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¿Continente o contenido?

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Hoy he leído algunas reflexiones sobre 'Decrecimiento: la búsqueda del equilibrio', artículo que publiqué hace poco. Las reflexiones las realiza mi estimado Tomás García Azcárate en este otro enlace.

Por alusiones, las cuales agradezco, me siento en la necesidad de responder. De inicio titular el artículo ‘Decrecimiento y dictadura del proletariado’ es provocador, espero que sin intención de comparación, pues no ha lugar. Apuntar que cualquier dictadura, de la índole que sea, está fuera de mi capacidad de aceptación. A partir de aquí, me gustaría comentar algunas de las conclusiones al respecto sobre las reflexiones de Tomás.

Entiendo que el meollo del asunto lo podríamos focalizar en el mal marketing que tiene la palabra 'decrecimiento', que no el concepto, por lo que intuyo un problema más estético que conceptual. Y, la verdad, me importa el contenido más que el continente, aunque valoro la idea propuesta por Tomás. En el artículo que escribí comento: “Suena contraproducente hablar de decrecimiento cuando nuestras sociedades están acostumbradas a relacionar compulsivamente crecimiento con desarrollo y desarrollo con crecimiento. Bueno, cada era tiene sus propios mitos. Luego el tiempo y la física se encargan de desmontarlos”.

Estamos acostumbrados a crecer, el desarrollo parece consistir exclusivamente en crecer, algo que hace tiempo caló profundamente pues nos puso en una situación de comodidad nunca antes vista y, claro, a ver quién se quiere bajar del burro ahora. ¿Cómo negar que es más cómodo acomodarse que desacomodarse? Lo que no se cuenta son las consecuencias del exceso de crecimiento que es, fundamentalmente, la base de la que parte la Teoría del Decrecimiento. Si a día de hoy tenemos un exceso de crecimiento, ya hemos sobrepasado 7 de los 9 límites biofísicos del planeta (y eso pone en riesgo entre otras a la producción alimentaria), es de sentido común pensar en decrecer, o sea, reducir el exceso de crecimiento. Una conclusión bastante sensata en mi opinión.

Propone Tomás, por mejorar el marketing del concepto, otra palabra que podría ser 'altercrecimiento' (otro crecimiento) “Por Las mismas razones, yo creo que habría que dejar de usar el término 'decrecimiento' y hablar de 'altercrecimiento', otra manera de crecer, de mejorar, de vivir, de relacionarse con los otros y con nuestro tiempo”. Intentando tomar el testigo de lo que intuyo Tomás quiere decir, apuntaré que con las palabras “crecimiento” y “decrecimiento” tendríamos todo cubierto. Me explico. Crecer en calidad de vida, en biodiversidad, en financiación para prevención de incendios, en hacer rentable y sostenible nuestro modelo agrícola, en consumo interno alimentario… Decrecer en exportación/importación, en la explotación laboral en el campo, en uso de plaguicidas y pesticidas, en fondos de inversión, en cultivos intensivos, en sobreexplotación de acuíferos… Si la cosa va por aquí yo me apunto, indistintamente del nombre que elijamos.

Cierto es que, como bien apunta Tomás, “La globalización de la economía es una realidad que empezó en cuanto las primeras tribus tuvieron excedentes de algo y empezaron a intercambiar productos. Como la ley de la gravedad, es una realidad que nos puede molestar cuando nos caemos pero que está aquí”. Y sí, es una realidad incontestable, vivimos en un mundo globalizado. Podríamos mirar atrás y replantear cuestiones varias como pudieran ser cuándo comienza la globalización o el modelo socioeconómico actual (convengamos en llamarlo capitalismo, pues prima por encima de cualquier otra variable la acumulación de capital). Pero aquello ya fue. La que me importa es la globalización hoy y el futuro hacia el que nos lleva.

Hay tres elementos fósiles que cambiaron totalmente el paradigma productivo, económico y comercial global: carbón, petróleo y gas. Jamás la humanidad había tenido a mano fuentes de energía tan potentes. El diésel hizo crecer la producción industrial y el comercio global hasta límites insospechados. Esto lo cambió todo. La acumulación de CO2 en la atmósfera, uno de los factores influyentes en el calentamiento global y en consecuencia en el cambio climático, es actualmente un índice fundamental que se mide en ppm (partes por millón). Hasta la revolución industrial este índice no pasó de 280ppm. El límite seguro para reducir eventos climáticos extremos está estipulado en 350ppm. Hoy estamos a 430ppm. El planeta se está calentando de más y eso genera cambios en los patrones meteorológicos que estamos sufriendo con mayor recurrencia. No es un lustro malo, es un patrón originado mínimo hace 40 años. Y no es coyuntural, es tan estructural como antropogénico.

Los últimos datos científicos nos dicen que la temperatura global media está aumentando aceleradamente desde 2014. Los 2°C que esperábamos para 2050 se fijan hoy para 2035. De hecho, con la irrupción de El Niño 2026-2027, se espera que durante el verano de 2027 ya lleguemos a esos 2°C. Pero ¿qué quiere decir llegar a 2°C de aumento de temperatura media global? Pues lo que implica es que temperaturas máximas de 50°C serán habituales en verano en algunos territorios del sur peninsular. Cualquier ingeniero agrónomo, agricultor, biólogo, meteorólogo, físico, médico… sabe que pocos seres vivos resisten estas condiciones de temperatura. Imaginen un desierto y lo que se puede cultivar allí. Por cierto, el 70% de la península ibérica está en riesgo de desertificación. Por lo tanto, nos presentamos en escenarios en los que buena parte de los cultivos agrícolas, frutícolas, pastos de siega, pastizales de pastoreo o forestales mermarán seriamente sus cosechas o directamente no producirán.

Un dato muy revelador y relativamente novedoso es que antes de este cambio climático los años de malas cosechas podían darse uno de cada dieciséis años. Cuando llegamos a 1,5°C de temperatura media global (temperatura a la que ya hemos llegado) los años de malas cosechas se darían uno de cada tres años. Cuando llegamos a 2°C los años de malas cosechas se darían un año de cada dos (con matices por supuesto).

Llegamos a esta situación en un momento en el que la transición energética está en marcha con el objetivo de paliar lo anteriormente descrito. Y por supuesto es muy necesario, nadie con dos dedos de frente lo pone en duda. De hecho, Hope (Javier Peña), realiza un enorme trabajo de concienciación y exposición de posibilidades para realizar dicha transición. Pero aquí hay algunas íes a las que les falta el punto. El 80% de la energía que nuestra economía consume hoy no es electrificable, no hay tecnologías para ello. No es ideología de ningún tipo, es física pura y dura. No se puede electrificar un tractor, un barco de mercancías, un avión… ¿Cómo vamos a resolver esto? La respuesta habitual es el sonido de los grillos… En este escenario la palabra que mejor define lo que nos toca hacer para reducir los impactos climáticos es Decrecimiento y por eso la usamos.

Hay que elegir, no se puede tener todo. Elegir entre reducir el consumo de energía para dejar de calentar el planeta y poder producir alimentos (decrecimiento) o seguir intentando sustituir lo insustituible, renovables por fósiles, y seguir calentando el planeta (empobrecimiento). Y ojo, aquí tenemos un problema descomunal en la producción alimentaria. Las técnicas agrícolas regenerativas, las sintrópicas… que llevo probando y estudiando desde hace 15 años, y que hay que seguir implementando, no podrán solventar los problemas derivados de un planeta que llegue a 2°C o más de aumento de temperatura media global. Preguntémonos lo siguiente: ¿cuántos cultivos agrícolas, ganaderos y forestales resistirían días de 50°C? En la respuesta a la pregunta anterior estarían nuestras posibilidades productivas. Spoiler: son pocas.

Puedo entender, Tomás, que emocionalmente no queramos aceptar la situación en la que estamos. Con los datos que manejamos yo también ando muy preocupado, pues tenemos un reto por delante mucho más grande y grave de lo que pensábamos. Pero me parece mucho más grave aún invertir tiempo, energía y recursos (que hoy no nos sobran) en vender una transición a renovables que, aunque es muy necesaria, es también muy limitada y no tiene capacidad para resolver el grueso del problema. El marketing está muy bien hecho, sin duda, pero ¿qué se está vendiendo?

Para realizar un plan de transición aterrizado hacia algo nuevo necesitamos elaborar el plan desde unas realidades físicas que hoy obviamos, unos inconscientemente, otros consciente e interesadamente. El planeta está cambiando a mucha velocidad. Necesitamos reducir nuestros consumos energéticos urgentemente. Más que cambiar la palabra y darle buen marketing, lo que habría que hacer sería darle el espacio, tiempo y reflexión que merece. La UE necesita un buen reseteo, Europa es el territorio que más se está calentando. Lo hacemos decreciendo, consensuadamente por las buenas, o empobreciéndonos violentamente, por las malas, que es lo que estamos ahora viendo.

Gracias por su atención.