Sobre este blog

Este es un espacio donde opinar sobre Sevilla y su provincia. Sus problemas, sus virtudes, sus carencias, su gente. Con voces que animen el debate y la conversación. Porque Sevilla nos importa.

Punto de encuentro

Nico Williams, alzando la Copa del Mundo, junto a Gavi, con la bandera andaluza al cuello.

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Este domingo pasado, ya lunes en España; esta noche mágica en la que el bien se impuso al mal, en la que el buen fútbol y los valores deportivos vencieron a una banda furiosa de malos deportistas y peores perdedores; mientras veía solo, ya acabado el partido, todo el acto protocolario de entrega de las medallas y la copa, reparé en un detalle. Cada jugador español, cuando subía al escenario a recoger su condecoración, llevaba ya, atada a su cintura, la bandera de su comunidad autónoma.

Siempre me ha dado coraje ese gesto. Estar más pendiente de tu identidad local que de la compartida. Pero esta vez, lo razoné en sentido contrario. Es que es esa idiosincrasia propia territorial, la de su lugar de origen, la que cada uno aporta al común, al grupo. Una bonita manera de ver, de imaginar, cómo debería funcionar este país llamado España. Una metáfora en la que el estado se convierte en un punto de encuentro en el que distintas formas de ser y de estar se unen y suman sus capacidades en pos del bien común.

Y eché cuentas. Con un núcleo duro catalán (nueve campeones del mundo), la selección cuenta con representación de nueve comunidades autónomas, entre ellas las más pobladas. Casi todo español puede sentirse cercano o identificado territorialmente con algún futbolista de los que triunfó en Nueva York. Incluso el seleccionador es de una décima comunidad, más variedad aún.

Esa diversidad no es sólo territorial. Como en nuestro país, en la selección también hay variedad racial (altos y bajos, morenos y rubios, y mayoritariamente caucásicos con un par de chicos de color) o religiosa. Mientras Lamine es musulmán, y ora en momentos determinados de los partidos, nuestro seleccionador y otros jugadores son abiertamente católicos y, a buen seguro, muchos otros son agnósticos o ateos.

Todos, desde De la Fuente hasta el último en llegar, Víctor Muñoz, han demostrado que se pueden combinar esas diferencias con empatía y humanidad para sumar juntos algo mejor. Son chicos educados, amables y simpáticos. De hecho, por no dar la nota, ya ni siquiera está Dani Carvajal en el grupo.

¿Qué haría falta para que nuestra sociedad, nuestros jóvenes, se parecieran más a este pequeño grupo de chicos? ¿Por qué tengo la sensación de que ese buen ambiente no se refleja en la calle? ¿A quienes y por qué le interesa que no rija esa armonía?

No logro entender el problema. Se trata de construir un centro cultural y confesional para una comunidad religiosa numerosa en la ciudad. Comunidad que ya tiene mezquitas discretas en otros barrios. Supongo que lo que les da miedo a algunos es la visibilidad de los musulmanes

La mezquita que la comunidad islámica pretende construir en el Polígono Sur de Sevilla (confío en que terminen pudiendo hacerlo sin problema) es un buen ejemplo de actualidad. Un proyecto bien planteado, un centro cultural y asistencial para los más de 7.000 musulmanes que viven en la ciudad, con espacio religioso incluido, en un solar privado comprado por ellos y bien recibido tanto por el Comisionado para el Polígono Sur como por las asociaciones de vecinos del barrio.

A falta solo de la aprobación final de Urbanismo, ha bastado que los ultraderechistas de Vox, recién llegados a la Junta de Andalucía, levantasen la voz de alarma (racista) para que sus socios de gobierno del PP también en el Ayuntamiento claudicaran y paralizaran el proceso.

No logro entender el problema. Se trata de construir un centro cultural y confesional para una comunidad religiosa numerosa en la ciudad. Comunidad que ya tiene mezquitas discretas en otros barrios. Supongo que lo que les da miedo a algunos es la visibilidad de los musulmanes.

Otras comunidades, como la judía o la cristina protestante, tiene distintos centros de reunión en la ciudad. Y no hay ningún problema. Evidentemente, lo que hay detrás de estas resistencias es racismo y la voluntad de sembrar el miedo y el odio en un sector mayoritario de la población para poder controlarlo y captar su apoyo y votos.

Estos días atrás, en redes sociales, me he posicionado al respecto. Y he recibido respuestas muy desagradables, como el lector podrá imaginar. Una repetida era que no quieren dejarles hacer una mezquita en Sevilla igual que no se permite hacer iglesias en Marruecos (curioso que sólo se refieran a ese país musulmán). Y no quiero terminar este artículo sin compartir un dato. Marruecos tiene dos archidiócesis católicas, la de Tánger y la de Rabat, con sendas catedrales que lucen blancas e imponentes en sus calles. Hasta 30 parroquias, repartidas por todo el país, atienden a los miles de fieles que viven allí. Recuerden, dato mata relato.

En fin, creo que en la vida deberíamos tratar de solucionar los conflictos y buscar puntos de encuentro que sumen al bien común, siempre con la defensa de los más necesitados y desfavorecidos como prioridad. Creo, también, que la selección española y su segundo triunfo en la Copa del Mundo son un buen ejemplo para esto. Mi deseo es que sirvan de inspiración en nuestra sociedad y que entre todos seamos capaces de orillar a los que, como la ultraderecha, tienen su negocio en la siembra y propagación del miedo y el odio.

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