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La división de la izquierda y del macronismo agita la carrera para enfrentarse a la extrema derecha en Francia

Los últimos años en la política francesa no han sido sinónimo de tranquilidad. Elecciones anticipadas, crecimiento sin paliativos de la extrema derecha e incluso la dimisión de un primer ministro cuyo sustituto fue él mismo. Ahora, los comicios presidenciales del año que viene podrían dar un giro de tuerca más al tiempo sin precedentes que vive el país galo. En esta ocasión, las miradas se centran en el gran número de candidatos que pueden concurrir a ellos y cómo podrían condicionar el resultado. Aunque todavía no se conoce oficialmente quiénes aparecerán en las papeletas, las previsiones dibujan un panorama muy fragmentado que podría conducir a Francia a unas elecciones con unos 30 candidatos, las más numerosas de la V República.

No solo eso, la igualdad extrema que dibujan las encuestas hace que dentro de cada espacio político pueda haber al menos dos aspirantes con posibilidades de concurrir al duelo final. Un hecho que no suele ser nada habitual en Francia, donde tradicionalmente cada espacio solía tener un candidato fuerte que pudiera concentrar el voto y así tener las mayores posibilidades de llegar a segunda ronda. De hecho, hasta la entrada de Emmanuel Macron en 2017, el país, con pocas excepciones, estaba acostumbrado a que la primera ronda tan solo fuera el trámite para la elección, en la segunda, entre un candidato de centroizquierda y otro de la derecha gaullista.

Sin embargo, cuando el ahora presidente revolucionó el ecosistema político y la extrema derecha comenzó su exponencial crecimiento, toda esa historia electoral mutó. “Estos últimos 10 años hemos asistido a la destrucción del bipartidismo. En 2017, por primera vez en la historia, ninguno de los candidatos de los partidos hegemónicos logró pasar a segunda ronda. Desde entonces, la izquierda ha ido fragmentándose poco a poco y el espacio gaullista no solo ha seguido la misma tendencia, sino que ha sufrido un gran debilitamiento hasta llegar a la grave crisis en que viven actualmente”, señala Guillermo Fernández Vázquez, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid y autor del libro Qué hacer con la extrema derecha.

Ambos espacios asisten hoy a un panorama muy complejo. Por la derecha, la incapacidad de Los Republicanos (LR), partido heredero del gaullismo, de dar una respuesta clara a la extrema derecha le ha conducido a la irrelevancia. En 2024, tuvieron que expulsar a su entonces líder Emil Ciotti por apoyar un acuerdo con Agrupación Nacional (RN), la formación de Marine Le Pen, en la segunda ronda de las legislativas. Para 2027, en teoría, el candidato fuerte de la derecha es el presidente de LR, Bruno Retailleau, exministro de los breves gobiernos de Michel Barnier y François Bayrou, pero casi con total seguridad no será el único.

Ni siquiera la extrema derecha, tradicionalmente compacta en torno a RN, ha podido escapar de las divisiones. El partido Reconquista, con el polemista Eric Zemmour, ya se presentó en 2022, y ahora podría volver a hacerlo después de superar al partido de Le Pen, por ejemplo, en las elecciones municipales de París. “Siempre ha estado el tópico de la división de la izquierda, pero en 2027, prácticamente todo el espectro político irá dividido. Todos los espacios tienen varias opciones de voto, y la igualdad que hay en la mayoría de las encuestas hace que estos tengan menos incentivos para retirarse y hacer candidaturas unitarias”, describe Jean-Baptiste Harguindéguy, profesor titular de Ciencia Política en la Universidad Pablo de Olavide.

La sopa de letras

¿Y por qué sucede esto? Para el politólogo, la respuesta hay que buscarla en el contexto electoral que se vivirá en 2027. A diferencia de 2022, cuando Macron aún podía presentarse a la reelección, el año que viene el presidente no podrá concurrir por la limitación de mandatos consecutivos que impone la Constitución francesa. Eso abre una nueva etapa política donde todo el mundo busca ser protagonista y tener su voz.

A todo ello se suma esa caída de los partidos fuertes y tradicionales, que antes encauzaban al electorado y ahora, en cambio, dejan una sopa de letras. “En Francia, la propia dinámica del sistema favorece que, ante esa ausencia, comiencen a aparecer muchas corrientes que pueden transformarse en partidos. El coste de crear uno es muy bajo, por lo que, cuando se crean, la única opción para los líderes de darse a conocer es precisamente presentarse a las presidenciales o, al menos, anunciar su candidatura, aunque luego se retiren. Esto te permite existir a nivel político al menos unas semanas”, señala Harguindéguy.

Es el caso, por ejemplo, del espectro macronista, donde parece que podría haber dos candidatos fuertes que opten a pasar a segunda ronda. Uno de ellos es Gabriel Attal. Primer ministro entre enero y septiembre de 2024, el más joven de la historia con tan solo 34 años, muchos lo veían como favorito para suceder a Macron cuando entró en Martignon. Sin embargo, desde su dimisión, Attal no ha sido capaz de tener demasiado protagonismo. Sin un cargo gubernamental importante, buena parte de su futuro político pasa por ser candidato en las presidenciales. “Muchas veces la intención no es ganar las elecciones, sino presentarse como una opción para otros puestos, como el de primer ministro”, continúa el politólogo.

Con Attal, el otro candidato que intentará plantar cara desde el centro será Édouard Philippe. Ex primer ministro durante la primera fase de la presidencia de Macron, el ahora alcalde de Le Havre es representante del ala más a la derecha del macronismo. Quizás por eso, muchos analistas y algunas encuestas le colocan como el mejor candidato a la hora de medirse a Le Pen o a Jordan Bardella en la segunda vuelta. Aun con todo, la división de voto entre Philippe y Attal, si ambos deciden finalmente presentarse, podría condenar a la opción macronista de cara a pasar al duelo final. “Ocupan un espacio un poco ficticio robado a izquierda y derecha con el contexto tan concreto que tuvo Macron. Como en España en el caso de Ciudadanos, es difícil mantener estos partidos”, argumenta Harguindéguy.

Mélenchon y ¿cuántos más?

El espacio de izquierdas de cara a las próximas presidenciales se asienta sobre una paradoja. A priori, es el espacio con más candidaturas potenciales, desde la izquierda más centrista hasta los insumisos pasando por los Verdes y el Partido Socialista. Sin embargo, también es, según las encuestas, la que tiene uno de los aspirantes con más posibilidades de pasar a la segunda vuelta: Jean-Luc Mélenchon.

El líder de La Francia Insumisa (LFI) es un viejo conocido de la política francesa. Las de 2027 serían sus cuartas elecciones y en todas ha conseguido aumentar sus apoyos con respecto a las anteriores, aunque en ninguna ha logrado el objetivo de meterse en la segunda vuelta. En las últimas estuvo a punto de conseguirlo, quedándose a poco más de un punto de Le Pen. Ahora, en este contexto tan fragmentado, las encuestas parecen sonreírle. Muchas le colocan como el favorito, junto a Philippe, para medirse a la extrema derecha en la segunda ronda. “La gran fortaleza del líder insumiso es que logra como ningún otro sacar de la abstención a franceses que habitualmente no votan. Especialmente a la Francia multicultural y migrante, que vota por él y por ningún candidato más”, precisa Fernández Vázquez.

Otro de sus grandes puntos a favor, paradójicamente, es que en un tiempo de fragmentación y de nueva política, Mélenchon ha sabido mantener las virtudes de la política tradicional. “A diferencia de muchos otros candidatos, ha logrado establecer un partido fuerte con un líder máximo que tiene capacidad para hacer frente a los díscolos. Hemos visto que esa fórmula funciona, porque LFI es una de las formaciones que mejor ha rendido. Frente a este modelo, hay un conjunto de partidos de izquierda que se han ido atomizando y disgregando en diferentes corrientes mientras perdían cada vez más fuerza”, recuerda Harguindéguy.

Eso sí, en la figura de Mélenchon conviven como en ninguna otra el amor y el odio de un país. Su perfil carismático, polarizador y muy ideológico, hace que dentro de la propia izquierda genere mucho debate. “Esa es su principal dificultad, no es alguien que genere consenso. Su perfil hace que votantes moderados del Partido Socialista y los Verdes le rechacen, pero a la vez produce una identificación muy grande entre sus votantes”, continúa el profesor de la Universidad Carlos III.

Siempre se dice que en la primera ronda se vota con el corazón y en la segunda con la cabeza. La cuestión es si los votantes y los partidos apoyarán al candidato de izquierdas en segunda ronda

El resto de la izquierda vive en el desgobierno. Durante el último año se han sucedido los desencuentros, las primarias en las que los candidatos se negaban a participar y los nombres para liderar una candidatura de unidad por la que nadie terminaba de apostar. Hace un par de años, cuando el PS logró un gran resultado en las europeas liderado por Raphaël Glucksmann, este ensayista parecía el candidato perfecto para que los socialistas volvieran a luchar por el Elíseo.

Sin embargo, llegar hasta 2027 está siendo un quebradero de cabeza en esta parte del espectro político. Después de un interminable debate sobre cómo debían ser las primarias entre Glucksmann y el líder socialista, Olivier Faure, el eurodiputado aceptó participar en ellas y lanzar definitivamente su candidatura. Pero no quedó ahí la lucha. El propio Faure ha anunciado que él mismo también se presentará a las primarias para competir con Glucksmann, una lucha que podría complicar aún más las cosas y debilitar a quien salga ganador.

Y por si fuera poco, hay un viejo conocido que podría engrosar aún más el número de candidatos del espacio: François Hollande. El expresidente francés, en su momento uno de los más impopulares de la historia de la V República, podría lanzar su candidatura fuera del paraguas de las primarias socialistas, en las que se ha negado a participar. Hollande ha sugerido en varias ocasiones que “si la situación lo requiere” se podría presentar, y no es descartable dada la subida de popularidad y los movimientos del expresidente en los últimos tiempos. Además de Hollande y el ganador de las primarias del PS, la líder de Los Verdes, Marine Tondelier, también podría presentarse, aunque los sondeos no le auguran demasiado éxito.

Fernández Vázquez recuerda que la izquierda francesa siempre ha estado fragmentada en las elecciones y que lo realmente relevante es qué pasará en la segunda vuelta con el aspirante que pase. “Siempre se dice que en la primera ronda se vota con el corazón y en la segunda con la cabeza. La cuestión es si los votantes y los partidos apoyarán al candidato de izquierdas en segunda ronda. En el caso de que sea del PS, no habría muchas dudas, pero ¿y si es Mélenchon quien consigue pasar? ¿El PS pedirá que se vote a Mélenchon? Y sobre todo ¿le harán caso sus votantes? Es difícil pensar que alguno vaya a votar a Le Pen en vez de al insumiso, pero quizás se queden en casa”, señala.

Pero, continúa el profesor de la Universidad Carlos III, la gran pregunta en una hipotética segunda vuelta con Le Pen no serían tanto esas sino a quién apoyarían los centristas, los grandes grupos mediáticos, las élites económicas y la Unión Europea. “Yo no afirmaría que Mélenchon es un obstáculo para la izquierda, aun reconociendo que no es un candidato que guste a una parte del electorado, porque el factor sorpresa puede jugar a su favor. Y si logra entrar en la segunda vuelta, nos quedaríamos con esa situación tan interesante”, zanja.