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Eva Moreda, escritora: “Quizás en la literatura gallega exista cierto pudor a criticar los lazos familiares”

Daniel Salgado

Santiago de Compostela —

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No suceden grandes cataclismos en las novelas de Eva Moreda. Su trama, tenue como tenue es la trama de la vida, no depende de giros sensacionalistas ni de hallazgos truculentos. Tampoco de protagonistas decisivos en episodios históricos de cartón piedra. Su prosa atmosférica, en tono menor, cuidadísima, levanta un mundo cotidiano y, así, preñado de extrañeza. El crítico Javier Gómez habló de “poética del anticlímax”. Las distancias -físicas, emocionales-, los opacos lazos familiares, la entrada en la vida adulta, el amor como pasión pequeña e inexplicable, las servidumbres existenciales del trabajo inevitable, puntúan Hortensias, camelias, palmeiras (en gallego, Aira, 2025) y Conventículo (en gallego, Aira, 2026), sus dos últimos libros. Conforman la mitad de una serie -serán cuatro títulos en total- situada entre la Galicia del norte y Gran Bretaña y cuyo personaje central se llama Teresa y estudia para dedicarse a la música.

Moreda (1981), asturiana de nacimiento -aun en zona de habla gallega, A Veiga- pero criada en Galicia desde los tres años, es profesora de musicología en la Universidad de Glasgow (Escocia). Más allá de la espinosa y ubicua etiqueta de autoficción, las coincidencias no son, obviamente, casuales. “A poco que alguien sepa de mi vida, es inevitable asociarla con mi obra”, admite en conversación con elDiario.es, “pero lo importante es que yo quería hablar de temas que conozco bien y, a partir de ahí, trabajar en las atmósferas, en los puntos de vista. No quería perder la concentración buscando documentación”. Lucián es el nombre que, en las novelas, adopta la villa de A Mariña donde Teresa forma parte del coro, estudia en el instituto al tiempo que se forma como pianista y de donde parte hacia Europa a la procura de salidas primero académicas y después profesionales.

Con esos materiales y una perspectiva distanciada de los usos más habituales en la literatura gallega, Moreda se embarcó en un cuarteto que, según su propia opinión, explora las relaciones familiares pero desde ángulos no tan frecuentados en, de nuevo, la literatura gallega. “Sí aparecen los vínculos de pareja, por ejemplo. Cuando aparecen los lazos familiares es a menudo en contexto de conflicto obvio, la Guerra Civil o el franquismo”, desarrolla, “está muy bien, lo entiendo, pero quería intentar otra cosa. Parece que todo conflicto se sustenta en una diferencia de opinión política y no es el caso”. Una cierta frialdad domina los sentimientos de Teresa hacia su padre y su segunda mujer, Esther, con la que tuvo a A Nena, su media hermana. Pero no hay melodrama, las cosas suceden como a menudo suceden en la realidad, una mezcla de inercias, decisiones implícitas y silencios cómodos. “No sé si en la literatura gallega existe cierto pudor a criticar los lazos familiares. Tal vez pese esa idea de que somos más rurales que otras sociedades y, según esa idealización, más respetuosos con los mayores”, aventura, “tampoco soy una especialista en literatura gallega y a lo mejor sí existen esos libros. Yo no los conozco”.

El mito de que todo iba a ir mejor

Sí hay, sin embargo, política. La crisis de 2008 y sus consecuencias sobre todo generacionales planean sobre Conventículo. “Fue la caída de ese mito de nuestros padres según el que todo iba a ir a mejor”, explica. El neoliberalismo desembridado truncó sus propias promesas, ese es el paisaje de fondo, y empujó a miles de jóvenes a buscarse la vida fuera de Galicia. Teresa acaba siendo una de ellas, finalizados los estudios no le ve sentido a regresar a un país en el que no encuentra lugar. Moreda retrata esa migración intraeuropea con su escritura atenta al detalle y que huye de grandes dramatismos. “Por mi personalidad literaria, no soy dada a ellos”, considera, “yo quería recoger esos primeros momentos en la emigración en que no haces grandes cosas, no vas a visitar el Big Ben, sino que acabas de cenar y piensas 'ahora qué hago, ¿veo una película?' Eso también es la emigración”.

Precisamente un filme, del cineasta gallego Eloy Domínguez Serén, No Cow on the Ice (2015), le ayudó a construir la voz de sus novelas, recuerda la escritora. Habían coincidido en unas jornadas de la Universidad de Saint Andrews -también en Escocia- sobre las imágenes culturales de la diáspora gallega. “Domínguez Serén había emigrado a Suecia y la película trata sobre eso. También filma su casa natal con un registro anticlimático que me interesó mucho”, señala. Como le interesó otro referente confeso de la serie que comenzó en Hortensias, camelias, palmeiras, la autora modernista británica Dorothy Richardson. Su obra más reconocida, apenas traducida a las lenguas del Estado, son las 13 novelas semiautobiográficas de Pilgrimage [Peregrinación] publicadas entre 1915 y 1967. “Me fascinan sus experimentos con el monólogo interior y como maneja otra manera de acercarse a la dicotomía entre lo objetivo y lo subjetivo”, dice.

Obsesionada con la oralidad

Eva Moreda reside lejos de su país natal, y por lo tanto del contexto social de su idioma literario, desde hace casi dos décadas. ¿Cómo se arregla la escritora para trabajar con una lengua a distancia? “Cuando empezaba a publicar no le daba importancia. No era una estilista”, se extiende, “pero en 2012 sufrí una gran crisis. La lengua de mis libros me parecía forzada, y llevaba ya seis o siete años fuera de Galicia. Empecé a obsesionarme por la oralidad. Me parecía que en gran parte de la literatura gallega la lengua estaba encorsetada”. El gallego de sus libros dio así un giro a partir de la novela Para toda a vida (Aira, 2020), sobre el retorno de una profesora universitaria a su casa natal. “No tengo contacto diario con el gallego, tiro mucho de memoria. Y me apasiona su uso en las redes sociales. Esa es la base de la lengua que utilizo al escribir”, sostiene.

Eso y su profesión, la investigación y la docencia en musicología. “Influye en mi obra porque es parte de mi vida”, reconoce, “hay además aspectos internos de la música que están presentes en lo que escribo. La connotación en vez de la representación, por ejemplo”. La música, añade, no es mimética y ella quiere exportar esa condición a la escritura. “En la novela O raposo na fronde (Morgante, 2024) hay animales que aparecen recurrentemente. No son símbolos, sino elementos evocadores, como motivos musicales”, asegura.

La distancia física le sirve también para observar la escena literaria con escepticismo. Escribe crítica con asiduidad en la página web Biosbardia -“últimamente menos, por falta de tiempo”- y su objetivo es “ver si es posible desarrollar una mirada sobre la literatura gallega no influida por las modas”. A su juicio, lo que denomina sistema literario gallego tiene un tamaño idóneo para distribuir la atención entre el centro y los márgenes. “Pero copia dinámicas de los sistemas grandes, la dependencia de los premios y la ley del más fuerte. El libro que recibe diez reseñas, recibe otras diez”, lamenta, celosa por salvaguardar una “posición independiente”. Su literatura, desde luego, lo hace.

El tercer título de la serie que comenzó en Hortensias, camelias, palmeiras será Os muíños do demo y saldrá a inicios del año que viene.