Israel difunde un documental que copia la estética y el nombre de 'Naza' para contar su versión del genocidio en Gaza
Israel ha decidido defenderse frente al documental Naza, que expone el sistema detrás de los bombardeos masivos contra objetivos civiles en Gaza, lanzando un documental muy parecido con el título Naza: la historia real, en el cual refuta el contenido del original y aporta su versión de los hechos. Producido en un tiempo récord, el filme de 49 minutos condensa la propaganda que el Ejército y el Gobierno israelíes vienen repitiendo en los pasados 3 años, desde que emprendieron la brutal ofensiva contra la población de la Franja, donde han asesinado a más de 74.000 personas.
A partir del estreno de Naza a mediados del pasado septiembre en el Festival de Venecia —donde recibió un aplauso de 25 minutos—, el Gobierno, el Ejército y todos sus aparatos de propaganda se han volcado en rebatir las acusaciones que contiene el documental de Yuval Abraham y Rachel Szor, que reúne las entrevistas con más de 20 militares que explican cómo se empleaba la Inteligencia Artificial para seleccionar un gran número de objetivos en Gaza y cómo se bombardeaban edificios enteros, incluso barrios, para matar a supuestos integrantes del grupo palestino Hamás. Y sus familias, incluidos numerosos niños. Algunos de los entrevistados (todos con el rostro oculto y sus voces distorsionadas para evitar que sean identificados) estaban involucrados en la toma de decisiones y declaran que sabían que los hijos de los milicianos morirían en los bombardeos, pero no importaba.
Precisamente, el nombre NAZA es un acrónimo que en hebreo se usa para referirse a los civiles que podrían morir en un ataque —esto es, los “daños colaterales”—, que el ejército calcula antes de autorizar un bombardeo.
En Naza: la historia real, una voz en off se refiere sin nombrar al documental original y afirma que “cuando se hace una película lejos de la línea de fuego (...) es fácil editar, es fácil omitir y es fácil inventar una narrativa falsa sobre el ejército más moral del mundo”. Así es como la propaganda israelí ha descrito al ejército desde hace muchos años y ha trabajado para mantener esa imagen y esa reputación impolutas. Por ello, Naza ha molestado tanto a los dirigentes políticos y militares de Israel, porque las acusaciones no vienen desde fuera sino de los propios miembros del ejército, varios de ellos pertenecientes a una unidad de élite de la Inteligencia.
El filme de propaganda también incluye entrevistas con militares, que también ocultan su rostro y su nombre, pero no su supuesto cargo. Hablan de espalda a la cámara en un balcón con plantas, reproduciendo la idea de Naza, en la que las entrevistas tienen lugar en azoteas de Tel Aviv por la noche, mientras se ven las luces y la actividad de la ciudad alrededor. El plano es fijo y el resultado estético es bastante peor que en el documental original; además de las entrevistas, se muestran imágenes de las operaciones militares en Gaza y de los soldados israelíes descubriendo arsenales de armas, uniformes o túneles de Hamás en viviendas, hospitales o escuelas de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA).
Uno de los entrevistados anónimos asegura que los milicianos de Hamás “se repliegan hacia zonas muy pobladas y con muchísima gente”, porque saben que el ejército israelí “no dispara a discreción”. “Hay dos casos en los que nos topamos con terroristas al amparo de actividades humanitarias”, afirma. Otro declara: “Antes de autorizar cualquier ataque, aunque sea de artillería, ni hablar de los bombardeos aéreos, primero te aseguras de que el área sea legalmente una zona de combate”. Agrega que para atacar cerca de localizaciones como mezquitas, clínicas o escuelas son necesarias “autorizaciones especiales que no se dan de buenas a primera”.
La finalidad de los testimonios es demostrar que Hamás se escondía en y actuaba desde infraestructuras civiles y, por tanto, era necesario bombardear esos lugares; y que el ejército jamás ataca a civiles de forma intencionada. Son los mismos argumentos que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) vienen esgrimiendo desde el comienzo de la ofensiva contra la Franja, en la que la mayoría de las víctimas son mujeres y niños, según datos del Ministerio de Sanidad palestino (validados por la propia ONU).
Naza: la historia real está disponible en nueve idiomas, incluido el español, y se puede ver online en una página creada para el documental, que está siendo difundido y publicitado oficialmente —sin ir más lejos, por parte de la Embajada de Israel en Estados Unidos—. La web señala que ya ha sido visto por millones de espectadores. Eso contrasta con Naza, el original, que aún no ha sido estrenado en salas de cine en Israel y tampoco está disponible online, aunque los directores han anunciado que lo estará a partir de noviembre.
Incluso antes de que la mayoría del público israelí haya podido verlo, el documental de Abraham y Szor ha sido descalificado y rechazado, y ambos han sido atacados y tachados de 'traidores'; el Gobierno ha amenazado con quitarles la nacionalidad israelí. Los directores no sólo se atreven a poner en duda la moralidad del ejército y su actuación, sino que muestran cómo la vida proseguía en Tel Aviv, en las casas de los israelíes, mientras a unos 60 kilómetros de distancia, en la Franja, ocurría un genocidio.
El Ejército israelí ya había respondido públicamente a Naza en un largo comunicado en el que rebatía punto por punto las declaraciones y cifras que aparecen en el documental. Por ejemplo, negó que se hubiera planificado, aprobado ni ejecutado jamás un bombardeo con 500 NAZA (civiles que podían morir). También negó el uso de la Inteligencia Artificial para designar objetivos o decidir si esos objetivos son atacados, algo que fue revelado por investigaciones periodísticas anteriores al documental.