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OPINIÓN | 'Las cuentas de la derecha', por Antón Losada

ANÁLISIS

Las claves de la resistencia electoral de Bolsonaro

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Los sondeos de intención de voto prestaron a Luiz Inácio Lula da Silva un sostén tan inquebrantable y exclusivo que día a día nos hacían entrever una victoria en primera vuelta en las elecciones de Brasil. O, al menos, una distancia de diez puntos con el segundo favorito. Dentro de los límites de error que ellas mismas declaraban tolerables, las encuestas no desacertaron reprochablemente en el caso de su primer y único favorito. Cumplido el escrutinio del 99% de los votos, Lula pasa en primer lugar a segunda vuelta, con el 48,3% de los votos.

Las encuestas no habían previsto que el presidente Jair Messias Bolsonaro seguiría detrás, y no tan lejos, con el 43,2% de los votos. Menos aún habían acertado, o siquiera prefigurado, cuáles fueron los cambios en la composición política y regional del electorado oficialista, que le crearon una novedosa pero muy propicia base para la campaña rumbo a la segunda vuelta del 30 de octubre.

El PSDB giró a la derecha y votó Bolsonaro

Acaso el rasgo histórico más importante que deja la elección del domingo es la consumación de la pérdida de relevancia política y electoral del Partido Social Demócrata de Brasil (PSDB), que con la elección y reelección de Fernando Henrique Cardoso gobernó Brasil durante dos períodos.

En la elección por el gobierno del estado de São Paulo, que el PSDB gobernó por 30 sólidos e ininterrumpidos años, este partido ha quedado en tercer lugar. São Paulo no es cualquier estado. Es el más rico de Brasil y la locomotora de la industria, las finanzas y el agronegocio.

El gran ganador, en contra de las encuestas, es Tarsício Freitas, candidato bolsonarista, que le lleva ocho puntos de ventaja a Fernando Haddad (del Partido de los Trabajadores), a quien los sondeos daban cómodo ganador. Quien se quede con la gobernación se dirimirá en la segunda vuelta del último domingo de octubre.

Todo invita a creer que la segunda vuelta acentuará la victoria de la derecha en el corazón económico de Brasil. São Paulo es tal vez el estado de perfil más nítida y decididamente 'antipetista'. En la capital, cada tanto el Partido de los Trabajadores gana el gobierno municipal, como lo hizo con Marta Suplicy y con el propio Fernando Haddad, que en las presidenciales de 2018 fue el candidato nacional del PT, con Lula inhibido políticamente, tras una decisión judicial que fue revocada debido a las irregularidades del proceso.

Dos datos son uno el espejo del otro. En São Paulo, Bolsonaro le gana a Lula por 8 puntos. Es un espejo del crecimiento del voto bolsonarista en la gobernación del Estado. El voto del PSDB pasó al bolsonarismo, entonces. Y este es un dato novedoso, e imprevisto, aunque no imprevisible. La fórmula del PT, que llevaba como candidato a vicepresidente a un excandidato presidencial derrotado del PSDB, Geraldo Alckmin, no drenó al PT el antiguo voto socialdemócrata. El traspaso del electorado fue para el Partido Liberal (PL) de Bolsonaro y sus aliados regionales.

Si el PSDB pasa a segunda vuelta en Rio Grande do Sul, pasaría al sur su base de poder. Si, como lo parece, no lo consigue, el PSDB desaparecería de la escena política.

Río y Minas, dos aliados heterogéneos

El conservador Cláudio Castro, del Partido Liberal (PL), fue reelegido gobernador de Río de Janeiro en primera vuelta, al derrotar a Marcelo Freixo, que tenía el apoyo de Lula. Castro ganó por amplia ventaja con el 58,2 % de los votos, frente al 27,7 % obtenido por Freixo, según los datos oficiales divulgados por el Tribunal Superior Electoral (TSE).

El resultado es un duro golpe para la izquierda brasileña que aspiraba llegar al poder del tercer estado más populoso del país. Castro, que era vicegobernador del también conservador Wilson Witzel, asumió como gobernador cuando el ex magistrado fue destituido por corrupción, apenas un año después de haber sido elegido y pese a las sospechas de irregularidades en su gestión, especialmente durante la pandemia.

El gobernador reelegido es un fiel seguidor de Bolsonaro y defiende como él la “mano dura” para combatir la violencia.

En Minas Gerais, el gobernador Ricardo Zema, del nuevo partido Novo, liberal pero no conservador, ganó una fácil reelección. De algún modo, es similar al rival de Gustavo Petro en el balotaje presidencial colombiano. Rodolfo Hernández, como Zema, fundó su legitimidad en la limpieza de las cuentas públicas –pese a sus sombras en la materia–. Antes de Zema, los empleados estatales en el tercer estado del país por número de electores, sufrían demoras de meses en la percepción de sus salarios, que además cobraban parcelados en cuotas.

Según las encuestas de intención de voto, la segunda preferencia en el electorado de Ciro Gomes, el candidato de izquierda que salió tercero, es Bolsonaro. Y lo mismo ocurre con la centro derechista Simone Tebet, del Movimiento Democrático Brasileña (MDB), Simone Tebet, cuarta en la elección del domingo, y locuaz vencedora en la retórica de los debates presidenciales televisados. Esos votantes son los que Bolsonaro y Lula saldrán a buscar para alcanzar la presidencia de Brasil.

Los sondeos de intención de voto prestaron a Luiz Inácio Lula da Silva un sostén tan inquebrantable y exclusivo que día a día nos hacían entrever una victoria en primera vuelta en las elecciones de Brasil. O, al menos, una distancia de diez puntos con el segundo favorito. Dentro de los límites de error que ellas mismas declaraban tolerables, las encuestas no desacertaron reprochablemente en el caso de su primer y único favorito. Cumplido el escrutinio del 99% de los votos, Lula pasa en primer lugar a segunda vuelta, con el 48,3% de los votos.

Las encuestas no habían previsto que el presidente Jair Messias Bolsonaro seguiría detrás, y no tan lejos, con el 43,2% de los votos. Menos aún habían acertado, o siquiera prefigurado, cuáles fueron los cambios en la composición política y regional del electorado oficialista, que le crearon una novedosa pero muy propicia base para la campaña rumbo a la segunda vuelta del 30 de octubre.

El PSDB giró a la derecha y votó Bolsonaro

Acaso el rasgo histórico más importante que deja la elección del domingo es la consumación de la pérdida de relevancia política y electoral del Partido Social Demócrata de Brasil (PSDB), que con la elección y reelección de Fernando Henrique Cardoso gobernó Brasil durante dos períodos.

En la elección por el gobierno del estado de São Paulo, que el PSDB gobernó por 30 sólidos e ininterrumpidos años, este partido ha quedado en tercer lugar. São Paulo no es cualquier estado. Es el más rico de Brasil y la locomotora de la industria, las finanzas y el agronegocio.

El gran ganador, en contra de las encuestas, es Tarsício Freitas, candidato bolsonarista, que le lleva ocho puntos de ventaja a Fernando Haddad (del Partido de los Trabajadores), a quien los sondeos daban cómodo ganador. Quien se quede con la gobernación se dirimirá en la segunda vuelta del último domingo de octubre.

Todo invita a creer que la segunda vuelta acentuará la victoria de la derecha en el corazón económico de Brasil. São Paulo es tal vez el estado de perfil más nítida y decididamente 'antipetista'. En la capital, cada tanto el Partido de los Trabajadores gana el gobierno municipal, como lo hizo con Marta Suplicy y con el propio Fernando Haddad, que en las presidenciales de 2018 fue el candidato nacional del PT, con Lula inhibido políticamente, tras una decisión judicial que fue revocada debido a las irregularidades del proceso.

Dos datos son uno el espejo del otro. En São Paulo, Bolsonaro le gana a Lula por 8 puntos. Es un espejo del crecimiento del voto bolsonarista en la gobernación del Estado. El voto del PSDB pasó al bolsonarismo, entonces. Y este es un dato novedoso, e imprevisto, aunque no imprevisible. La fórmula del PT, que llevaba como candidato a vicepresidente a un excandidato presidencial derrotado del PSDB, Geraldo Alckmin, no drenó al PT el antiguo voto socialdemócrata. El traspaso del electorado fue para el Partido Liberal (PL) de Bolsonaro y sus aliados regionales.

Si el PSDB pasa a segunda vuelta en Rio Grande do Sul, pasaría al sur su base de poder. Si, como lo parece, no lo consigue, el PSDB desaparecería de la escena política.

Río y Minas, dos aliados heterogéneos

El conservador Cláudio Castro, del Partido Liberal (PL), fue reelegido gobernador de Río de Janeiro en primera vuelta, al derrotar a Marcelo Freixo, que tenía el apoyo de Lula. Castro ganó por amplia ventaja con el 58,2 % de los votos, frente al 27,7 % obtenido por Freixo, según los datos oficiales divulgados por el Tribunal Superior Electoral (TSE).

El resultado es un duro golpe para la izquierda brasileña que aspiraba llegar al poder del tercer estado más populoso del país. Castro, que era vicegobernador del también conservador Wilson Witzel, asumió como gobernador cuando el ex magistrado fue destituido por corrupción, apenas un año después de haber sido elegido y pese a las sospechas de irregularidades en su gestión, especialmente durante la pandemia.

El gobernador reelegido es un fiel seguidor de Bolsonaro y defiende como él la “mano dura” para combatir la violencia.

En Minas Gerais, el gobernador Ricardo Zema, del nuevo partido Novo, liberal pero no conservador, ganó una fácil reelección. De algún modo, es similar al rival de Gustavo Petro en el balotaje presidencial colombiano. Rodolfo Hernández, como Zema, fundó su legitimidad en la limpieza de las cuentas públicas –pese a sus sombras en la materia–. Antes de Zema, los empleados estatales en el tercer estado del país por número de electores, sufrían demoras de meses en la percepción de sus salarios, que además cobraban parcelados en cuotas.

Según las encuestas de intención de voto, la segunda preferencia en el electorado de Ciro Gomes, el candidato de izquierda que salió tercero, es Bolsonaro. Y lo mismo ocurre con la centro derechista Simone Tebet, del Movimiento Democrático Brasileña (MDB), Simone Tebet, cuarta en la elección del domingo, y locuaz vencedora en la retórica de los debates presidenciales televisados. Esos votantes son los que Bolsonaro y Lula saldrán a buscar para alcanzar la presidencia de Brasil.

Los sondeos de intención de voto prestaron a Luiz Inácio Lula da Silva un sostén tan inquebrantable y exclusivo que día a día nos hacían entrever una victoria en primera vuelta en las elecciones de Brasil. O, al menos, una distancia de diez puntos con el segundo favorito. Dentro de los límites de error que ellas mismas declaraban tolerables, las encuestas no desacertaron reprochablemente en el caso de su primer y único favorito. Cumplido el escrutinio del 99% de los votos, Lula pasa en primer lugar a segunda vuelta, con el 48,3% de los votos.

Las encuestas no habían previsto que el presidente Jair Messias Bolsonaro seguiría detrás, y no tan lejos, con el 43,2% de los votos. Menos aún habían acertado, o siquiera prefigurado, cuáles fueron los cambios en la composición política y regional del electorado oficialista, que le crearon una novedosa pero muy propicia base para la campaña rumbo a la segunda vuelta del 30 de octubre.