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ENTREVISTA

Delia Ramírez, congresista de EEUU: “Nadie está a salvo mientras el Departamento de Seguridad Nacional opere como una agencia del terror”

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —
14 de julio de 2026 22:01 h

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Delia Ramírez (1983, Chicago, Illinois) es una de las voces más progresistas de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Congresista demócrata, es muy crítica con la renovada doctrina Monroe de la Administración Trump en América Latina, desde la asfixia y el bloqueo a Cuba, hasta el cerco a Venezuela pasando por la injerencia del presidente de EEUU en las elecciones de los diferentes países.

De padres guatemaltecos, Ramírez también se ha implicado mucho en la denuncia de los abusos del ICE y la represión de la migración por parte de la Administración Trump, que este mismo lunes acabó con la vida de un migrante colombiano en Maine, elevando a 11 las personas muertas a manos de agentes migratorios –a la que se añade otra muerte este martes de un hombre que murió atropellado en Florida mientras huía del ICE–.

La congresista acaba de regresar de un viaje a Cuba con otros legisladores demócratas, Mark Pocan (Wisconsin), Teresa Leger Fernandez (Nuevo México) y Maxine Dexter (Oregón), y habla con elDiario.es sobre la situación humanitaria en la isla.

¿Cuáles son los efectos del bloqueo que ha podido observar sobre el terreno?

Sumado a años de sanciones, es algo muy palpable, es una carga muy pesada. Ya había estado en Cuba antes, hace cinco o seis años, y son dos islas irreconocibles: las calles están vacías, no hay tráfico porque no hay coches, ya que no hay combustible.

En los hospitales, la mitad de las instalaciones no tiene electricidad en absoluto. Escáneres de TAC que necesitan una pieza específica, y esa pieza tiene que pasar por Estados Unidos para llegar a Cuba, pero está prohibido que llegue a Cuba para que la gente pueda hacerse las pruebas necesarias y recibir la ayuda que precisa.

Médicos entre lágrimas suplicando ayuda porque llevan semanas sin salir del hospital. 14.000 niños esperando literalmente una cirugía para la que hay médicos disponibles, pero sin el equipo ni los medicamentos necesarios para realizarla.

Llegué el jueves por la noche, y no había electricidad; estuve allí el viernes, y no había electricidad. Pero lo que yo viví no fue nada comparado con lo que sufren ellos. Vi niños pequeños pidiendo dinero para comida, algo que no había visto seis años atrás, cuando visité la isla. A un niño le di un chicle; ver la alegría que le produjo ese chicle fue desgarrador.

Ver la devastación y el espíritu del pueblo cubano... y a gente que me repetía una y otra vez: 'Congresista, no queremos una guerra con Estados Unidos. Realmente queremos dialogar. ¿Podría, por favor, decirle a la Administración y a Marco Rubio que queremos diálogo? No queremos... ni siquiera pedimos algo específico, solo que dejen de asfixiarnos'.

La palabra 'asfixiar' surgió en diez reuniones, ya fuera hablando con diplomáticos, médicos, líderes comunitarios, agricultores y, por supuesto, funcionarios del Gobierno. Es algo palpable, una situación dolorosa.

Y también generó un profundo sentido de responsabilidad en los congresistas que fuimos: la obligación de regresar aquí, como miembros del Congreso, y ejercer nuestra autoridad, ya sea nuestra autoridad de supervisión para cuestionar estas órdenes ejecutivas ilegales o, ciertamente, para dejar claro que ni Marco Rubio, ni el presidente, ni nadie más debe intentar declarar una guerra, una guerra física real, contra el pueblo cubano, porque esa es una facultad que corresponde exclusivamente al Congreso.

Y no deberíamos ir a una guerra con Cuba.

Pero le diré una última cosa sobre esto. Escuché a gente hablar de 'la guerra en nuestra isla'. Y yo pensaba: ¿A qué se refieren? ¿Les preocupa que Trump ordene un ataque militar? Y decían: 'Claro que nos preocupa un ataque militar, pero ya estamos en guerra. El problema es que es una guerra de una sola vía. No podemos recibir ayuda. No podemos conseguir equipo médico. No podemos conseguir medicinas. No podemos conseguir pollo. No podemos conseguir arroz. No podemos conseguir aceite. No pueden venir turistas. Ni siquiera podemos cantarles para intentar ganar algo de dinero. La guerra contra nosotros ya ha comenzado. No son solo las bombas, las sanciones y los bloqueos lo que limita nuestra capacidad de sobrevivir'.

Eso es lo que escuché. Y eso es lo que vi.

¿Cree que la Administración Trump es consciente del impacto de este bloqueo en la población?

No creo que no se den cuenta del impacto. Creo que es una elección, una política y una decisión ejecutiva para asfixiar al pueblo cubano de tal manera que renuncie a su soberanía o a su voluntad de seguir viviendo. Me resultó realmente desconcertante que fuéramos cuatro miembros del Congreso de Estados Unidos y que la Embajada no tuviera la capacidad operativa para reunirse con nosotros.

He estado en Honduras, Guatemala, Panamá, Colombia, México, y han tenido la capacidad operativa para reunirse con nosotros. Decidieron no reunirse con nosotros porque no estaban dispuestos a reconocer realmente lo que estamos haciendo con nuestra política, y lo que la Embajada representa, fomenta y promueve.

En ese contexto, la Administración Trump ha aprobado nuevas sanciones este lunes, esta vez contra el sector turístico.

Lo que pedimos el domingo por la noche fue el fin de las sanciones y del bloqueo. Y lo que escuchamos este lunes por la mañana por parte del Departamento de Estado ha sido, literalmente, todo lo contrario. Pero así es como actúan: culpan al otro país de la política que nosotros hemos implementado y que causa la opresión.

De ninguna manera estoy diciendo que el Gobierno cubano no tenga cierta responsabilidad en la situación actual del país. Pero a quienes afecta es a las personas. Y esta política no se trata de enfrentarse a un régimen; es Estados Unidos declarándole la guerra a una isla de 9 millones de habitantes. Es algo que no tiene explicación. Pasaremos los próximos días hablando de lo que vimos, del impacto tangible, de los lamentos.

Me senté a escuchar a una mujer, Heidy Sánchez, para cuya reunión con nosotros tuvimos que conseguir combustible para el vehículo que la transportaba. Ella fue deportada el año pasado desde EEUU, en abril, cuando acudió a su entrevista administrativa con el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) para el ajuste de estatus migratorio, ya que está casada con un ciudadano estadounidense.

Fue detenida durante la entrevista y tuvo que dejar atrás a su hijo, cuando tenía un año y medio. Ella es cubana, y tuve que abrazarla y sostenerla mientras lloraba desconsoladamente en mis brazos. Cuando le dije que no perdiera la esperanza, ella me gritó: '¿Cómo puedes decirme que no pierda la esperanza cuando llevo más de un año sin poder estar con mi hijo? Mi hijo ahora sufre de epilepsia. Necesito estar con él y para mí ya no hay esperanza. Y me dicen que tal vez deba esperar años a que cambie la política. ¿Qué hice mal? Solicité asilo. Tenía permiso para estar en el país, pero un día fui a una entrevista y nunca regresé a casa. Y ahora vivo en medio de apagones, sin poder siquiera comunicarme con mi hijo por FaceTime o WhatsApp porque no tengo electricidad. ¿Cuánto más me pueden quitar? ¿Cómo pueden pedirme que tenga esperanza cuando me la han arrebatado?'

Estas son las realidades de nuestras políticas en el país: cubanos que se sienten obligados a emigrar, que lo dejan todo atrás debido a nuestra política para venir aquí, y que luego son castigados dos veces por la política estadounidense.

Además, nos reunimos con diplomáticos que se preguntan: '¿Por qué no podemos ayudar? ¿Cómo podemos proteger a los estudiantes de medicina que se están formando aquí en Cuba si no podemos garantizarles electricidad en sus hogares, transporte para su formación ni salud mientras intentan terminar sus estudios para convertirse en médicos, ya sea que vengan de Belice, México, Uruguay o cualquier otro país?

Ha mencionado a esa mujer que fue deportada desde Estados Unidos a Cuba. Este lunes el ICE ha matado a otra persona, esta vez en Maine. Usted tiene padres guatemaltecos y su marido fue reconocido por el programa DACA, que protege de la deportación a jóvenes indocumentados que llegaron a EEUU siendo niños. Además, usted también ha sufrido las campañas del trumpismo debido a todo esto. ¿Cómo analiza la política migratoria de esta Administración?

Le diré una cosa: creo que nadie está a salvo mientras el Departamento de Seguridad Nacional siga operando como una agencia del terror. Nadie está a salvo. Especialmente nadie que se parezca a mí. Especialmente nadie con la piel más oscura que la mía. Especialmente nadie con un apellido parecido al mío. Lorenzo [el migrante acribillado por el ICE en Houston] solo quería vivir. Era padre de tres hijos. Un trabajador que podría haber sido mi padre. Podría haber sido mi tío. Podría haber sido el padre o el tío de cualquiera. Este hombre ha aportado a este país mucho más de lo que Donald Trump haya aportado jamás. Y, sin embargo, hoy ya no está vivo.

Eso nos toca muy de cerca, porque realmente habla de la esencia misma de este país. ¿En qué clase de país vivimos, donde uno no puede seguir con su día a día sin el temor de ser detenido y ejecutado a plena luz del día, por el color de su piel o porque a alguien le han dicho que goza de inmunidad total para ejecutarle?

Y no hay consecuencias por dicha ejecución. Donald Trump ha decidido que algunas personas merecen ser defendidas y protegidas, y otras no. No tiene sentido hablar de un Departamento de Seguridad Nacional cuando la gente del país no está segura, precisamente a manos de la agencia creada, en teoría, para protegerla.

Para mí, esto es un recordatorio constante de la responsabilidad y la complicidad del Congreso al seguir financiando, con miles de millones de dólares de los contribuyentes, dinero que el propio Lorenzo aportaba, el asesinato de las mismas personas que pagan esos impuestos.

Por eso me niego a esperar a que algún asesor de Washington me diga que debo tener cuidado con lo que digo; sé lo que veo y sé lo que viven mis electores. Lo que ellos quieren es la abolición total del ICE, el desmantelamiento del Departamento de Seguridad Nacional y una rendición de cuentas real para cada agente, pero sobre todo para quienes han hecho posible que estos agentes ejecuten a nuestros representados.

Markwayne Mullin [secretario del DHS] debe dimitir hoy mismo. Debe someterse a un proceso de destitución, y tanto él como Kristi Noem deben ser procesados judicialmente, junto con Tom Homan, Stephen Miller, Donald Trump y cualquier otra persona responsable del terror que se vive en las calles, ya sea en Houston, Maine o Chicago, pues la primera persona ejecutada durante esta campaña de terror y deportaciones masivas de la era Trump 2.0 fue Silverio Villegas, en Chicago. Sí, demasiada gente ha olvidado quién era él.

Hablaba usted de los asesores de Washington y del Congreso actual. ¿Qué opina sobre el avance progresista en algunas primarias demócratas, como respuesta a la Administración Trump y a la situación que vive el país a cuatro meses de las elecciones legislativas de mitad de mandato?

Ya sea en Lansing, Michigan, luchando por ganar un distrito; o en Bakersfield, California, intentando conseguir por primera vez representación en un distrito con un 70% de población latina ante un congresista que votó a favor de recortar Medicaid para el 70% de sus electores; o en Nueva York alzando la voz, conectando las luchas contra los abusos del ejército israelí, las sanciones y el ICE, y defendiendo a inmigrantes de todo el mundo... Creo que los votantes están diciendo que no quieren demócratas que sigan diciendo 'esperemos a noviembre', ni demócratas que digan 'bueno, hay que esperar a ver qué dicen las encuestas', ni demócratas que teman hacer lo correcto por miedo a perder las elecciones.

Queremos congresistas con la firmeza y el valor necesarios para decir la verdad y para hacer aquello que lleva tanto tiempo sin hacerse en esta nación. Queremos personas capaces de asumir la responsabilidad y entender que el trumpismo no es solo culpa de los republicanos; también es culpa de los demócratas y de su incapacidad para actuar cuando era necesario, ya fuera con el 'Medicare para todos', la reforma migratoria, el fin de las sanciones a Cuba o al decirle a Netanyahu: 'Basta de bombas, tendrás que rendir cuentas'.

Así que creo que lo que estamos viendo es que el cambio no vendrá desde dentro del Congreso. Vendrá de la gente de afuera, presionando al Congreso para que haga su maldito trabajo. Y tengo muchas esperanzas en la gente que se organiza y moviliza en las calles, para que mis colegas, y los que están por llegar, sean quienes se unan para hacer algo de verdad.