Julio de Jáuregui Lasanta, asesor del lehendakari Aguirre y gran figura del PNV en la transición democrática
Julio de Jáuregui Lasanta (Bilbao, 1910-Madrid, 1981), del PNV, fue asesor del lehendakari José Antonio de Aguirre en la Presidencia del Gobierno de Euzkadi. Pero, antes, fue igualmente el diputado más joven en las Cortes Generales republicanas elegidas en 1936 y, después, uno de los más destacados dirigentes del partido durante el túnel del franquismo. Finalmente, a la muerte de Francisco Franco, ejerció como negociador del PNV en la transición y como senador en el inicio de la democracia.
Jáuregui nació en el seno de una familia acomodada con orígenes navarros y riojanos. Pudo estudiar Derecho en la Universidad de Deusto y se convirtió en abogado laboralista vinculado al actual sindicato ELA, en concreto a su rama SOV. Su visión era socialcatólica y propugnaba un nacionalismo vasco moderado y confesional. Con solamente 26 años, fue elegido diputado, el más joven de la última tanda republicana. Ya en plena Guerra Civil, participó en las sesiones de Valencia en las que se aprobó el Estatuto vasco.
Con la constitución del Gobierno de Euzkadi, fue designado asesor jurídico de Presidencia, desde donde le tocó negociar el canje de prisioneros o, en calidad de “instructor especial”, los excesos tras las 225 ejecuciones de reclusos en Bilbao del 4 de enero de 1937 tras un bombardeo nazi. Procesó a 64 personas en lo que fue el gran lunar de aquella Euzkadi autonómica. Ya con Bilbao conquistada y con el Gobierno vasco refugiado en Catalunya previo paso por Francia, 'ascendió' a secretario general de la Presidencia vasca, mano derecha del lehendakari. El anterior ocupante del cargo, Antón de Irala, había partido a Nueva York con otras funciones. Jáuregui, de hecho, acompañó a Aguirre y a su homólogo catalán Lluís Companys a cruzar la frontera.
Ya exiliado en París se casó y tuvo a su primer hijo. Allí, Aguirre le comisionó para gestionar la atención a los refugiados. Colaboró también con el SERE, el organismo equivalente del Gobierno republicano. Cuando se produjo la ocupación nazi de Francia, huyó de París y logró embarcar con destino a América desde Marsella. Se estableció en México D.F., donde nació su segundo hijo. Entre otras actividades, colaboró con las Cortes Generales y con el Gobierno de España en el exilio, que simbólicamente volvió a contar con el 'jeltzale' Manuel de Irujo como ministro, como en 1937, y con el propio Jáuregui como subsecretario.
En 1946, el partido lo envió a Francia y se instaló en Biarritz. Entre otras misiones, dirigió la revista interna 'Alderdi'. Por su delicada situación económica, pidió permiso para regularizar su situación en España en plena dictadura. Logró el pasaporte en 1956 y, aunque siguió residiendo en Biarritz, pasaba largas temporadas en Madrid y en otras zonas con sus actividades profesionales. El abandono de la condición de refugiado no fue una claudicación, sino el ejercicio del “derecho” a poder entrar y salir de su país cuando deseara, alegó. “Mientras Franco esté en el Pardo, yo pienso seguir viviendo en Biarritz, donde tengo mi residencia y mi trabajo y mi independencia personal”, escribió también en 1961.
Su presencia en España facilitó algunas gestiones para otros refugiados nacionalistas y llegó a trabar buena relación, incluso de amistad, con destacados franquistas como Esteban Bilbao, ministro y expresidente de las Cortes Generales de origen vasco, o José María de Areilza, primer alcalde de Bilbao tras la conquista y que le buscó un encuentro con Juan de Borbón, que buscaba apoyos para la causa monárquica.
En 1976, fue uno de los nueve negociadores de la oposición franquista que discutió con Adolfo Suárez el camino hacia las elecciones de 1977, las primeras tras la dictadura. No solamente representó al PNV sino a todas las fuerzas vascas. Se le atribuyen éxitos en la consecución de la amnistía para los presos políticos en aquel proceso. El Jáuregui de la transición, aunque siempre esgrimió la legitimidad de las instituciones republicanas, defendió la figura de Juan Carlos de Borbón como impulsora del cambio político y rechazó tanto el terrorismo de ETA para la consecución de fines nacionalistas como sus ideales marxistas-leninistas
No fue candidato en las elecciones de 1977, lo que motivó el enfado del lehendakari en el exilio, Jesús María de Leizaola, pero sí fue elegido senador en 1979. En la Cámara alta dijo que su posición era la de “defender una autonomía dentro de la unidad del Estado”. Escribió artículos en cabeceras como 'Deia' o 'El País'. Falleció en febrero de 1981 en Madrid, a muy pocos días del golpe de Estado fallido, y siendo senador. Leizaola dijo de él que “su característica más destacable fue el equilibrio y la moderación”.