Otro edificio histórico que pierde Donostia: derriban en plena Semana Grande el pabellón del colegio Jesuitas
Mientras los estudiantes y el profesorado del colegio San Ignacio de Donostia –conocido popularmente como Jesuitas– disfrutan de sus vacaciones, el histórico edificio del noviciado ha sido demolido este lunes, en plena Semana Grande. Áncora, la asociación en defensa del patrimonio arquitectónico, ha denunciado el derribo de este inmueble situado en la Calzada Vieja de Ategorrieta, recordando sus esfuerzos por proteger este vestigio del barrio.
Desde Áncora explican que el pabellón de piedra era un inmueble que “destacaba por su calidad constructiva y su monumental fachada principal”, orientada al sur y realizada íntegramente en sillería arenisca. La entidad destaca su gran valor histórico, señalando que con su pérdida “desaparece el principal vestigio arquitectónico de la historia del colegio” y un referente fundamental anclado en la “memoria sentimental y urbana de Ategorrieta”.
La edificación, de cinco plantas y más de 400 metros cuadrados de superficie, fue levantada en 1906 bajo el diseño del arquitecto Juan José Gurruchaga. Surgió originalmente como una ampliación necesaria para el colegio San Bernardo –fundado por los hermanos de La Salle procedentes de Baiona– ante el rápido incremento de las matriculaciones apenas un año después de su inauguración.
En 1928, el pabellón fue adquirido por la Compañía de Jesús, que dio continuidad a su función educativa y transformó progresivamente las instalaciones. Los Jesuitas ampliaron el recinto adquiriendo dos propiedades colindantes con sus jardines, conformando la parcela actual de unos 18.000 metros cuadrados. Este centro formaba parte del conjunto de grandes colegios religiosos, como los Marianistas o la Asunción, que definieron la arquitectura educativa de Donostia de principios del siglo XX.
Alberto Fernández, portavoz de la asociación, señala que la demolición ha resultado inesperada para Áncora, ya que tuvieron conocimiento de la misma en el momento en que se inició el derrumbe. Fernández recuerda que en 2021 solicitaron al Ayuntamiento la inclusión del inmueble en el Plan Especial de Protección del Patrimonio Urbanístico Construido (PEPPUC), mas no fue estimada y han aprobado la demolición. La asociación lamenta que el consistorio donostiarra no haya atendido la solicitud, y denuncia las “dinámicas especulativas alentadas por las instituciones”.
Ahora, tras cinco años desde la desestimación de su protección, el edificio de 120 años de antigüedad dará paso a una residencia de estudiantes para la Universidad de Deusto, también jesuita. Áncora sostiene que este nuevo equipamiento “hubiera podido implantarse sin necesidad de sacrificar este simbólico edificio”. Este derribo se suma a la sustitución de las villas Celay Enea y de Pirineos, situadas en la misma calle y cuyas intervenciones cuentan con el “beneplácito municipal”. Para la asociación, estas tres demoliciones son una prueba del castigo que sufre la zona debido a la fuerte “presión inmobiliaria”, que ya ha acabado en décadas anteriores con otros edificios del conjunto como Villa Brunet Enea o Villa Argentina.