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La flota de altura de Ondarroa, en su “límite de aguante” tras un mes amarrada por el precio del combustible

Belén Ferreras

Bilbao —
19 de septiembre de 2026 21:45 h

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La flota de altura de Ondarroa no aguanta más. Amarrada en puerto desde hace ya más de un mes, piensa incluso en el desguace de sus barcos si no llegan las ayudas que permitan que hacerse a la mar no suponga perder dinero. La subida del precio del gasóleo como consecuencia de la crisis de la guerra de Irán les hace perder 20.000 euros a la semana... si salen a faenar. Por eso, el 17 de agosto decidieron quedarse en puerto y optar por no ganar nada antes que perder. “Estamos llegando al límite de nuestro aguante”, dicen. En total son 17 barcos, de los que dependen alrededor de 290 trabajadores, los que están amarrados en puerto a la espera de que lleguen las ayudas antes de que la situación se haga insostenible. Deberían estar pescando merluza, rape o gallos, pero las pérdidas no compensan encender el motor.

La mirada del sector está puesta en el día 30 de este mes cuando decae el decreto del Gobierno central en el que se incluyeron ayudas para compensar el precio del gasóleo, que se concretó en 20 céntimos por litro y que, en el caso de estos barcos, “es del todo insuficiente”, dicen. La esperanza es que al decaer este decreto se sustituya por uno nuevo que compense realmente las necesidades del sector y que se subvencione hasta el 70% del incremento del gasoil como permite la Unión Europea, y como recuerdan que ya se está haciendo en otros países como en Francia.

Así se lo han transmitido al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en las reuniones que mantuvieron la semana pasada. “Nos jugamos mucho con que se confirme o no esta ayuda, porque somos el eslabón más débil de la cadena”, dice Mikel Ortiz, director de la OPPAO, la asociación de empresas armadoras de la flota pesquera de altura con base en el puerto de Ondarroa. Además, quieren que en las ayudas se modifique la actual distribución de las subvenciones en función de los tamaños de los barcos. Con la normativa actual recibe la misma ayuda un barco de 20 metros de eslora que uno de 38 metros, los habituales en la flota de altura. “El barco pequeño y el grande no consumen lo mismo. Nuestros barcos consumen el doble y contamos con la misma ayuda. No lo consideramos justo”, denuncian.

El sistema de la venta del producto tampoco les beneficia. “Nosotros vendemos el pescado en subasta, al mejor postor, y eso significa que somos el eslabón más débil de la cadena porque no tenemos de ninguna capacidad para repercutir los gastos de explotación, en este caso el coste del gasoil, en el precio de venta. Otro, el mayorista, es el que fija el precio mediante una puja. Habla con sus clientes, hace una oferta y tú no tienes capacidad de repercutir en el precio”, recuerda Ortiz.

Un barco como los de la flota de Ondarroa gasta una media de 4.500 litros diarios de gasóleo. “En este momento el gasóleo está a 1,31 euros frente a los 0,55 céntimos que pagábamos en el mes de enero. Si llenamos un barco para una semana le metemos alrededor de 25.000 litros. Una diferencia de 0,76 euros por litro supone casi 20.000 euros de gasto añadido para salir a pescar. Es imposible rentabilizar la pesca”, señala el portavoz de la flota. “Aquí todos somos pequeñas empresas familiares de armadores. Si no llegan las ayudas habrá muchas que no tengan fondos para aguantar, y más de uno tendrá que suspender pagos y cerrar la empresa”, anuncian. La situación en estos momentos es “tan dramática” que solo ven “dos opciones”: “O se relaja el precio del gasoil a corto plazo, que no tiene pinta de que vaya a suceder, o el Gobierno nos confirma la ayuda que nos permita salir al mar sin perder dinero. Es decir, que se confirme una subvención del 70% del precio del gasóleo”. Y si no es así, “como último recurso, y tristemente, pues tendremos que pedir que se abra el melón de las ayudas a la paralización definitiva, léase desguaces, y se dé una salida a aquellos armadores que ya no puedan aguantar más, tanto económica como psicológicamente. Porque la flota está llegando ya a sus límites de aguante”.

Mientras se produce el parón de esta flota, que en estos momentos debería estar pescando merluza, rape o gallos, hay casi 290 trabajadores que han perdido su vía de ingresos. “Normalmente, las tripulaciones son en su mayoría fijos discontinuos que tienen una retribución variable sobre la pesca. Al no haber pesca, pues no cobran. Y, claro no se puede aguantar sin una nómina, así que la mayoría de las empresas armadoras están pagando nóminas para evitar que los trabajadores se vayan a otras flotas o se queden a trabajar en tierra o se vayan a otro sector de actividad”, dice Ortiz. “Por eso digo que la situación es límite, sin ingresos y sólo sumando pérdidas”, exponen.

Han pedido ayuda también el Gobierno vasco, que ya les ha planteado que se trata más de una cuestión que depende del central, aunque les han indicado que les manden sus cálculos “para comprobar si pueden hacer algo”. “Sabemos que es difícil. Somos muchos sectores los afectados por este incremento de precios del combustible, pero les hemos solicitado que se planteen sacar una línea de ayuda de urgencia para completar la subvención del Gobierno central, si no se modifica al alza después del 30 de septiembre”, demandan.

La situación de la flota vasca de altura es la misma que la del resto del Estado, pero es cierto que la que tiene base en Ondarroa es la única que ha parado en bloque. “Más de la mitad de los barcos de colegas de otros puertos están amarrados estos días porque pagando a 1,31 el litro de gasóleo es imposible rentabilizar tu pesca salvo que tengas un producto de alto valor añadido como puede ser la gamba u otros mariscos. Lo que pasa es que no se han puesto de acuerdo como asociación para amarrar la flota. Sabemos que hay muchos barcos parados, pero a día de hoy desconocemos el dato, porque muchos salen aunque pierdan dinero para que no se les vayan las tripulaciones”, señala.

El director de la asociación de armadores de flota de altura con base en Ondarroa recuerda que esta presión por los costes se suma al cansancio del sector por cómo se les trata desde las administraciones. “Cada vez hay más restricciones a la pesca, vedas temporales, prohibición de pescar por ecosistemas marinos vulnerables, obligaciones de instalar cámaras a bordo para controlar aquellos barcos que sean sospechosos de incumplir la política pesquera común... y todo mientras Bruselas permite entrar pescado en Europa de terceros países sin ningún tipo de control. Cada vez que salgo al mar o vuelvo a puerto hay una sensación de persecución constante, de no fiarse de la flota pesquera europea”, denuncia. “Así que, cuando esto se une a los costes inasumibles, ves armadores que ya no aguantan más y sólo quieren tirar la toalla”, añade.