Cid Cabido, el novelista 'salingeriano' que desestabiliza la literatura gallega con una obra extrañada y vanguardista
Paul Rothko trabaja en San Francisco, California (USA), como acompañante de personas solteras. Él mismo lo es, más o menos, y se había presentado a una entrevista de empleo en la compañía CDB, propietaria de los servicios Good Friend. “Durante la mañana del viernes me entró la paranoia de que mi primera single podría parecerse en algún sentido a la excéntrica señora Oxford que Vivien Merchant bordara en Frenesí”, afirma Rothko, protagonista y narrador de A noiva cuántica, la última novela de Cid Cabido. En ella investiga las paradojas y ambivalencias del vínculo humano en la época del algoritmo con una mirada extrañada e irónica, pero comprensiva. Salingeriano y reticente a los focos, su ya extensa obra -siete novelas y cinco libros de cuentos-, por momentos vanguardista y siempre exploratoria, escrita en gallego y apenas traducida a otras lenguas, es una de las más desestabilizadoras y singulares de la literatura gallega actual.
A noiva cuántica (Galaxia, 2026) tiene algo de deriva pynchoniana, aunque sin densidad histórica. Encuentros aleatorios, una trama que en realidad es lo de menos, personajes en movimiento constante, escepticismo respecto de los hechos, cierta sorpresa ante lo que sucede aunque suela suceder siempre de la misma manera, el cine como paisaje moral. “De todas formas”, reflexiona Rothko ya en la segunda mitad del libro, “lo que nunca debe hacerse es darle importancia excesiva a las cosas. La última glaciación acabó hace unos doce mil años. Desde entonces no ha vuelto a suceder nada equiparable. Dejando a un lado, claro está, las dos guerras mundiales”. Ese humor tenue y distante, marca de estilo habitual a lo largo de una trayectoria formalmente heterógena, le sirve en esta ocasión para exponer cómo el mercado se injerta en las relaciones humanas y lo que la atomización social produce en los individuos. Preguntada por este periódico, su editorial explica que el autor rehúsa facilitar su contacto a los medios.
De la sombra de Ferrín a territorios inexplorados
Xosé Cid Cabido (Xunqueira de Ambía, 1959) publicó su primer libro, Foumán, en 1987. “Esa primera etapa de búsqueda, a la sombra de Méndez Ferrín y de Kafka, es quizás lo menos interesante”, considera Dolores Vilavedra, crítica y profesora de Literatura Galega en la Universidade de Santiago, “en mi opinión, la obra que supone un aviso de que estamos ante un escritor potente es Panificadora (Xerais, 1994)”. Ambientada en el mismo Vigo al que volvería con la novela de no ficción Unha historia que non vou contar (Xerais, 2009) -sobre el asesinato de un empresario de la conserva en el crepúsculo de la dictadura-, la novela avanza como un policíaco anticapitalista en el que el edificio industrial que le da título, la Panificadora, despliega “su poder mítico”. Pasó más bien desapercibido, lamenta Vilavedra, “y todavía hoy es muy poco leído”. No tanto su siguiente novela, grupo abeliano (Xerais, 1999).
“Es un libro absolutamente brillante. Su aclamación crítica fue unánime”, recuerda el profesor, novelista y ensayista Pablo Pesado, “con una trama propia del alto modernismo en el eje Kafka-Beckett, parecido en eso a su coetánea francesa Marie Redonnet, aunque sin su deleitarse en lo sórdido y la pretensión existencial que pueden ahuyentar a los grandes públicos”. grupo abeliano, una de las dos obras de Cid Cabido traducidas al castellano -en Alianza Editorial; la otra, el volumen de relatos Oralmente pola boca, se encuentra en Faktoría K- son un grupo de hombres que caminan por la ciudad “y hacen cosas que non deberían porque sus deseos parecen órdenes”, explica Pesado. “Comen y beben gratis allí donde van porque consideran inmoral pagar por el alimento y las autoridades, de las políticas a las militares, les ceden el obedientemente el poder cuando así se lo demandan”. El autor no se extiende en las causas de esta omnipotencia, hay atmósfera nihilista, cierta poética del absurdo pero de línea clara.
Pese a su manifiesta voluntad rupturista, grupo abeliano transita un territorio que no rechaza ni la tentación cómica ni la intriga. Para Pesado, que dedica su último estudio -Depósitos de ancestralidade (Laiovento, 2025)- a desmontar la exotización de la literatura gallega a través de la etiqueta “realismo mágico”, el libro de Cid Cabido contenía “una propuesta muy sólida de lo que podría haber sido una vanguardia accesible que no sacrificaba ni la ambición ni la radicalidad política”. Cid Cabido, la persona más allá del autor, militó durante toda su vida en la izquierda independentista gallega e incluso sufrió prisión ya en democracia. Su literatura, sin embargo, busca “formas de expresión política menos explícitas, más tangenciales y brechtianas, aunque subsistan tramos más panfletarios”.
Un outsider: Joyce en la ría de Vigo
Dolores Vilavedra comparte las consideraciones de Pesado sobre la importancia de grupo abeliano. “Es interesante observar como depura su estilo en los cinco años que pasan desde Panificadora”, señala, “y crea un texto rítmico, musical, en el que avanza una visión del mundo desencantadaa, con cierta violencia, hija de La naranja mecánica”. Y que, en ello coinciden ambos críticos, no dejó testamento. La narrativa gallega recorrió otros caminos, los centrales “muy orientados a públicos escolares y generalistas”, en opinión de Pesado. A algo así parece remitirse César Lorenzo Gil, él mismo novelista -Sábeme a salmántiga o ceo da boca (Galaxia, 2024)-, crítico y mantenedor de la web literaria Biosbardia cuando habla de “ese comercialismo gallego triste” que campa en las oficinas editoriales. “Tal vez debido a esta circunstancia no es muy leído. Los autores un poco outsiders están silenciados”, entiende. No es falta de reconocimiento literario, la crítica ha apreciado sus trabajos y ganó en dos ocasiones el Premio Blanco Amor, uno de los más importantes en Galicia, pero sí cierto desplazamiento. “Su decisión de apartarse del escenario cuando vivimos en la época dorada del autor no ayuda”, opina.
Lorenzo Gil también percibe la huella de Ferrín en sus primeros libros, pero disiente en lo referido al punto de inflexión de su peculiar trayectoria: lo sitúa en Blúmsdei (Xerais, 2006), un originalísimo diálogo con la escritura de Joyce ubicado en la ría de Vigo. En sus páginas Cid Cabido practica lo que César Lorenzo define como virtud mayor de su literatura, su relación con la oralidad. “En un panorama como el gallego, donde la lengua literaria está maniatada por la corrección, por la tradición, por la obsesión por un idioma limpio, él busca una lengua viva, sin miedo a extranjerismos ni a neologismos”, apunta. Como hizo en su día Ferrín pero con el registro culto, que bastardizó sin miedo y lo convirtió en plástico y maleable, Cid Cabido incorpora lo vulgar y lo cotidiano, el habla obrera de la ría, también de O Morrazo. Con la mencionada Unha historia que non vou contar, a su juicio su título más acabado, consolida esa procura.
Pero al ver de Lorenzo Gil, el último Cid Cabido ya no dialoga con la historia de la literatura gallega. Ni su conocida devoción por Cunqueiro ni la proximidad -literaria pero también política- con Ferrín son evidentes. “Su escritura construye sus propios marcos”, aduce. Y si existe algún aire de familia es con autores estadounidenses: “No tanto con los posmodernos, con los que no comparte esa erudición, pero sí con esa capacidad para ir al grano, no dar rodeos, tan propia de parte de la literatura estadounidense”. La de los herederos de Hemingway, sobre todo. Dolores Vilavedra respalda esas apreciaciones estilísticas. “La búsqueda de Cid Cabido es la búsqueda de lo esencial”, se extiende, “un viaje a los orígenes del discurso narrativo, que no es otra cosa, al fin y al cabo, que una voz que nos habla”. Aún con todos sus virajes estéticos y sus experimentos formales, a lo largo de su obra respira una voz inestable, reticente, nada asertiva, nítida.
Escritura anticanónica e izquierda radical
La generación de Cid Cabido fue tal vez la última que enlazó directamente con los escritores gallegos del antifranquismo aunque su obra emergió en democracia: en un extremo Manuel Rivas (A Coruña, 1957), Antón Reixa (Vigo, 1957) o Suso de Toro (Santiago de Compostela, 1956), en el otro Xurxo Borrazás (Carballo, 1963) o Jaureguizar (Bilbo, 1965). Pero el caso de Cid Cabido resulta, de nuevo, peculiar. Lo expone Pesado: “Sus libros conservan una concepción de lo literario muy próxima a la de la llamada Nova Narrativa Galega [grupo de escritores que a finales de los años 50 incorporaron lecturas de Faulkner, Kafka o la Nouveau Roman francesa a las letras gallegas] y también un compromiso político de izquierda radical propio del final del franquismo”.
Poco a poco evoluciona, abandona el hermetismo de la literatura experimental de los 80 y abraza un modelo de lengua que busca la transparencia y no la dificultad interpretativa, añade. Le da tiempo a proponer un movimiento a medio camino entre la provocación y la teoría -el evidencialismo, el arte de hacer evidente lo que esconden las cosas- que no va a ninguna parte y a publicar algunos de los libros más interesantes de la narrativa gallega reciente. Sin embargo, su escritura, solo de vez en cuando reivindicada por autores más jóvenes, no acaba de entrar en el canon. Quizás por su constitución anticanónica. “En mi opinión, es necesario restituir su importancia y la de su generación de una forma que premita establecer hilos de continuidad literaria”, concluye Pablo Pesado.