La generación que solo podrá emanciparse con herencias o hipotecas a los 40 años

Cada vez más jóvenes con empleo estable descubren que el salario ya no es suficiente para acceder a una vivienda. La imposibilidad de ahorrar para la entrada de un piso, el encarecimiento del alquiler y la dificultad para obtener financiación están retrasando la emancipación y desplazando el acceso a la propiedad hacia fórmulas cada vez más dependientes del patrimonio familiar, las herencias o el endeudamiento a largo plazo.

“La única manera que encuentro ahora mismo de independizarme es echando de casa a mi madre”, expresa con humor Lucía, de Eivissa. Tiene 25 años, trabaja como enfermera en el Hospital de la isla y, a pesar de que lleva un tiempo barajando la posibilidad de comprarse una casa, sigue viviendo en el domicilio familiar porque, de momento, no puede permitírselo. 

Durante el último año ha seguido viendo anuncios inmobiliarios y ha explorado distintas opciones para comprar. Sin embargo, pese a contar con un empleo estable, no ha conseguido ahorrar lo suficiente para afrontar la entrada que exigen la mayoría de las operaciones. “Sería para comprar, pero obviamente es imposible”, resume.

La opción del alquiler tampoco entra en sus planes. Consciente de los precios que se manejan actualmente en la isla, considera que destinar una parte tan importante de su salario a la renta supondría una pérdida de poder adquisitivo difícil de asumir. Así que, por ahora, como tantos otros jóvenes ibicencos, sigue aplazando la emancipación a la espera de que el mercado ofrezca alguna oportunidad que encaje con sus posibilidades económicas.

La crisis de la vivienda está hundiendo la tasa de emancipación a mínimos históricos desde el año 2006, cuando se tienen los primeros registros. Un 85% de los españoles de entre 16 y 29 años no ha podido independizarse aunque trabajan porque no pueden permitirse los precios ni de compra ni de alquiler, según datos recientes del Consejo de la Juventud de España.

El nivel educativo, fuera de la ecuación

El informe donde se recoge el análisis resalta que el nivel educativo y el empleo ya no garantizan ni la emancipación ni la estabilidad y plasma que la edad media de emancipación a nivel nacional es de 30 años. De hecho, solo uno de cada cuatro jóvenes con trabajo está independizado, es decir, un 14,5%. 

Otro de los datos impactantes del documento es que la oferta de alquiler de habitaciones ha crecido en cuatro años un 85% porque a los arrendadores les sale más rentable, lo que ha transformado considerablemente el mercado residencial.

La baja tasa de emancipación se produce a pesar de una mejora general de los indicadores laborales. Sin embargo, mientras el salario de la juventud se situó en 2025 en los 1.191 euros al mes (14.292,22 euros anuales), a finales del mismo año, alquilar una vivienda libre costaba de media 1.176 euros mensuales, el precio más alto de las últimas dos décadas.

Este es el panorama a nivel nacional y aún empeora en Balears, donde hacen falta alrededor de siete años de salario íntegro para empezar a soñar con tener una casa propia. Según datos de 2024 del Observatorio de Juventud de les Illes Balears, si en España los jóvenes necesitaban cuatro años de sueldo íntegro en ese periodo para la entrada de un piso, en el archipiélago los jóvenes necesitaban una serie de años más, en concreto 7,1 años. En cuanto a la hipoteca, supondría —en caso de haber podido adelantar la entrada— un 111% del salario medio neto. Así es que solo el 10,9% de los jóvenes ocupados en Balears vivían en el segundo semestre de 2024 fuera del hogar familiar. O, dicho de otra forma, nueve de cada diez jóvenes con trabajo no se pudieron emancipar a pesar de tener ingresos. 

Si en España los jóvenes necesitan cuatro años de sueldo íntegro en ese periodo para la entrada de un piso, en el archipiélago los jóvenes necesitan 7,1 años más

La situación, en el último año, solo ha ido a peor, porque el precio de la vivienda no ha dejado de aumentar: el precio medio se sitúa en el segundo trimestre de 2026 en 4.173 euros por metro cuadrado, con una subida interanual del 10,3% y nuevos máximos históricos, según datos del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria de Balears. Dentro del archipiélago, Eivissa concentra los precios más elevados.

“Esclavizarse” con dos trabajos

“No es nada nuevo que el alquiler aquí [en las islas] te cuesta el salario entero y tienes que elegir: o comer o vivir emancipado. Ahora mismo tengo dos trabajos para poder irme de casa”, cuenta José Vingut, ibicenco de 26 años. “Si quieres independizarte te cuesta eso, duplicar la jornada laboral para —no conseguir, sino intentar— tener una vida independiente”, sigue. De momento, continúa viviendo con su madre.

No es nada nuevo que el alquiler aquí [en las islas] te cuesta el salario entero y tienes que elegir: o comer o vivir emancipado. Ahora mismo tengo dos trabajos para poder irme de casa

Vingut trabaja en el concesionario de Mercedes, en Eivissa, de lunes a viernes de siete de la mañana a cuatro de la tarde y cinco días a la semana. Cuando termina, se va hasta el aeropuerto donde su jornada laboral se suele alargar hasta las doce de la noche. Aunque su horario varía dependiendo, entre otros factores, de los vuelos programados por Aena.

Desde el año pasado ojea pisos para comprar, pero desde finales del año pasado busca desde una perspectiva “realista” [solo mirando inmuebles que se ajusten a sus posibilidades pecuniarias]. “He visto estudios de 35 metros cuadrados por más de 275.000 euros, me parece súper desorbitado. Pisos hechos una pena. Los de una habitación que están en verdaderas condiciones ya llegan a los 300.000”, explica el ibicenco.

José Vingut trabaja en el concesionario de Mercedes de lunes a viernes de siete de la mañana a cuatro de la tarde. Cuando termina, se va hasta el aeropuerto donde su jornada laboral se suele alargar hasta las doce de la noche

Este punto de vista “realista” involucra, por otro lado, una visión a futuro que pasa por formar una familia muy difícil de materializar y que entra en conflicto con las características de los inmuebles que se puede permitir.

Ayudas con condiciones imposibles

Una de las opciones de Vingut es lograr beneficiarse de los avales ICO para primeras viviendas que ha sacado el Gobierno para jóvenes de hasta 35 años. Se trata de una garantía pública ofrecida por el Instituto de Crédito Oficial español que respalda parte de la hipoteca concedida por el banco y que permite hasta el 100% del valor del inmueble en algunos casos. Esto permite a los bancos, en algunos casos, conceder hipotecas de hasta el 100% del valor del inmueble en lugar del habitual 80%.

La ayuda tiene un pero porque está sujeta a varias condiciones. Entre ellas, un tope máximo en el precio de la vivienda que se quiere comprar que fija cada comunidad autónoma, a pesar de que la prestación sea estatal. En el caso de Balears, este precio límite es de unos 275.000 euros. “Es ridículo porque los pisos o casas decentes se empiezan a encontrar a partir de ese mínimo”, lamenta Vingut.

El precio límite para acogerse a un aval ICO para primeras viviendas es en Balears de 275.000, un precio que 'es ridículo porque los pisos o casas decentes se empiezan a encontrar a partir de ese mínimo', comenta José Vingut

“Por otro lado, los alquileres no bajan de los mil y pico, que es la letra de una hipoteca. Por eso muchos residentes de las islas preferimos destinar en el momento en que sea posible ese dinero a una hipoteca para una casa que por lo menos vaya a ser suya. Pero no es fácil”, valora. Cuando le comentó a su padre que se quería independizar, la respuesta de su progenitor fue franca, directa: “Me dijo: no digas tonterías porque eso es imposible”. Acto seguido, le explicó que cuando pudieran heredar el piso de su abuela materna, sería para él.

Lo que ha hecho es meterse en esa agridulce espera de un fallecimiento en su familia para poder independizarse y llegar a esta firme conclusión: hay que tirar de herencias, ya sea en vida o post mortem. Maria Antonia, de la misma edad y nacida en Mallorca, explica que la mayor parte de sus amigos están en ese mismo escenario: o están en casas de sus familias o han heredado viviendas de sus abuelos donde tienen previsto mudarse.

“Echaba de menos la isla”

María Peña (Eivissa, 30 años) se considera, dentro de lo que cabe, una de las afortunadas de su generación, aunque no corre esa suerte de la posible transmisión de un patrimonio familiar. Profesora de Primaria, pasó varios años viviendo en Madrid, donde asegura que podía pagar el alquiler con su sueldo e incluso ahorrar parte de sus ingresos. Sin embargo, cuando regresó a Eivissa para incorporarse al curso escolar 2025-2026 se encontró con una realidad conocida que ahora le afecta de lleno. Acceder a una vivienda en propiedad es casi ilusorio.

“No puedo quejarme de mi sueldo y sé que hay gente en una situación mucho más complicada que la mía, pero tengo 30 años y quiero vivir sola”, explica. Aunque podría asumir el coste de un alquiler, la compra de un inmueble está totalmente fuera de su alcance. “He estado mirando pisos, pero si vas sola al banco, no te conceden hipotecas tan altas y al final te quedas igual”, resume.

No puedo quejarme de mi sueldo y sé que hay gente en una situación mucho más complicada que la mía, pero tengo 30 años y quiero vivir sola

Peña decidió volver a la isla porque la echaba de menos y porque las condiciones laborales de los docentes son mejores que en la capital. Su intención era establecerse cerca de los lugares donde ha crecido, en la zona de Sant Antoni y Cala de Bou, pero la búsqueda ha terminado chocando con los precios del mercado: “He intentado mirar algo por allí y es imposible”.

Hipotecas que llegan a los 40

Rebeca, de Palma, empezó a trabajar a los 16 años -“súper joven”- con una autorización de sus padres y cuando tenía casi 18 se mudó a Madrid, a un piso compartido y empezó a pagar alquiler. Ahora, a sus 41, recuerda cómo estudiando Sociología tenía que compaginar dos trabajos para poder pagar la renta, cubrir sus gastos y que le quedara margen suficiente para ahorrar. “Vamos, lo que hemos tenido que hacer alguna vez todos para sobrevivir”, observa.

Era ‘sabadera’ en el Sfera —así se conocía en la tienda textil a los empleados que trabajaban el fin de semana— de la calle Preciados, cerca de Sol, y algunos días llegaba a echar jornadas de diez horas seguidas. Luego, por la noche, trabajaba sirviendo copas: “Me sacaba mil euros de un lado y mil del otro”. Fue a los 29, con tres trabajos, cuando “por fin” pudo empezar a ahorrar; luego consiguió un buen puesto en un canal de televisión y con él se terminó el pluriempleo, a los 31. “Entonces vivía con mi pareja y aunque seguía pagando alquiler, entre los dos era más fácil”.

Fue después de separarse de él cuando empezó a mirar opciones, mientras vivía en casa de sus padres, y a los 39, justo antes de cumplir los 40, se lanzó a la hipoteca. Entonces era 2024 y ser propietario en Balears ya era muy difícil, aunque en el último par de años los precios han vuelto a subir vertiginosamente. 

En el proceso de compra se encontró con un montón de cosas: pisos destrozados, edificios enteros ocupados… pero, si subía el precio de compra -a alrededor de 300.000 euros-, la hipoteca ascendía a más de mil. “Una letra tan alta, habiendo dado un 20% de entrada, era una locura. Miré varios que me gustaban y le di muchas vueltas, pero al final los descarté porque tenía que asumirlo sola y si algo salía mal no quería verme en escenarios complicados”.

Finalmente encontró una opción más económica y la reformó de manera casi integral, para lo que se vio obligada a ahorrar otros años después de una década de empleos precarios: “Me he pegado unas buenas palizas trabajando”, asegura la trabajadora. 

Ahora, el esfuerzo laboral se ha desligado por completo de la capacidad de adquisición porque con la subida continuada de los precios, la emancipación se retrasa y despedirse del hogar familiar sólo es factible para aquellos que poseen patrimonio familiar. “Es lo que está sucediendo -dice Vingut- en Eivissa. Si no, emanciparse es prácticamente imposible”.