De los trenes de su abuelo a la ingeniería sostenible: Soraya Balsalobre une técnica, territorio y arte desde el Valle del Jerte

0

La vocación de Soraya Irene Balsalobre por la ingeniería industrial nació mucho antes de que supiera siquiera qué era la ingeniería. Lo hizo en casa, de la mano de sus dos abuelos, dos figuras que, aunque desde ámbitos muy diferentes, marcaron su manera de entender la técnica, los materiales y la creatividad.

Su abuelo paterno trabajaba en RENFE y conocía la mecánica de los trenes. Desde pequeña intentaba transmitirle aquellos conocimientos. Pero, además, era artista: pintaba cuadros y escuchaba música clásica mientras trabajaba. Soraya recuerda que le encantaba observarlo mientras pintaba.

Su abuelo materno era, en cambio, un creador y un auténtico manitas. Recogía muebles abandonados y los transformaba en piezas nuevas, útiles y, también, preciosas.

“Esa mezcla de física, mecánica y creatividad aplicada a los materiales fue el origen de mi forma de pensar y crear”, explica.

Con el tiempo descubrió que la ingeniería industrial podía ser precisamente el espacio en el que todas esas dimensiones convivieran: la lógica de las máquinas, la transformación de la materia y la capacidad de convertir las ideas en sistemas reales capaces de ayudar a las personas.

Su especialización en el diseño de instalaciones y la dirección de obra llegó después, de la mano de la propia vida profesional. Fueron sus primeros trabajos los que le permitieron aprender sobre el terreno, enfrentarse a problemas reales y comprender cómo un proyecto pasa del papel a su puesta en marcha.

“Con los años, esa práctica continuada se convirtió en experiencia, y la experiencia en especialización”, resume.

Más de ocho años aprendiendo sobre el terreno

Después de más de ocho años de trayectoria profesional, Balsalobre hace un balance positivo de su recorrido. Una trayectoria que, reconoce, no ha sido lineal, sino que ha estado marcada por retos, trabajo personal y laboral, momentos de crecimiento y decisiones difíciles.

Pese a todo, mantiene la misma ilusión con la que comenzó y continúa trabajando para alcanzar uno de sus objetivos: “convertirme en una ingeniera referente en mi campo”.

Uno de los principales aprendizajes de estos años tiene que ver con la responsabilidad que implica ejercer como ingeniera industrial. Para Balsalobre no se trata de una cuestión administrativa, sino de una obligación ética y técnica que afecta directamente a la seguridad, la calidad y la integridad de cada proyecto.

En ese sentido, destaca también el respaldo que encuentra en el Colegio de Ingenieros Industriales, que, según explica, garantiza que su trabajo se desarrolla dentro de los estándares profesionales adecuados.

Pero buena parte de ese aprendizaje procede de la obra. “Cuando eres directora de obra, no hay amigos: hay compañeros. Algunos mejores, otros peores, pero la verificación exige rigor y distancia profesional”, afirma.

Su experiencia le ha enseñado que en una obra no puede sustituirse el procedimiento por la confianza personal. “En obra no puedes fiarte de nadie; debes fiarte del procedimiento, de la normativa y de tu criterio técnico”, sostiene.

Y ese criterio adquiere especial importancia cuando aparecen presiones para acelerar procesos o validar documentación que no cumple con los requisitos: “Nadie debe coaccionarte para firmar algo con lo que no estás segura”, señala.

Balsalobre ha encontrado durante su trayectoria personas que, en su opinión, no valoran suficientemente la responsabilidad que asume un ingeniero y que pueden intentar presionar para acelerar procesos o validar documentos que no reúnen las condiciones necesarias.

Pero la responsabilidad última, recuerda, recae siempre en quien firma. “Eres tú quien debe protegerla”. Por eso considera que mantener la ética profesional es una parte esencial de la profesión.

Una trayectoria ligada a grandes y pequeños proyectos

Antes de poner en marcha su propia ingeniería, Balsalobre desarrolló buena parte de su trayectoria en UXAMA Ingeniería y Arquitectura SLP, donde asegura haber crecido tanto profesional como personalmente rodeada de un equipo al que considera una familia.

“Mis compañeros me han enseñado muchísimo, tanto en lo técnico como en lo personal, y les tengo un cariño enorme”, explica.

Durante esa etapa participó en una amplia variedad de proyectos: urbanizaciones, acometidas a viviendas, depuradoras, vertederos, parques eólicos, plantas de reciclaje y otros proyectos relacionados con la ingeniería civil e industrial.

En estos trabajos se encargaba de la parte de instalaciones y, en muchos casos, también participaba en la dirección de obra.

Una experiencia que le permitió conocer todas las fases de un proyecto, desde el diseño inicial hasta su ejecución.

El nacimiento de IRAYA

La creación de IRAYA Ingeniería Industrial Sostenible llegó de manera natural. Por motivos personales, Soraya se trasladó a Barrado, un pequeño municipio del Valle del Jerte. Ese cambio de vida terminó convirtiéndose también en una oportunidad profesional y varias personas de confianza la animaron a emprender por su cuenta.

Reconoce que aquel impulso fue decisivo. Decidió dar el paso y hoy se muestra satisfecha con el resultado. Su propia ingeniería le permite trabajar de acuerdo con sus valores y con una forma muy concreta de entender la responsabilidad técnica. También con una visión que define como más cercana, humana y comprometida con el territorio.

“Fundar mi propia ingeniería ha sido una manera de seguir creciendo, de asumir nuevos retos y de consolidar todo lo aprendido en estos años, manteniendo siempre la ilusión por mejorar y aportar valor”, explica.

Diseño, dirección de obra y sostenibilidad

Actualmente, IRAYA Ingeniería Industrial Sostenible desarrolla servicios de diseño de instalaciones, dirección de obra y acompañamiento técnico especializado.

Su filosofía se apoya en varios principios: cercanía, profesionalidad, sostenibilidad, honestidad y transparencia.

Balsalobre defiende un modelo de trabajo basado en ofrecer soluciones técnicamente rigurosas y bien fundamentadas, pero también en acompañar al cliente de una manera humana, accesible y transparente.

La empresa nace de una convicción personal: hacer las cosas lo mejor posible, con honestidad, responsabilidad y respeto por la profesión, incorporando además la perspectiva medioambiental.

En un sector en el que, según apunta, en ocasiones puede priorizarse la rapidez sobre la calidad, su compromiso pasa por buscar el equilibrio sin renunciar a la integridad técnica.

“Verificar cada detalle y actuar siempre dentro de mis valores” forma parte de su manera de trabajar.

Innovación sin complicar lo que funciona

Innovación, eficiencia, seguridad y responsabilidad ambiental son, para Balsalobre, conceptos que deben traducirse en decisiones técnicas concretas y no quedarse en declaraciones genéricas.

La innovación se incorpora mediante la búsqueda de soluciones prácticas y actualizadas, la selección de tecnologías fiables y la optimización de las instalaciones. Pero innovar no significa necesariamente complicar un proyecto y para la ingeniera es necesario apostar por aplicar mejoras que aporten un valor real al cliente sin introducir complejidad innecesaria.

La eficiencia pasa por diseñar instalaciones claras, funcionales y correctamente dimensionadas, evitando sobredimensionamientos, redundancias o decisiones que encarezcan una obra sin aportar beneficios.

También implica coordinar correctamente a los diferentes equipos y anticiparse a los problemas antes de que aparezcan para que la seguridad ocupe un lugar central.

Cada decisión debe tomarse desde la responsabilidad técnica, cumpliendo la normativa y verificando posteriormente en obra que lo proyectado se ejecuta correctamente. “La seguridad no se negocia, se comprueba, se documenta y se defiende”, afirma. Incluso cuando defenderla implica decir que no o detener un proceso.

La responsabilidad ambiental, por su parte, se incorpora a través de la selección de materiales, la eficiencia energética de las instalaciones y el diseño de soluciones que reduzcan el impacto de cada proyecto: “No se trata solo de cumplir requisitos, sino de actuar con conciencia y respeto por el entorno”, sostiene.

Los incendios industriales y la importancia de prevenir

Entre sus ámbitos de trabajo se encuentran también los sistemas avanzados de protección contra incendios. Actualmente, colabora con una empresa especializada en sistemas avanzados de protección contra incendios, entre ellos agua nebulizada, espumógenos y otras soluciones singulares. Esta experiencia le permite conocer de primera mano la evolución del sector y también detectar algunos de los riesgos que considera que todavía no reciben suficiente atención.

Para Balsalobre, la prevención es fundamental porque un incendio industrial no constituye únicamente un incidente técnico. “Es un riesgo directo para la vida de las personas y para la continuidad de una actividad económica”, explica.

Uno de los problemas que identifica es la existencia de numerosas instalaciones industriales antiguas cuyos sistemas pueden haber quedado obsoletos, estar mal diseñados o carecer de un mantenimiento adecuado.

Renovar estas instalaciones supone un coste para los promotores, pero, en su opinión, debe entenderse como una inversión en seguridad y responsabilidad.

Durante su experiencia profesional ha encontrado sistemas que, en caso de producirse una emergencia, no garantizarían adecuadamente la evacuación ni evitarían la propagación del fuego. “Es un riesgo que no puede ignorarse”, advierte.

El nuevo desafío de los vehículos eléctricos

Entre los riesgos emergentes sitúa también los incendios de vehículos eléctricos en aparcamientos, especialmente cuando se encuentran en espacios cerrados. Los incendios relacionados con las baterías presentan características diferentes a los de los vehículos tradicionales y requieren soluciones específicas.

Balsalobre considera que se trata de una cuestión que todavía no está suficientemente interiorizada en muchos proyectos, pese a que ya se han producido incidentes que muestran la peligrosidad de este tipo de situaciones. A esta realidad se suma el contexto de incendios forestales que está viviendo el territorio.

Pero la ingeniera considera necesario recordar que los incendios industriales también pueden propagarse rápidamente y llegar a afectar a edificaciones cercanas, infraestructuras y personas.

Ingeniería para transformar el medio rural

Su apuesta por desarrollar su actividad desde el Valle del Jerte tiene también una dimensión territorial. Balsalobre considera que la ingeniería industrial sostenible puede convertirse en una herramienta para impulsar el desarrollo de Extremadura y, especialmente, de sus zonas rurales. La actividad económica de la región está muy vinculada al territorio y muchas de sus infraestructuras necesitan modernización.

En este contexto, contar con profesionales que trabajan desde la propia región y conocen sus necesidades puede ayudar a reducir la dependencia de grandes empresas externas y facilitar que los proyectos se diseñen de una manera más ajustada, eficiente y responsable.

Su campo de trabajo puede aplicarse a sectores como la agroindustria, las cooperativas, las pequeñas industrias, los alojamientos rurales o las explotaciones agrícolas y ganaderas.

La mejora de instalaciones eléctricas, sistemas de protección contra incendios, climatización, abastecimiento o eficiencia energética puede contribuir a que estas actividades sean más seguras, competitivas y respetuosas con el entorno.

También existen oportunidades en energías renovables, autoconsumo y eficiencia energética. Son soluciones especialmente relevantes en las zonas rurales, donde los costes energéticos pueden convertirse en un obstáculo para la actividad económica.

Diseñar instalaciones más eficientes puede permitir reducir gastos y mejorar la viabilidad de negocios locales.

Modernizar sin perder de vista la seguridad

Otro de los ámbitos que considera fundamentales es la seguridad industrial. Muchas instalaciones rurales son antiguas y no están adaptadas a las normativas actuales.

La ingeniería sostenible puede contribuir a renovarlas, verificarlas y garantizar que los proyectos se ejecuten de forma responsable, protegiendo a las personas y evitando riesgos que puedan afectar a otras edificaciones o al entorno natural. Y existe además una dimensión demográfica. La presencia de actividad profesional cualificada en los pueblos puede contribuir a fijar población y generar empleo.

“Cuando los proyectos se desarrollan con cercanía, honestidad y profesionalidad, se fortalece el tejido local y se crean oportunidades para que las empresas del territorio crezcan con seguridad y confianza”, señala.

Una mujer en un sector todavía masculinizado

Su trayectoria profesional se ha desarrollado también en un sector en el que las mujeres continúan siendo minoría. Durante la universidad, recuerda, eran muy pocas mujeres, “probablemente menos del 10%”. Esa proporción, según su experiencia, se ha mantenido posteriormente en el ámbito laboral. Reuniones en las que es la única mujer, visitas de obra en las que la presencia femenina resulta excepcional o situaciones puntuales en las que alguien se ha olvidado de que estaba presente forman parte de sus recuerdos profesionales. También ha vivido momentos en los que ha tenido que esforzarse más para hacerse un hueco o demostrar que su criterio técnico tenía exactamente el mismo peso que el de sus compañeros hombres.

Sin embargo, su balance general es positivo. “El 99% de las veces he recibido un trato profesional, respetuoso y completamente igualitario”, explica.

También reconoce haber tenido la suerte de trabajar con equipos que valoraban la capacidad técnica, la responsabilidad y la manera de trabajar por encima de cualquier otra consideración.

Ser mujer en ingeniería, sostiene, implica en ocasiones tener que demostrar más. Pero también le ha permitido desarrollar una mirada especialmente consciente sobre la igualdad profesional, el respeto en las obras y la necesidad de que más mujeres se incorporen a un sector que considera apasionante.

Su propia forma de trabajar, basada en la honestidad, la cercanía y el esfuerzo por hacer las cosas lo mejor posible, ha sido su principal herramienta para abrirse camino y ganarse el respeto de sus compañeros.

Cuando el sesgo aparece donde menos se espera

Balsalobre también ha vivido situaciones concretas de condescendencia o cuestionamiento de su autoridad técnica. Una de las más significativas ocurrió en una obra en la que ella era la portavoz del equipo. A pesar de ello, la persona responsable de la reunión se dirigía únicamente a un compañero suyo que, según explica, no sabía nada del proyecto. El hecho le llamó especialmente la atención porque siempre había pensado que este tipo de actitudes podían proceder de perfiles más veteranos o de ambientes de obra tradicionalmente masculinizados. Pero en este caso se trataba de un ingeniero joven. “Los sesgos no siempre están donde uno espera”, afirma.

Para ella, estos episodios no invalidan una experiencia general mayoritariamente positiva, pero sí muestran que todavía queda camino por recorrer. Y señala dos vías fundamentales para avanzar. La primera es normalizar la presencia femenina en la ingeniería. “Cuantas más mujeres haya en el sector, más natural será vernos liderando reuniones, dirigiendo obras o tomando decisiones técnicas”, explica.

La visibilidad, añade, modifica las percepciones y contribuye a reducir prejuicios. La segunda vía son las redes de apoyo entre mujeres. Cuando ha trabajado con más mujeres, explica, se ha sentido más comprendida, acompañada y respaldada. Estas redes no solo proporcionan apoyo emocional, sino también herramientas profesionales: permiten compartir experiencias, estrategias y aprendizajes. “La igualdad no llegará solo con normativas, sino con presencia, referentes y espacios donde las mujeres podamos ejercer nuestra profesión con total normalidad”, defiende.

IRAYA: la artista que observa cómo habitamos el mundo

La ingeniería no es, sin embargo, la única forma que Balsalobre ha encontrado para transformar y comprender la realidad. También desarrolla una faceta artística bajo el nombre de IRAYA. Y, de nuevo, el origen está en sus dos abuelos. “Ambos eran creadores, cada uno a su manera”, explica. Para ella, ingeniería y arte comparten una raíz común: “ingeniar es crear”.

Resolver problemas exige creatividad, visión crítica, capacidad de análisis y sensibilidad hacia los materiales y los procesos. Su forma de pensar está muy vinculada a la lógica y al razonamiento. Precisamente por eso este año ha dado también otro paso y se ha matriculado en el grado de Filosofía de la UNED. No entiende la ciencia y las matemáticas como mundos separados del arte o de la filosofía. “Creo profundamente que la filosofía y el arte no están contrapuestos con la ciencia y las matemáticas; al contrario, se enriquecen mutuamente”, afirma.

Para explicar esa conexión recurre a una figura universal: Leonardo da Vinci, como ejemplo de la unión entre pensamiento, técnica y creación.

El arte como forma de hacerse preguntas

Como artista, IRAYA estudia la sociedad y la manera en que esta afecta a las personas. Se pregunta qué impone el mundo en el que vivimos, cómo miramos nuestro cuerpo, qué comemos, cómo tratamos a los animales o qué relación mantenemos con el medio ambiente. También se pregunta si somos realmente conscientes de las consecuencias de nuestras decisiones. Su obra nace de esa mirada crítica y analítica, pero también de una sensibilidad hacia el territorio, la sostenibilidad y la responsabilidad. Son conceptos que ya forman parte de su trabajo como ingeniera.

En el fondo, explica, ambas facetas responden a una misma cuestión: cómo habitamos el mundo y cómo podemos transformarlo de una manera más consciente, honesta y responsable.

“La ingeniería me permite hacerlo desde la técnica; el arte, desde la reflexión y la emoción. IRAYA es la síntesis de ambas”, resume.

‘La vida en fragmentos’: cartas para encontrar lo que nos une

Entre sus proyectos artísticos se encuentra ‘La vida en fragmentos’, una iniciativa para la que está recopilando cartas de personas que quieran compartir un fragmento de su vida. La propuesta parte de una idea: reunir relatos personales para intentar descubrir qué tienen en común las personas más allá de sus diferencias. Con las cartas recopiladas, Balsalobre desarrollará diferentes obras de arte inspiradas en esas historias.

La convocatoria está abierta a personas que quieran escribir una carta sobre un fragmento de su vida. No se trata necesariamente de contar una historia extraordinaria. Precisamente el interés está en descubrir qué momentos, emociones y experiencias aparentemente individuales pueden acabar conectando con otras personas.

El proyecto puede consultarse y conocer sus condiciones de participación en la página de IRAYA dedicada a ‘La vida en fragmentos’.

Quizá por eso resulta difícil separar a la ingeniera de la artista. La primera diseña instalaciones, dirige obras y vela por que cada proyecto cumpla los estándares de seguridad exigidos. La segunda observa cómo vivimos, qué consumimos y qué relación mantenemos con el entorno para convertir esas preguntas en creación artística.

Ambas, sin embargo, nacen del mismo impulso. Del interés por comprender cómo funcionan las cosas, de la curiosidad por mejorarlas y de la convicción de que el conocimiento debe servir para transformar la realidad.

Desde un plano técnico o desde una obra de arte, Soraya Irene Balsalobre sigue recorriendo ese mismo camino que comenzó años atrás observando a sus abuelos trabajar: el de quien busca respuestas, pero también nuevas formas de mirar el mundo.