El mar avanza sobre Mallorca: el nivel del Mediterráneo subirá 24 centímetros hasta 2050
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El cambio climático amenaza con elevar 24 centímetros el nivel del Mediterráneo hasta 2050 y reducir drásticamente la anchura de las playas de Palma: Cala Estància podría perder el 96% de su arenal y Ses Troneres, el 80%. Además, sus efectos podrían reducir hasta un 17% el PIB per cápita de Balears en los próximos 25 años, con consecuencias para la actividad económica y especialmente para el turismo. Así lo advierte el informe de la Fundación AXA Cuidar el presente, proteger el mañana: adaptación climática de la ciudad de Palma, que analiza los riesgos del aumento de las temperaturas, la intensificación de las olas de calor y la escasez de agua.
Durante la presentación del estudio, llevada a cabo este miércoles en la Cambra de Comerç de Mallorca, la experta en riesgos por inundaciones Claudia Ylla ha explicado que la mayor de las Balears se enfrenta a un escenario de mayores riesgos climáticos de aquí a 2050. La subida de las temperaturas, la reducción de las precipitaciones y el aumento del nivel del mar amenazan con alterar las condiciones que han convertido a las islas en uno de los principales destinos turísticos del Mediterráneo.
El turismo, ha señalado Ylla, depende directamente de la disponibilidad de agua, la conservación de las playas y unas condiciones térmicas que permitan disfrutar del destino. El deterioro de estos factores podría reducir el atractivo de Mallorca y provocar un descenso del número de visitantes. Ante este escenario, la experta ha advertido de que las empresas tendrán que adaptarse si se mantiene la trayectoria actual de emisiones de gases de efecto invernadero. Entre las medidas necesarias, ha destacado el refuerzo de la cultura de la prevención de riesgos y la revisión de la oferta turística.
Palma podría registrar 99 noches tórridas al año
Las previsiones para Palma dibujan un escenario especialmente preocupante en relación con el calor extremo. Según el estudio, las temperaturas máximas podrían aumentar hasta cuatro grados de aquí a 2050, un incremento que podría traducirse en una caída del 16,3% del PIB per cápita de la ciudad. El número de días en los que la sensación térmica supera los 33 grados pasaría de los 15 actuales a 62 a mediados de siglo. Palma podría registrar hasta 98 días calurosos al año, frente a los 36 actuales, y 99 noches tórridas. La duración media de las olas de calor podría triplicarse.
El informe contempla también un escenario extremo de hasta 12.000 muertes relacionadas con el calor en Palma si no se adoptan medidas adicionales de adaptación. Ylla ha señalado que la aplicación de estas medidas podría reducir esa cifra hasta doce veces.
El impacto del calor no se limitaría a la salud pública. Las temperaturas extremas también afectarían a la actividad económica, el bienestar de la población y el atractivo turístico de la capital balear.
Playas que podrían perder casi toda su superficie
La subida del nivel del mar constituye otra de las amenazas identificadas por el estudio. Aunque Palma no es uno de los puntos más expuestos de Balears al riesgo costero, el nivel medio del mar podría aumentar unos 24 centímetros hasta 2050. Esta subida amplificaría los efectos de los temporales, el oleaje y las mareas, y elevaría el riesgo de inundaciones en el litoral.
Además, reduciría la superficie de las playas, algunas de las cuales podrían desaparecer casi por completo. Es el caso de Cala Estància y Ses Troneres. Según las estimaciones recogidas en el informe, la anchura de estas playas podría reducirse un 96% y un 80%, respectivamente, hacia mediados de siglo.
El avance del mar también tendría consecuencias sobre los acuíferos, al favorecer la intrusión de agua salada y reducir la disponibilidad de recursos hídricos. La amenaza resulta especialmente relevante para Palma, donde el 75% del agua consumida procede de los acuíferos.
Menos lluvias y acuíferos sobreexplotados
El estudio prevé que las precipitaciones disminuyan un 20% hasta 2050, mientras que la evaporación aumentaría un 10%. La combinación de ambos fenómenos limitaría significativamente la recarga de los acuíferos y agravaría el estrés hídrico, especialmente durante los meses de verano, cuando crece la presión poblacional por la actividad turística.
La situación de partida ya es delicada. Según Ylla, nueve acuíferos que abastecen a Palma están sobreexplotados y otros cinco lo estarán en 2027. Tres presentan actualmente un estado deficiente por la intrusión salina.
La disponibilidad de agua se perfila así como uno de los principales desafíos de la capital balear ante el calentamiento global. La reducción de las precipitaciones y el aumento de la demanda durante los meses de mayor actividad turística pueden agravar las dificultades para garantizar el suministro.
El 60% de la población, expuesta a inundaciones
Las inundaciones constituyen otra de las principales amenazas para Palma. Cerca del 60% de la población de la ciudad, unas 309.000 personas, estaría expuesta a este riesgo, según el estudio. Entre las zonas más sensibles figuran las Ramblas, Es Molinar y varios polígonos industriales.
Los episodios de inundación podrían provocar interrupciones del transporte, daños en las redes de saneamiento, problemas de acceso al agua, contaminación de los recursos hídricos y alteraciones de la actividad económica.
Ante estos riesgos, Ylla ha defendido la necesidad de combinar medidas de prevención inmediatas con transformaciones urbanísticas y ambientales de mayor alcance.
Entre las actuaciones más sencillas y económicas, el estudio propone reforzar la cultura de la prevención, utilizar materiales resistentes al agua e instalar sistemas de protección frente a las inundaciones, como muretes, barreras y válvulas antirretorno.
También plantea habilitar zonas de refugio, restaurar la vegetación autóctona del litoral y conservar los ecosistemas marinos. A más largo plazo, contempla intervenciones de mayor complejidad, como la renaturalización de la costa, la adquisición de terrenos agrícolas para devolverlos a la naturaleza, la reubicación de carreteras y la retirada de actividades situadas en zonas costeras vulnerables.
El Ayuntamiento defiende más zonas verdes y recursos hídricos
Durante la presentación del estudio, el alcalde de Palma, Jaime Martínez, ha defendido que la adaptación al cambio climático requiere la implicación de las administraciones, las empresas y la ciudadanía. El primer edil ha señalado que Palma incorpora unas 5.000 personas empadronadas cada año y ha situado entre los retos de la ciudad compatibilizar el crecimiento con la protección del entorno. En este sentido, ha reivindicado la sostenibilidad como uno de los pilares de la adaptación climática.
Martínez ha destacado las actuaciones municipales en materia de agua y zonas verdes. Entre ellas, ha citado las mejoras en la depuradora de Palma, el desarrollo de una futura desaladora municipal y la ampliación de los espacios verdes. También ha mencionado la incorporación de 60 autobuses eléctricos a la flota de la Empresa Municipal de Transportes este año. El alcalde ha defendido, además, la creación de un centro de control que permita adoptar decisiones y actuar a partir de estudios sobre los riesgos climáticos de Palma.