Sanguijuelas del Guadiana: los referentes del nuevo rock extremeño que nacieron bajo la estela de Robe Iniesta
El Kiosko de los Sanguijuelas. Así reza el cartel del local en el que este martes Víctor, Carlos y Juan, los componentes del grupo Sanguijuelas del Guadiana, han recibido a los medios de comunicación en su ya famoso pueblo, Casas de Don Pedro (Badajoz).
En una pequeña, pero luminosa habitación, junto a una máquina de tabaco vintage, de esas que solo cogían 5 y 25 pesetas, y sentados en un sofá de skay rojo, los chicos de la banda se abrían esta mañana a periodistas, cámaras, técnicos y creadores digitales de contenido. Una situación a la que, reconocían, no están todavía muy acostumbrados.
Tienen edades comprendidas entre los 22 y los 26 años y más de cien conciertos a sus espaldas a lo largo de 2025. En 2026 les esperan alrededor de 90. “Revolá”, su disco, les ha hecho volar, aunque sin levantar los pies del suelo, pues, aunque emocionados con el meteórico ascenso, son conscientes de la responsabilidad que conlleva ser timoneros de un equipo cada vez más grande y surcar las olas de un público que no para de crecer.
Víctor, el más tímido en apariencia; Juan, famoso por sus rastas; y Carlos, el cantante de ojos verdes, tienen millones de anécdotas de sus giras, pero lo que más les gusta es ver las banderas de Extremadura ondeando en sus conciertos o atadas a la espalda de sus fans. “Hay extremeños por todos lados”, afirma Víctor, que recuerda con gracia que hasta en México alguien se le acercó para decirle que tenía familia en Miajadas (Badajoz). Extremeños en Madrid, en Barcelona y hasta en Ceuta, su música y letra han contagiado a jóvenes y también a personas mayores. Todos se identifican con ellas, aunque Revolá no es el himno del medio rural; por ahora, sus creadores defienden que, antes que nada, es la historia de sus vidas, la de tres chicos de un pueblo pequeño que un día deciden dar el paso y lanzarse a probar suerte en lo que más les gusta: hacer música.
Un gran paso en el que tuvo mucho que ver Robe Iniesta, su referente. Lo conocieron en el Teatro Romano de Mérida un Día de Extremadura. Tenían alrededor de 13 años y ese día lo tuvieron claro. “Ese día dijimos: nosotros nos queremos dedicar a esto”. Ahora, además de recordarlo, este año serán ellos quienes se suban al escenario de este gran y emblemático lugar. Lo harán el Día 8 de septiembre, Día de Extremadura, un hecho que les llena de orgullo, aunque aún casi ni pueden creerlo. Lo mismo les ha pasado con el Carnaval de Badajoz, en el que han sido pregoneros, nada desdeñable teniendo en cuenta el calado social de esta fiesta y el caché de quienes se suben a ese balcón. Igual de contentos, agradecidos y satisfechos se muestran al haber sido incluidos este año en el cartel de Extremúsika, o de haber tocado en el Sonorama, reconocidas citas musicales a las que hace menos de un año ni siquiera imaginaban llegar. Los chicos de Sanguijuelas están dispuestos a seguir dándolo todo y recorrerse los lugares que hagan falta, pero consideran que Extremadura debería contar con más salas de música en directo y ciclos de conciertos. Además de ampliar su oferta cultural, fomentaría e incentivaría a muchos jóvenes que, como ellos, quieren ser conocidos y mostrar sus producciones, declaran.
Extremadura está tatuada en sus canciones y letras. La llevan en el corazón y allá donde van, pues, como afirma, Carlos, quieren mostrarla y decirle a todo el mundo que en esta comunidad también se hacen las cosas muy bien. Creen que crear en esta región no es tan difícil, todo lo contrario, pues te permite alejarte del mundanal ruido y concentrarte para crear en un entorno más tranquilo, aunque otra cosa bien distinta es mostrar el producto fuera de sus fronteras, afirman.
Carlos, Juan y Víctor tienen muchas cosas en común además de ser mejores amigos. Su autenticidad y humildad les definen a la hora de gestionar la fama. Vivir en su pueblo tiene mucho que ver, “pues un día estamos pletóricos por tocar en Extremúsika y al día siguiente estamos dando vueltas por el pueblo”, afirma Víctor.
Aunque ya no son los niños de la banda municipal, continúan juntándose en la cochera, un emblema de su disco que este año aún lo será más, pues la incorporarán como parte de la escenografía de sus conciertos. Algo difícil de manejar, aunque hoy no han querido desvelar nada más. Tampoco lo hacen sobre el que será su próximo trabajo, pues a Revolá aún le queda tiempo de vida, pero sin afirmar ni desmentir, no descartan colaboraciones con artistas que conectan con su música.
“El mensaje que siempre hemos querido transmitir es el de la autenticidad y creemos que eso está en nuestras canciones”, concluyen.