El giro histórico de Colombia y el ascenso de la nueva izquierda de América Latina

Gustavo Petro hizo historia la semana pasada tras derrotar al populista Rodolfo Hernández y convertirse en el primer presidente de izquierdas de la historia de Colombia. Tres meses antes, Gabriel Boric, un joven de 35 años que lideró las protestas estudiantiles en Chile, asumió la presidencia tras derrotar al ultraderechista José Antonio Kast. Ambos representan una nueva izquierda en el continente que marca distancias claras con viejos modelos como Venezuela y Nicaragua.

Preguntado si se reconocía con alguno de los gobernantes de izquierdas de América Latina, Boric dijo: “En el caso de Nicaragua no logro encontrar nada, y en el caso de Venezuela es una experiencia que ha fracasado”. Petro también ha sido muy directo: “En Venezuela como en Nicaragua no hay un socialismo, lo que hay es el uso de una retórica de izquierda del siglo XX para encubrir una oligarquía que se roba el Estado, una minoría que gobierna para sí misma y viola los derechos de la mayoría”.

“Hay un surgimiento de una nueva izquierda con un discurso menos polarizador”, dice Anna Ayuso, investigadora sénior del think tank CIDOB de Barcelona. “Una de las cosas de los candidatos de la izquierda de ahora es que evitan identificarse con Venezuela, por ejemplo. Es una izquierda que se presenta más como socialdemócrata. Denuncian estructuras sociales y económicas desiguales, pero huye de esos radicalismos”.

Aun así, Ayuso cree que el auge de estos líderes puede favorecer vías para resolver el conflicto en Venezuela y Nicaragua. “El hecho de que haya unos dirigentes más de izquierdas puede dar lugar a que se abra un mayor diálogo y se abandonen posturas tan agresivas. Lo de Colombia es muy importante porque tenía uno de los discursos más agresivos”, dice. Emir Sader, conocido filósofo y politólogo brasileño, coincide: “Petro se propone normalizar esas relaciones y coincide con un buen momento porque EEUU se está acercando a Maduro por temas energéticos. Es un momento internacional favorable a la pacificación”.

Un giro continental

Una semana después de la primera vuelta chilena, la izquierdista Xiomara Castro se convirtió en la primera presidenta de Honduras y puso fin a 12 años de gobierno conservador. Sus opositores agitaron el miedo al comunismo y el fantasma de Venezuela, pero Castro llegó al poder con un acuerdo con el Partido Salvador, de centroderecha, y cuyo líder es ahora el vicepresidente del país. “El discurso de izquierda de Xiomara Castro es poco ideológico”, dice Ayuso. “En común [con Colombia y Chile] tienen el pragmatismo y la capacidad de arrastrar a las clases medias, pero son países muy poco comparables”.

Además de estos nuevos gobernantes, el continente entero ha experimentado en los últimos años un giro a la izquierda o a gobiernos “antineoliberales”, como dice Sader. “Cada uno tiene rasgos específicos conforme a las condiciones de la izquierda de cada país, pero pertenecen al mismo fenómeno de gobiernos antineoliberales en América Latina”.

El primero de estos cambios se dio en 2018 con la victoria de Andrés Manuel López Obrador en México, que supuso un importante giro político en décadas en el país. Un año después llegó Alberto Fernández a Argentina y en 2020 llegó el turno de Bolivia, donde Luis Arce, candidato del partido de Evo Morales, ganó las elecciones. Meses después, Perú eligió a Pedro Castillo sobre Keiko Fujimori, aunque son muchos los analistas que afirman que la política social de Castillo es conservadora.

Además, en octubre de este año se celebran elecciones en Brasil y el candidato progresista Lula da Silva –que se ha aliado con el centro derecha y que presenta como vicepresidente a Geraldo Alckmin, a quien derrotó en las elecciones de 2006– parte como favorito frente al actual presidente ultraconservador, Jair Bolsonaro. Sin contar a Brasil, solo Uruguay, Paraguay, Ecuador, Guatemala y Costa Rica tienen gobiernos marcadamente conservadores.

El diputado brasileño Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente, publicó un mapa después de conocer el resultado de las elecciones en Colombia en el que marcaba todos los países de la región que, en un ejercicio de simplificación política, considera comunistas. “La responsabilidad del votante brasileño no hace más que aumentar. Ya no es solo por Brasil, es por toda la región”, escribió.

Ayuso señala que el giro político del continente en los últimos cinco años responde a un “ciclo político” nuevo. “El anterior fue un giro a la derecha y venimos precisamente de lo contrario. La alternancia es parte de una cierta salud democrática”. El ciclo anterior comenzó con el cambio de siglo y estuvo marcado por líderes como Hugo Chávez (Venezuela), Lula (Brasil), Evo Morales (Bolivia) y Rafael Correa (Ecuador), entre otros. Sader, autor del libro Lula y la izquierda del siglo XXI, dice que América Latina “es la única región con gobiernos antineoliberales coordinados entre sí y se ha vuelto el epicentro de la lucha política del siglo XXI”. Esto, según él, es consecuencia directa de que el continente sirvió en décadas anteriores de “laboratorio de los experimentos neoliberales”.

Un nuevo eje latinoamericano

“Por primera vez, los tres países más importantes de la región, Brasil, México y Argentina, pueden estar coordinados, además de tener el apoyo de Chile, Colombia y otros”, dice Sader. Lo que hay que plantear ahora, y lo hablaba con García Linera [vicepresidente de Evo Morales], es que no sea solo una coordinación política. Hay que plantearse un modelo alternativo y una política económica alternativa que no solo sea antineoliberal, sino posneoliberal. En esta conversación estaba también Fernando Haddad [ministro durante el mandato de Lula], que fue el que formuló la propuesta de una moneda común sudamericana que Lula incorporó y que es un comienzo de integración económica y serviría para desdolarizar el comercio sudamericano“.

Esa cooperación regional puede dar lugar a un organismo que supere a la OEA, dice Sader. “La CELAC es un embrión, pero hay que tener algo mucho más poderoso y representativo que sustituya a la OEA, cuyo último capítulo fue apoyar el golpe en Bolivia”. Sin embargo, Ayuso considera que todavía “no se dan las condiciones suficientes”, pero lo que sí ha resurgido es “la necesidad de recuperar la cooperación y las respuestas regionales, que ahora están bajo mínimos por la polarización”.

“Venimos de una cumbre de las Américas que ha sido interpretada generalmente como un fracaso”, dice Ayuso. “Hubo una exclusión de algunos Estados por parte de Estados Unidos y lo que se escenificó en la cumbre es que Washington ya no es capaz de arrastrar tanto y ha perdido cierta influencia. Al mismo tiempo, consciente de que no habría grandes resultados, EEUU apostó por temas regionales que preocupan a todos, lo que da por cierta esa visión de que se han dado cuenta de que con posiciones unilaterales no llegan a ningún sitio y que tienen que construir una agenda más regional”. “La lectura general es que estos líderes nuevos pueden hacer que cambie el discurso y el diálogo con EEUU de una manera que sea más autonomista, pero al mismo tiempo, propositiva”.

Sader tiene una visión diferente: “América Latina sola no puede tener una gran fuerza internacional, pero si Brasil vuelve a tener una política internacional soberana, volverá a los BRICS, que son los que hacen de contrapeso a la hegemonía imperial estadounidense, que está en declive. Esa es la polarización del siglo”. “Europa podría ser un gran aliado de América Latina, pero con falta de autonomía respecto a EEUU, es muy difícil. Entonces América Latina tiene que buscar alianzas con los BRICS. Nunca antes en nuestra historia EEUU ha estado tan aislado en el continente”, añade.

“Se puede armar un eje tremendamente interesante”, dijo Boric en referencia a Luis Arce (Bolivia), Lula (Brasil) y Petro (Colombia). Alberto Fernández (Argentina) celebró el triunfo de Petro y apuntó a esa posible alianza: “Aspiro a que poco a poco América Latina vaya encaminándose a ese lugar, en donde podamos estar unidos y construir la patria en unidad que nos hace falta”. “Hay que confrontar con sensatez con ese norte y decirle que no está ni Sudamérica, ni África, ni Asia para soportar los caprichos del norte y padecer los costos de sus políticas”, añadió.

Arce (Bolivia) también celebró los resultados en Colombia: “La integración latinoamericana se fortalece”. En la misma línea se han pronunciado Boric, Castro y Castillo. “Nos une un sentimiento en común que busca mejoras colectivas, sociales y de integración regional para nuestros pueblos”, dijo el presidente peruano. “Trabajaremos juntos por la unidad de nuestro continente en los desafíos de un mundo que cambia velozmente. Seguimos!”, señaló el chileno.

A pesar de estas victorias, muchos de estos dirigentes se han enfrentado o se van a enfrentar a candidatos conservadores polémicos, muchos de ellos populistas e incluso de ultraderecha como Bolsonaro (Brasil), Rodolfo Hernández (Colombia), José Antonio Kast (Chile) y Keiko Fujimori (Perú), entre otros. “Este tipo de líderes seguirá estando porque tienen un público, pero puede ser que estemos en el ciclo de vuelto. El discurso populista ha sido el dominante en los últimos años, tanto a izquierda como a derecha, y lo que vemos en este momento es un intento de volver a una agenda más de propuestas y menos ideologizada, aunque no podemos olvidar la cantidad de votos de estos líderes”, de Ayuso. “Lo que ha habido es un descrédito de la clase política tradicional. En un principio fue a sectores más populistas y radicales, como Bolsonaro, pero en estos momentos no parece que ese sea el discurso dominante”, añade.

Gustavo Petro hizo historia la semana pasada tras derrotar al populista Rodolfo Hernández y convertirse en el primer presidente de izquierdas de la historia de Colombia. Tres meses antes, Gabriel Boric, un joven de 35 años que lideró las protestas estudiantiles en Chile, asumió la presidencia tras derrotar al ultraderechista José Antonio Kast. Ambos representan una nueva izquierda en el continente que marca distancias claras con viejos modelos como Venezuela y Nicaragua.

Preguntado si se reconocía con alguno de los gobernantes de izquierdas de América Latina, Boric dijo: “En el caso de Nicaragua no logro encontrar nada, y en el caso de Venezuela es una experiencia que ha fracasado”. Petro también ha sido muy directo: “En Venezuela como en Nicaragua no hay un socialismo, lo que hay es el uso de una retórica de izquierda del siglo XX para encubrir una oligarquía que se roba el Estado, una minoría que gobierna para sí misma y viola los derechos de la mayoría”.

“Hay un surgimiento de una nueva izquierda con un discurso menos polarizador”, dice Anna Ayuso, investigadora sénior del think tank CIDOB de Barcelona. “Una de las cosas de los candidatos de la izquierda de ahora es que evitan identificarse con Venezuela, por ejemplo. Es una izquierda que se presenta más como socialdemócrata. Denuncian estructuras sociales y económicas desiguales, pero huye de esos radicalismos”.

Aun así, Ayuso cree que el auge de estos líderes puede favorecer vías para resolver el conflicto en Venezuela y Nicaragua. “El hecho de que haya unos dirigentes más de izquierdas puede dar lugar a que se abra un mayor diálogo y se abandonen posturas tan agresivas. Lo de Colombia es muy importante porque tenía uno de los discursos más agresivos”, dice. Emir Sader, conocido filósofo y politólogo brasileño, coincide: “Petro se propone normalizar esas relaciones y coincide con un buen momento porque EEUU se está acercando a Maduro por temas energéticos. Es un momento internacional favorable a la pacificación”.

Un giro continental

Una semana después de la primera vuelta chilena, la izquierdista Xiomara Castro se convirtió en la primera presidenta de Honduras y puso fin a 12 años de gobierno conservador. Sus opositores agitaron el miedo al comunismo y el fantasma de Venezuela, pero Castro llegó al poder con un acuerdo con el Partido Salvador, de centroderecha, y cuyo líder es ahora el vicepresidente del país. “El discurso de izquierda de Xiomara Castro es poco ideológico”, dice Ayuso. “En común [con Colombia y Chile] tienen el pragmatismo y la capacidad de arrastrar a las clases medias, pero son países muy poco comparables”.

Además de estos nuevos gobernantes, el continente entero ha experimentado en los últimos años un giro a la izquierda o a gobiernos “antineoliberales”, como dice Sader. “Cada uno tiene rasgos específicos conforme a las condiciones de la izquierda de cada país, pero pertenecen al mismo fenómeno de gobiernos antineoliberales en América Latina”.

El primero de estos cambios se dio en 2018 con la victoria de Andrés Manuel López Obrador en México, que supuso un importante giro político en décadas en el país. Un año después llegó Alberto Fernández a Argentina y en 2020 llegó el turno de Bolivia, donde Luis Arce, candidato del partido de Evo Morales, ganó las elecciones. Meses después, Perú eligió a Pedro Castillo sobre Keiko Fujimori, aunque son muchos los analistas que afirman que la política social de Castillo es conservadora.

Además, en octubre de este año se celebran elecciones en Brasil y el candidato progresista Lula da Silva –que se ha aliado con el centro derecha y que presenta como vicepresidente a Geraldo Alckmin, a quien derrotó en las elecciones de 2006– parte como favorito frente al actual presidente ultraconservador, Jair Bolsonaro. Sin contar a Brasil, solo Uruguay, Paraguay, Ecuador, Guatemala y Costa Rica tienen gobiernos marcadamente conservadores.

El diputado brasileño Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente, publicó un mapa después de conocer el resultado de las elecciones en Colombia en el que marcaba todos los países de la región que, en un ejercicio de simplificación política, considera comunistas. “La responsabilidad del votante brasileño no hace más que aumentar. Ya no es solo por Brasil, es por toda la región”, escribió.

Ayuso señala que el giro político del continente en los últimos cinco años responde a un “ciclo político” nuevo. “El anterior fue un giro a la derecha y venimos precisamente de lo contrario. La alternancia es parte de una cierta salud democrática”. El ciclo anterior comenzó con el cambio de siglo y estuvo marcado por líderes como Hugo Chávez (Venezuela), Lula (Brasil), Evo Morales (Bolivia) y Rafael Correa (Ecuador), entre otros. Sader, autor del libro Lula y la izquierda del siglo XXI, dice que América Latina “es la única región con gobiernos antineoliberales coordinados entre sí y se ha vuelto el epicentro de la lucha política del siglo XXI”. Esto, según él, es consecuencia directa de que el continente sirvió en décadas anteriores de “laboratorio de los experimentos neoliberales”.

Un nuevo eje latinoamericano

“Por primera vez, los tres países más importantes de la región, Brasil, México y Argentina, pueden estar coordinados, además de tener el apoyo de Chile, Colombia y otros”, dice Sader. Lo que hay que plantear ahora, y lo hablaba con García Linera [vicepresidente de Evo Morales], es que no sea solo una coordinación política. Hay que plantearse un modelo alternativo y una política económica alternativa que no solo sea antineoliberal, sino posneoliberal. En esta conversación estaba también Fernando Haddad [ministro durante el mandato de Lula], que fue el que formuló la propuesta de una moneda común sudamericana que Lula incorporó y que es un comienzo de integración económica y serviría para desdolarizar el comercio sudamericano“.

Esa cooperación regional puede dar lugar a un organismo que supere a la OEA, dice Sader. “La CELAC es un embrión, pero hay que tener algo mucho más poderoso y representativo que sustituya a la OEA, cuyo último capítulo fue apoyar el golpe en Bolivia”. Sin embargo, Ayuso considera que todavía “no se dan las condiciones suficientes”, pero lo que sí ha resurgido es “la necesidad de recuperar la cooperación y las respuestas regionales, que ahora están bajo mínimos por la polarización”.

“Venimos de una cumbre de las Américas que ha sido interpretada generalmente como un fracaso”, dice Ayuso. “Hubo una exclusión de algunos Estados por parte de Estados Unidos y lo que se escenificó en la cumbre es que Washington ya no es capaz de arrastrar tanto y ha perdido cierta influencia. Al mismo tiempo, consciente de que no habría grandes resultados, EEUU apostó por temas regionales que preocupan a todos, lo que da por cierta esa visión de que se han dado cuenta de que con posiciones unilaterales no llegan a ningún sitio y que tienen que construir una agenda más regional”. “La lectura general es que estos líderes nuevos pueden hacer que cambie el discurso y el diálogo con EEUU de una manera que sea más autonomista, pero al mismo tiempo, propositiva”.

Sader tiene una visión diferente: “América Latina sola no puede tener una gran fuerza internacional, pero si Brasil vuelve a tener una política internacional soberana, volverá a los BRICS, que son los que hacen de contrapeso a la hegemonía imperial estadounidense, que está en declive. Esa es la polarización del siglo”. “Europa podría ser un gran aliado de América Latina, pero con falta de autonomía respecto a EEUU, es muy difícil. Entonces América Latina tiene que buscar alianzas con los BRICS. Nunca antes en nuestra historia EEUU ha estado tan aislado en el continente”, añade.

“Se puede armar un eje tremendamente interesante”, dijo Boric en referencia a Luis Arce (Bolivia), Lula (Brasil) y Petro (Colombia). Alberto Fernández (Argentina) celebró el triunfo de Petro y apuntó a esa posible alianza: “Aspiro a que poco a poco América Latina vaya encaminándose a ese lugar, en donde podamos estar unidos y construir la patria en unidad que nos hace falta”. “Hay que confrontar con sensatez con ese norte y decirle que no está ni Sudamérica, ni África, ni Asia para soportar los caprichos del norte y padecer los costos de sus políticas”, añadió.

Arce (Bolivia) también celebró los resultados en Colombia: “La integración latinoamericana se fortalece”. En la misma línea se han pronunciado Boric, Castro y Castillo. “Nos une un sentimiento en común que busca mejoras colectivas, sociales y de integración regional para nuestros pueblos”, dijo el presidente peruano. “Trabajaremos juntos por la unidad de nuestro continente en los desafíos de un mundo que cambia velozmente. Seguimos!”, señaló el chileno.

A pesar de estas victorias, muchos de estos dirigentes se han enfrentado o se van a enfrentar a candidatos conservadores polémicos, muchos de ellos populistas e incluso de ultraderecha como Bolsonaro (Brasil), Rodolfo Hernández (Colombia), José Antonio Kast (Chile) y Keiko Fujimori (Perú), entre otros. “Este tipo de líderes seguirá estando porque tienen un público, pero puede ser que estemos en el ciclo de vuelto. El discurso populista ha sido el dominante en los últimos años, tanto a izquierda como a derecha, y lo que vemos en este momento es un intento de volver a una agenda más de propuestas y menos ideologizada, aunque no podemos olvidar la cantidad de votos de estos líderes”, de Ayuso. “Lo que ha habido es un descrédito de la clase política tradicional. En un principio fue a sectores más populistas y radicales, como Bolsonaro, pero en estos momentos no parece que ese sea el discurso dominante”, añade.

Gustavo Petro hizo historia la semana pasada tras derrotar al populista Rodolfo Hernández y convertirse en el primer presidente de izquierdas de la historia de Colombia. Tres meses antes, Gabriel Boric, un joven de 35 años que lideró las protestas estudiantiles en Chile, asumió la presidencia tras derrotar al ultraderechista José Antonio Kast. Ambos representan una nueva izquierda en el continente que marca distancias claras con viejos modelos como Venezuela y Nicaragua.

Preguntado si se reconocía con alguno de los gobernantes de izquierdas de América Latina, Boric dijo: “En el caso de Nicaragua no logro encontrar nada, y en el caso de Venezuela es una experiencia que ha fracasado”. Petro también ha sido muy directo: “En Venezuela como en Nicaragua no hay un socialismo, lo que hay es el uso de una retórica de izquierda del siglo XX para encubrir una oligarquía que se roba el Estado, una minoría que gobierna para sí misma y viola los derechos de la mayoría”.