ensañarse con una joven —sin que esta hubiese hecho nada más que huir en la dirección que le indicaron— vuelvan a situarse en primera línea durante la próxima manifestación o concentración. De todos modos, quizás, y digo quizás, en esa ocasión se lo piensen dos veces antes de agredir a nadie. Aunque solo sea porque sepan que siempre habrá alguien que capte sus movimientos. Pero el problema no es solo la actitud de los policías.
El Gobierno investigará los abusos policiales, aunque no se ha pronunciado sobre su responsabilidad en lo ocurrido. La seguridad de la manifestación legal del miércoles y de la concentración del jueves estaba en manos de la Delegación del Gobierno en Madrid. Alguien dio las órdenes de que la policía desalojase la Puerta del Sol y utilizase la violencia cuando, a simple vista, no era necesario. Lo vivido esta semana ha metido el miedo en el cuerpo a mucha gente, a la que han hecho pensar que, de un tiempo a esta parte —no hubo episodios policiales tan violentos en los tres meses de vida que tiene el 15-M—, las protestas tendrán que enfrentarse con las porras. Es un gran error mantener a alguien que cree en la violencia como medio para un fin como responsable de la seguridad de la ciudadanía. La violencia nunca es el camino. De ahí que la investigación, aunque positiva, no es suficiente. Son necesarias muchas explicaciones e indispensable que se depuren responsabilidades: policiales y políticas.