La portada de mañana
Acceder
Anticorrupción defenderá rebajar la pena a Aldama más de lo que ya pidió
Entrevista - Teresa Ribera: “Europa no se puede quedar en un rincón"
Opinión - 'Oren y voten: el buscado voto evangélico', por Neus Tomàs

El año horrible del canciller de Alemania: Merz cumple sus primeros 365 días en el cargo con mínimos históricos de popularidad

Berlín —
5 de mayo de 2026 21:33 h

0

“Ningún otro canciller federal antes que yo ha tenido que aguantar algo igual”. Friedrich Merz dijo recientemente esta frase a Der Spiegel. Se refería a las críticas de medios de comunicación y a los ataques personales en redes sociales.

El semanario más importante de Alemania no dudó en elegir la declaración como el titular de la entrevista con el canciller a las puertas de su primer año de Gobierno. La frase carga una queja que puede interpretarse como expresión de impotencia o incluso de desesperación.

El Bundestag nombró a Merz canciller federal de Alemania el 6 de mayo de 2025. La elección parlamentaria ya vaticinaba un mandato complicado. Por primera vez en la historia de la República Federal, un candidato necesitó una segunda vuelta al no alcanzar la mayoría parlamentaria en el primer intento y a pesar de que las bancadas de los partidos hoy en el Gobierno —la unión conservadora de la CDU-CSU y los socialdemócratas del SPD— contaban con los escaños necesarios. Algunos diputados conservadores o socialdemócratas (o de ambas formaciones) decidieron retirarle su apoyo, tal vez en forma de aviso.

La tortuosa elección de Merz apuntaba la fragilidad de una coalición que algunos llaman hoy con sarcasmo “pequeña gran coalición” por el estrecho margen de su mayoría parlamentaria. Un año después, la fragilidad es más evidente que nunca: sólo un 15% de la población alemana aprueba el desempeño del Gobierno federal, según una encuesta de la televisión pública ARD publicada el pasado 1 de abril. Las disputas internas alimentan incluso las especulaciones de un final abrupto del primer – y más que probable último – gobierno de Merz, que arrastra además las peores cifras de popularidad de un canciller desde que hay registros.

Diferencias públicas

Las diferencias internas dentro de la gran coalición se airean cada vez más públicamente a través de declaraciones de diferentes ministerios y de filtraciones a medios de comunicación. El ministro de Finanzas y vicecanciller, el socialdemócrata Lars Klingbeil, y la ministra de Economía, la democristiana Katherina Reiche, escenifican mejor que nadie esas diferencias, especialmente cuando debaten cuestiones presupuestarias y fiscales. Mientras los conservadores pretenden reducir el Estado e introducir un alivio fiscal generalizado, los socialdemócratas quieren gravar a las rentas más altas y redistribuir algo la riqueza.

Solo un 15% de la población alemana aprueba el desempeño del Gobierno federal, según una encuesta de la televisión pública ARD

El gran escollo de todos los planes presupuestarios del ejecutivo de Merz sigue siendo la mala marcha de una economía que sufre una crisis estructural. Tras salir de la recesión el pasado año gracias a un bajo crecimiento, el aumento de los precios de la energía por la guerra de EEUU e Israel contra Irán amenaza con hundir a la primera economía europea de nuevo en la recesión. El inicial apoyo de Merz a la aventura iraní de Trump, corregido a posteriori, proyecta además una política exterior errática de un canciller que quiso desde un primer momento asumir protagonismo en la arena internacional, a diferencia de su predecesor, el socialdemócrata Olaf Scholz.

La crisis económica estructural reduce los márgenes de compromiso dentro del Gobierno en asuntos clave como la reforma del sistema de pensiones, del sistema sanitario o el gasto social. De momento, y a falta de acuerdos fundamentales en las metas que el Gobierno de Merz se autoimpuso hace un año, el presupuesto federal para 2027 prevé un ahorro sanitario de más de 16.000 millones de euros a través de un recorte de las prestaciones y un incremento de las contribuciones de los asegurados.

Ese mismo presupuesto también prevé un aumento del gasto en defensa: más de 100.000 millones de euros y más de un 3% del PIB. La cifra confirma el rearme alemán. El objetivo expreso de Merz es construir el “mayor ejército convencional” de Europa con el argumento de la amenaza rusa en el flanco este de la OTAN y con los amagos de Trump de abandonar la Alianza Atlántica como telón de fondo. Ese nuevo militarismo alemán impulsado por Merz a nivel nacional no es bien visto en todos los Estados de la Unión Europea. Despierta suspicacias especialmente en Francia y Polonia.

Último plazo, el próximo septiembre

Merz ganó las elecciones con la promesa de poner fin a las rencillas públicas que acabaron de forma prematura con el anterior gobierno de socialdemócratas, verdes y liberales. Un año después, irónicamente, los medios alemanes ya comienzan a establecer paralelismos entre el Gobierno de Merz y la malograda Coalición Semáforo de Scholz, que saltó por los aires en noviembre de 2024, sólo un día después de la segunda victoria electoral de Donald Trump.

“¿Cae el Gobierno de Merz?”, se pregunta abiertamente Paul Ronzheimer, subdirector del tabloide Bild y uno de los periodistas políticos mejor informados del país, en uno de los últimos capítulos de su podcast. Si se consuma el peor de los escenarios para Merz, se abrirían varias posibilidades: un gobierno en minoría de la CDU-CSU que buscase mayorías parlamentarias cambiantes para aprobar leyes, una posible moción de confianza solicitada por el mismo canciller o unas elecciones anticipadas.

Si se consuma el peor de los escenarios para Merz, se abrirían varias posibilidades: un gobierno en minoría de la CDU-CSU, una posible moción de confianza o o unas elecciones anticipadas, lo que parece una opción suicida

La primera opción es improbable en un país con una cultura política ajena a los gobiernos en minoría; la segunda opción es arriesgada, teniendo en cuenta que Merz ya necesitó dos votaciones para ser elegido canciller por el Bundestag hace un año; y la tercera opción parece suicida a la vista de las encuestas de intención de voto actuales: la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD) se está afianzando como primera fuerza en todas las proyecciones y comienza a acercarse al 30% a nivel federal.

El último plazo para Merz y su gobierno son las elecciones regionales que se celebrarán el próximo septiembre en los estados orientales de Mecklemburgo-Antepomerania y Sajonia-Anhalt. En ambos, AfD lidera holgadamente las encuestas. En el segundo, la ultraderecha incluso podría conseguir mayoría absoluta acabando así con el cordón sanitario a través de las urnas. Se hace difícil imaginar como Merz podría sobrevivir políticamente al primer gobierno regional de una AfD que en el Este del país raya con el neonazismo.