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El boicot a Tanxugueiras en Palencia como síntoma: músicos temen los efectos del ascenso de la ultraderecha

Daniel Salgado

Santiago de Compostela —
11 de septiembre de 2026 23:22 h

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Lo sucedido hace diez días en Palencia (Castilla y León) fue sobre todo un síntoma. De que “el mundo se está poniendo bastante oscuro”, en palabras de Aída Tarrío, una de las integrantes de Tanxugueiras, el celebrado trío gallego de neotrad que sufrió un intento de boicot por parte de ultras en la ciudad castellana. A base de insultos contra el presidente del Gobierno e improperios contra las artistas por cantar en gallego, ataviados con banderas de España, obligaron a retrasar el concierto unos 40 minutos. Tanxugueiras y la mayoría del público se sobrepusieron, pero en un vídeo publicado poco después pedían “dar importancia” a lo que pasó. “La violencia verbal y la física son muy peligrosas”, decían. Colegas, críticos y productores comparten preocupación: no se trata del único caso.

Los recurrentes ataques de políticos reaccionarios al asturiano Rodrigo Cuevas o la hostilidad hacia la propuesta de Mondra, músico que investiga en los ritmos urbanos a partir del folclore gallego, son algunos ejemplos recabados por este diario. “Estos ataques están a la orden del día”, relata Mondra a elDiario.es, “pero nunca con tal magnitud”. Él mismo fue objetivo, finalmente no consumado, durante su actuación en las fiestas de la Ascensión en Santiago de Compostela en mayo. Entonces, recuerda, un grupo de gente que enarbolaba una rojigualda quiso acceder a la Praza de A Quintana con intención de sabotear el concierto. “Por suerte los desalojaron”, señala.

Mondra, cuya gira A ronda -un cuidado espectáculo con coreografías y audiovisuales- encara su recta final en salas de Catalunya, Valéncia, Madrid y Extremadura, va más allá de la anécdota. “Soy vecino del barrio de San Pedro [de Santiago de Compostela]”, en pleno Camino Francés, el más transitado, “y veo cada día cómo entran peregrinos con simbología gigantesca y actitudes que no son únicamente identificarse con ella, sino ir contra lo que consideran que se opone a sus estándares”. En su caso particular, no se trata únicamente de cantar en gallego e incorporar fragmentos de la tradición musical gallega a la electrónica de baile: su espectáculo celebra la diversidad afectivo sexual y cuestiona lo que define como “heteronorma”. “Las agresiones recientes demuestran que cada vez es más necesario subir al escenario y retar estas ideas reaccionarias”, aduce.

Los hechos de Palencia impactaron a Mondra. “Las imágenes, preo también la valentía de Tanxugueiras para continuar y sacar adelante el concierto”, puntualiza. A Faia Díaz, miembro de DeVacas, banda de folk pop con retranca y, en solitario, autora de dos discos en que aproxima el folclore a experimentos vanguardistas, también. “Todo mi apoyo a las Tanxugueiras”, dice, de entrada, en conversación con este periódico, “pero no hay que tener miedo. Estas cosas deben servir para estar todas unidas y defender la cultura y la diversidad”. Con DeVacas ha cantado en gallego hasta en el último rincón del Estado. Ha percibido gestos torcidos o abandono de butacas, pero nunca un boicot. “Supongo que el usar el filtro del humor lo suaviza todo”, dice, “somos conscientes de que el fascismo está ahí y ahora lo hemos visualizado con Tanxugueiras”.

“El tonto del pueblo es casi el alcalde”

Lo que sí han padecido DeVacas, conformado por tres mujeres y un hombre, es el machismo. Y de manera salvaje a través de las redes sociales. “Lo que antes estaba en las redes parece que ahora salta a la realidad, ese es el problema”, afirma Díaz. Algo parecido sostiene Nando Cruz, crítico y periodista catalán, colaborador de elDiario.es. Lo hace con un ejemplo más gráfico. “Lo que pasa es que antes el tonto del pueblo, o de la ciudad, montaba un pollo y nadie se enteraba”, ironiza, “ahora empieza a través de las redes y organiza una cacería con el 'España es una y no 51. Ahora el tonto del pueblo es un visionario, un ideólogo y el nuevo punk. El tonto del pueblo es casi el alcalde”. En cualquier caso, Cruz expone un razonamiento de raíz histórica para entender por qué propuestas de renovación de los folclores peninsulares suscitan odio en la ultraderecha.

“El franquismo cooptó las músicas tradicionales y los convirtió en instrumentos del régimen”, desarrolla su teoría, “esta oleada de recuperación y modernización a partir de los años 2000 va en contra de esa imagen. A lo mejor determinada gente piensa que les han quitado algo y se enfada, muestra su protesta”. Protesta alimentada, además, por el ascenso del extremismo reaccionario, a nivel estatal y mundial. Es, quizás, este último factor el que diferencia el contexto actual en el que surge esta tendencia a reactivar las músicas tradicionales de otros momentos en que hubo tentativas análogas. Eso y el éxito más allá del propio territorio de nombres como Tanxugueiras, Fillas de Cassandra, Baiuca, Rodrigo Cuevas, Maria Arnal i Marcel Bagés, Verde Prato, Califato ¾, Tarta Relena. “Quizás suceda que, hasta ahora, este tipo de propuestas habían funcionado en espacios afines, pero al dar el salto son recibidos con hostilidad en según qué ambientes”, añade.

Nando Cruz señala también la responsabilidad de la comunicación social a la hora de expresar, o dejar de hacerlo, la pluralidad cultural del Estado español. “Ha habido poco trabajo de los medios de comunicación para naturalizar que en este país hay otros idiomas distintos del castellano, por ejemplo”, asegura, “pon una radio pública, o privada. La segunda maqueta de grupo de rock en castellano tiene más facilidad para salir en antena que una banda que canta en gallego, en catalán o en euskera. Estas tiene que demostrar mucho más”. La lista de los mejores discos españoles de los últimos 50 años seleccionada en 2025 por el suplemento Babelia de El País como ejemplo: dos discos en catalán -Qualsevol nit pot sortir el sol (1975), de Sisa, y 10 milles per veure una bona armadura (2011), de Manel-, ninguno en gallego, ninguno en euskera, ninguno en asturiano, uno en inglés -Devil came to me (1997), de Dover.

Artistas “un poco inseguros”

En el catálogo de la cooperativa cultural gallega Urdime figuran algunas bandas que forman parte de esa nueva eclosión de raíz folk y apertura global: Alana, Catuxa Salom, Lideira o Abril. “De un tiempo a esta parte, nuestras artistas sí que notan un aumento del rechazo y se sienten un poco inseguras, despreciadas”, responde Ángela Vila, encargada del apartado musical de Urdime, “y no solo fuera de Galicia, también aquí”. No siempre es explícito, denuncia, pero algunas críticas formuladas como “solo programáis gaitas” proceden, a su juicio, del mismo lugar, aquel en el que la ultraderecha nutre el odio “a toda identidad distinta a la suya”.

Para Vila el panorama es preocupante. Sobre todo porque, tras lo acontecido en Palencia antes de la actuación de Tanxugueiras, no vio condenas contundentes. “Sí del público y del sector, pero no de los políticos. Al fin y al cabo, los que gritaban venían de sus manifestaciones”, dice, en referencia a que los alborotadores ultras llegaban de las concentraciones en solidaridad con Ceuta convocadas por el PP y apoyadas por Vox. El presidente de la Xunta de Galicia, el conservador Alfonso Rueda, no ha hecho ninguna referencia ni ha mostrado solidaridad con las artistas. “La cultura, el respeto y la educación deben prevalecer por encima de todo si queremos ser una civilización civilizada”, apuntaba la tanxugueira Aida Tarrío en el vídeo posterior al incidente.