Estaciones cerradas, colas de horas y surtidores sin gasolina: Rusia se resigna a la peor escasez por los ataques de Ucrania
Agosto siempre ha sido un mes complicado para las estaciones de servicio rusas. El aumento de la demanda por las vacaciones tensiona el sector y puntualmente se registran problemas de suministro. Este verano, sin embargo, no está siendo como los demás. Rusia se enfrenta a una de las peores crisis de gasolina de los últimos tiempos a raíz de los ataques ucranianos contra las refinerías y las autoridades no pueden ocultar a la población la dimensión del problema.
El 78% de los surtidores de todo el país se han quedado sin combustible en los últimos días. Las imágenes de gasolineras colapsadas no son exclusivas de las regiones: en Moscú, el 20% de los establecimientos han tenido que cerrar temporalmente. En una estampa inédita, los conductores hacen cola durante horas en el centro de la capital para llenar el depósito, conscientes de que el carburante puede agotarse en cualquier momento.
Vladímir Putin sostiene que son simples “molestias” y que pronto se solucionarán. Ahora bien, aunque la mayoría de los ciudadanos evitan criticar al Gobierno y no les queda más remedio que aceptar con resignación la nueva situación, el malestar es cada vez más difícil de ignorar.
Condenados a esperar
A orillas del Moscova, en una zona exclusiva de la ciudad, cada noche decenas de coches ocupan uno de los carriles de la calzada mientras esperan para repostar en la gasolinera de Lukoil. En la avenida Kutúzov, la vía que utiliza el presidente ruso para llegar al Kremlin, la escena se repite en varias de las estaciones de servicio.
Si en un punto de suministro no se ven coches es porque ese día no han recibido producto. Los carteles electrónicos donde se anuncian los precios están apagados o, en el mejor de los casos, solo hay gasóleo disponible. A veces el camión cisterna llega a media mañana y los vehículos se acumulan delante de la estación cerrada con la esperanza de que en algún momento aparezca la ansiada mercancía.
Pável, que vive en las afueras de la capital, explica a elDiario.es que esta semana ha hecho cuatro horas de cola para llenar el depósito. Después de pasar por varias áreas de repostaje vacías, optó por aparcar a las puertas de un establecimiento donde le prometieron que recibirían un cargamento de combustible al cabo de poco tiempo.
“Hice unas cuantas vueltas buscando gasolina y cuando llegué allí me dije 'aquí me quedo', no podía ni moverme porque mi coche había entrado en reserva”, recuerda. Hasta cuatro horas después no consiguió su objetivo, pese a ser el primero de la fila.
En el centro de la ciudad, los conductores están desesperados. “Es terrible –se queja Svetlana a elDiario.es–, no puedo llevar al niño al colegio sin gasolina y cada vez me toca hacer cola.”
Aleksandr dice que “no le queda más remedio” que armarse de paciencia porque, si no lo hace, no podrá volver a casa desde el trabajo. Pese a los inconvenientes, no cree que las autoridades rusas sean responsables de los problemas de abastecimiento: “El Gobierno hace todo lo posible para solucionarlo, espero que dentro de un mes todo vuelva a la normalidad”.
Svetlana no es tan optimista. “Desgraciadamente, no se resolverá en un futuro próximo”, afirma, porque entiende que los daños causados por los drones ucranianos a las plantas petroleras no son sencillos de reparar. Vladímir añade entre improperios: “Todo tiene que ver con la guerra. Es un mal asunto, una mierda”.
Los nervios de la población han provocado situaciones tensas en algunas estaciones de servicio. Por la red circulan vídeos de discusiones y peleas entre conductores, que incluso han llegado a las manos. Uno de los detonantes es la imagen, bastante habitual, de personas llenando garrafas de gasolina en el maletero de su coche para acumular reservas. Algunos establecimientos de Moscú han limitado temporalmente a 40 litros la cantidad máxima de combustible por vehículo.
El bloguero proguerra Alekséi Kolésnikov explica en Telegram que se llevó treinta litros de combustible para un generador y que, para evitar que alguien se lo impidiera, cogió la manguera con un fusil colgado a la espalda. “Llené la garrafa en silencio y me marché con el pensamiento triste y desagradable de que los años 90 están volviendo. Hay que incomodar a la gente con la aparición de un arma. Quien tiene la pistola, tiene la razón”, escribe.
Los ciudadanos también critican la falta de información. “En las noticias no dicen nada, llevamos una semana igual”, lamenta Dima. El Kremlin ha intentado minimizar la crisis y los medios del régimen han hablado de ella a cuentagotas, pero desde hace unos días incluso la prensa oficialista se ha visto obligada a afrontar el caos.
En total, 63 de las 85 regiones rusas están aplicando algún tipo de restricción a la venta de carburante y 19 han experimentado interrupciones del servicio y aumentos de precio. Durante el fin de semana, la situación empeoró en ocho de las 12 ciudades más importantes de Rusia.
En una entrevista en la televisión estatal el sábado, Putin admitió que “no se han resuelto todos los problemas”, pero aseguró que “se están abordando”. El rostro visible de la crisis es el viceprimer ministro, Aleksandr Novak, que en las últimas horas ha querido dar buenas noticias y ha destacado que varias refinerías ya han vuelto a ponerse en marcha y que espera que aumente el suministro de gasolina.
Refinerías bajo ataque constante
Lo cierto, sin embargo, es que los bombardeos ucranianos contra las plantas de refinado persisten. Se calcula que durante la primera mitad de agosto, al menos nueve empresas de la industria petrolera fueron objeto de ataques. Desde principios de año, cerca de una treintena de refinerías han quedado parcial o totalmente paralizadas.
Actualmente, Rusia ha perdido un 30% de su capacidad de refinado. Una cifra que no solo procede de estimaciones de expertos occidentales, sino que confirma el presidente de la patronal más importante del país, Aleksandr Shojin, en una entrevista con RBC.
Además, el analista de petróleo y gas Mijaíl Krutijin advierte de que, tan pronto como las instalaciones sean reparadas, volverán a ser objetivo de los drones. “Es por eso que Ucrania redujo la intensidad de sus ataques a mediados de julio: simplemente esperaban a que las refinerías volvieran a estar operativas para poder arruinarlas de nuevo”, comenta en una entrevista con Nastoyaschee Vremya TV.
Según Dmitri Prokófiev, de NEFT Research, Rusia está sufriendo las consecuencias de un “efecto acumulativo”. “Las refinerías todavía no han tenido tiempo de restablecer la producción, las reservas de combustible ya están parcialmente agotadas y la demanda estacional ha alcanzado su punto máximo”, indica.
Pese a los mensajes tranquilizadores de las autoridades, el Kremlin ha tomado una medida poco habitual: importar combustible. Desde julio, el Gobierno ruso ha recibido por mar cinco cargamentos de gasolina, además de los frecuentes envíos terrestres desde Bielorrusia. Tres de los barcos procedían de la India, uno de Marruecos y se prevé que el último, procedente de Turquía, llegue a las costas rusas a finales de agosto.
Otra de las medidas que ha autorizado Novak es la venta a los consumidores de gasolina por debajo de los estándares europeos de calidad medioambiental. El viceprimer ministro asegura que su cuota de mercado será inferior al 10%, pero los talleres ya están empezando a observar las consecuencias. Los conductores experimentan averías del motor, pérdida de tracción, dificultades de arranque y un aumento del consumo de combustible.
El número de reparaciones de motores en junio y julio aumentó un 22% respecto al año anterior, según Kommersant. Los vehículos más afectados son los de fabricación china, bastante populares en Rusia. En algunos centros, las quejas sobre estas marcas han pasado de una o dos a la semana a casi diez, y es una incógnita el impacto que esta medida tendrá sobre el funcionamiento de los coches a largo plazo.
Otro interrogante es cómo puede repercutir esta crisis en la economía. Según explica Vladímir Yeremkin en la revista Expert, especializada en negocios, “no es probable que tenga un impacto significativo en la situación general”, si bien reconoce el riesgo de que se acelere la inflación y se frene el crecimiento del Producto Interior Bruto.
En esta misma publicación, Aleksandr Jírov, del Instituto de Previsión Económica de la Academia Rusa de las Ciencias, pone cifras al problema: debido a la escasez de combustible el PIB caerá medio punto a finales de 2026. El crecimiento económico del segundo trimestre –que ascendió al 1,3%– también podría haber sido mayor, sostiene.
Mientras tanto, los rusos se debaten entre el enfado, la resignación y la adaptación. Las ventas de bicicletas se han disparado este verano: durante las dos primeras semanas de agosto, se compraron un 64% más que en las dos semanas anteriores, según la agencia estatal RIA Nóvosti. Al mismo tiempo, la plataforma de comercio electrónico Wildberries ha visto cómo las ventas de este producto aumentaban un 82% desde mediados de julio respecto al año pasado.
Otros, sin embargo, están molestos con la irritación de los conductores. Un sacerdote de la región de Moscú ha pedido a sus feligreses que toleren la escasez de gasolina y no protesten contra el gobierno. El arcipreste Aleksandr Butrin, de la localidad de Friazino, aprovechó el sermón para recordar la obediencia cristiana a las autoridades.
El cura acusó de “conspiradores” y “revolucionarios” a aquellos que “alzan la mano contra el poder estatal”. “Hay que decir que las personas que protestan no son personas espirituales y ciertamente no son feligreses”, terminó diciendo.