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Franco Delle Donne, experto en extrema derecha: “Trump y Bolsonaro no han sabido atraer a votantes fuera de su núcleo duro”

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Ayer fue fiesta en Madrid, así que para este boletín he dejado preparada una entrevista con un buen amigo de elDiario.es y uno de los grandes expertos en autoritarismos y extremas derechas, Franco Delle Donne. Hablamos de Israel, de las midterms de hoy en EEUU en las que Trump se la juega y, por supuesto, de la derrota y huida de Flávio Bolsonaro.

Delle Donne acaba de publicar 'En la mente de... Cómo piensan los líderes autoritarios del siglo XXI (y por qué ganan)' junto a El Orden Mundial (Ariel).

Parece que ahora, de cara a las elecciones de mitad de mandato, Trump se ha convertido en un pasivo más que en un activo para los suyos. Mientras tanto, el bolsonarismo da sus últimos coletazos, ¿cómo interpreta este momento delicado para dos movimientos clave de la internacional reaccionaria?

Lo de Trump y Bolsonaro tiene que ver con un problema que han desarrollado esos dos casos concretos que les ha impedido activar una dinámica propia de este tipo de partidos y que consiste en movilizar una periferia de votantes que rodea al núcleo más convencido.

Esa periferia de diferentes grupos de votantes decide apoyar al líder radical por diferentes razones, pero no son necesariamente convencidos de esa ideología, sino que tienen una necesidad de expresar sus enfados políticos a través de ese voto. Por ejemplo personas que sienten que el Estado de bienestar ya no les cuida; otro grupo con un interés más cultural contra el feminismo o el colectivo LGTBI que en otro momento han votado a la derecha; otros más cercanos a una visión más liberal que quieren menos intervención estatal... Toda esta constelación de grupos permite a estos movimientos lograr el 50 más uno. Eso es lo que pasó con el primer Bolsonaro, con Trump, con Argentina...

Trump no ha podido controlar la inflación y esa es una de las razones por las que no ha podido atraer a la porción suficiente de esa periferia. En el caso de Bolsonaro, no ha sabido convencer como hizo su padre y no porque quieran más a Lula, sino que existe una sensación de lejanía con su discurso. No se trata tanto de que gobiernan, lo hacen mal y por eso son castigados, sino que ya no tienen un discurso rupturista y hay una merma en la capacidad de generar atracción a esos sectores periféricos.

¿Esa falta de movilización en la izquierda podría convertirse en una tendencia de la ultraderecha a partir de ahora?

Sí. Podría ser el punto débil, pero lo que pasa es que esa periferia es volátil y, por tanto, igual que se acercó a Lula, se puede volver a alejar. Tiene que ver con una idea que sale del eje izquierda y derecha.

En Israel, las formaciones de los dos ministros más radicales del gobierno han mantenido su apoyo mientras que Netanyahu, pese a perder escaños, sigue siendo primera fuerza. ¿Qué nos dice esto sobre la radicalización de la sociedad israelí tras tres años de genocidio?

Si bien se mantiene como primera fuerza, hay un quiebre y se empiezan a marcar dos modelos de país que quizá en otro momento no estaban tan claros. También está la dinámica de denunciar fraude cuando estos partidos pierden. Esto dice mucho de la erosión de la legitimidad democrática en Israel y muchos otros países donde ha ocurrido. Lo que hay que estudiar en este momento es si se trata de un camino de radicalización o de polarización.

Estamos viendo desde hace tiempo a la democracia como un instrumento que nos tiene que solucionar problemas de nuestra vida y poco a poco lo hemos dejado de ver como un sistema de valores que garantiza que tengamos ciertos derechos y garantías

¿Qué tienen en común todos los personajes que analiza en el libro, desde Xi Jinping a Giorgia Meloni, y por qué esta selección?

El primer elemento común es que todos tienen una raíz o tendencia autoritaria. Da igual cómo llegaron al poder o cómo es el sistema político, los elegimos porque tienen ese componente. Pero más allá de eso, surgen varios elementos clave, como el pragmatismo o la paciencia para construir poder. Incluso se ve en aquellos que no lo querían, como Mohamed VI, quien logra construirlo de tal forma que le sirvió para ser uno de los hombres más ricos de África y para armar ese reinado a su imagen y semejanza.

Un tercer tema importante es que todos tienen 'daddy issues', es decir, algún tema o problema con su padre o familia que termina impactando en las decisiones posteriores. Milei tiene una relación muy complicada con sus padres; a Meloni, su padre, comunista, le deja y a los 15 se suma al Movimiento Social Italiano [fascista] en un barrio obrero profundamente comunista; Trump tenía al padre que le exigía ser el mejor, lo llamaba idiota...; el padre de Mohamed VI dijo que su hijo era un error de cromosoma... Y así uno a uno.

Muchos de los líderes de extrema derecha llegan a través de mecanismos democráticos al poder, aunque luego debiliten esos mismos mecanismos ¿En qué ha fracasado la democracia para no conseguir impedir su propia destrucción desde dentro?

Estamos viendo desde hace tiempo a la democracia como un instrumento que nos tiene que solucionar problemas de nuestra vida y poco a poco lo hemos dejado de ver como un sistema de valores que garantiza que tengamos ciertos derechos y garantías y que podamos vivir la vida que más o menos queremos vivir, al menos en las democracias liberales.

Ahí han fallado, en primer lugar, el resto de las fuerzas políticas de todo el espectro político que no han sido capaces de sostener la opinión de que hay que mantener el statu quo para que sigamos viendo esta democracia como lo mejor que tenemos. Hay un descontento, hay una sensación de promesa rota y hay unas expectativas no cumplidas, como que si trabajas y te esfuerzas podrás comprarte una casa. Esa injusticia se convierte en capital político que estos partidos, a su vez, convierten en una reivindicación y parte de su promesa política.

Tal y como lo desarrolló Arlie Russell, la gente tiene la imagen de que está en una fila que debería llevarlos al sueño americano. Pero esa fila está quieta, no avanza. Aunque haces todo para que avance y te portas bien, no recibes lo que mereces. Pronto empiezas a escuchar voces de que la fila no avanza porque hay migrantes que se están colando, minorías que están recibiendo lo que no les corresponde y políticos que son cómplices de todo eso.

Esto ha ocurrido en diferentes momentos de la historia y en todo el espectro político, pero la diferencia con estos líderes es que tienen una interpretación de lo que tiene que pasar a posteriori para torcer el rumbo y dejar la decadencia. Esa interpretación tiene que ver con una visión profundamente ultraconservadora, nativista y autoritaria de cómo tienen que ser las cosas. Autoritario en el sentido de que los problemas se solucionan con mano dura y que los problemas sociales son problemas de seguridad.

A eso se le suma el otro elemento: cuando estos partidos llegan al poder, podríamos confiar en que hay instituciones que pueden sostener o contener ese avance autoritario. Y lo que hemos visto es que paso a paso ese avance autoritario no ha podido ser controlado. Hemos confiado demasiado en esas instituciones y hemos subestimado el fenómeno. Decíamos que eran accidentes o anomalías de la historia y que no iba a pasar nada, pero lo que hemos visto es que el proceso es casi la misma película en todos los países: llegada al poder, erosión del poder judicial, reforma constitucional, control de los medios de comunicación, persecución de la oposición y poco respeto ante las organizaciones internacionales.

Comenzó a estudiar la ultraderecha con una Alternativa para Alemania recién nacida y ha visto su evolución. Está ganando elecciones regionales, en los sondeos es la primera fuerza nacional... ¿Cuál es su conclusión de todo este proceso evolutivo de la última década?

Soy testigo de la creación de un monstruo. Esto empezó como una suerte de mal menor. Alemania era uno de los pocos países que no tenía un partido euroescéptico, pero eso cambia y empieza a emerger un sector disconforme con las políticas de rescate de bancos y rescate del sur de Europa en la época de Merkel. Ahí empecé a ver frases que hasta entonces no encajaban en la normalidad política alemana, como la idea de extirpar los elementos malos. Es lo que usaban los nazis para extirpar a los judíos de la sociedad alemana.

De forma similar al relato de la fila en EEUU, a los ciudadanos del este se les dijo que iban a ser iguales al oeste. Esa expectativa no se cumplió y esta gente se aprovechó de ello. Alemania y la historia de AfD resume el desarrollo de los últimos años de esa ultraderecha que vemos en diferentes lugares del mundo.

AfD hace algo que no había hecho ninguno. Les dice a los ciudadanos del este que lo que les ocurre es injusto y que ellos van a terminar el proceso de reunificación. Y estos últimos tres, cuatro o cinco pasos que faltan son los que coinciden con sus ideas: una nación unida, una nación alemana pura, sin migración, etcétera, etcétera. Logran montar la ideología de extrema derecha sobre el discurso populista y volverla legítima y lógica.

Este camino empieza en 2014, cuando AfD saca un 10% en las regionales. En la política alemana nadie reacciona porque piensan que es un problema momentáneo que se solucionará. Tres años después, en 2017, entran al Bundestag. Años después asumen un proceso de radicalización que culmina cuando Björn Höcke, líder de Turingia, toma el poder en un congreso del partido justo 100 años después del primer congreso nazi y da un discurso en el que dice: esta es la AfD que yo quería.

Marruecos sabe mucho más de España que España de Marruecos. Él puede negociar de manera mucho más ambiciosa que un líder democrático que tiene un montón de ojos observando qué hace y si está moralmente en lo correcto o no

¿Qué nos dice el ascenso de figuras como Le Pen, Meloni o Alice Weidel sobre la nueva cara de la epidemia ultra?

Meloni y Le Pen son representantes de un femonacionalismo que utiliza elementos del feminismo mezclado con la islamofobia. El caso de Weidel va un paso más allá: no solamente es mujer, sino que es lesbiana, está casada con una mujer extranjera de Sri Lanka que vive en Suiza y tienen hijos. Y cuando se le pregunta, su respuesta es que ella apoya la familia tradicional, pero que no es su caso. Tenemos que dejar de buscar justificaciones y respuestas lógicas en ellos. Lo que están haciendo son statements todo el tiempo. No le interesa explicarte la contradicción.

Describe en el libro un Mohamed VI autoritario, pero con una paradoja, que es que quizás ni siquiera le gusta gobernar ¿Cómo cree que ha afectado a su imagen dentro y fuera del país el último episodio migratorio en España?

Marruecos sabe mucho más de España que España de Marruecos. Es muy difícil medir y saber qué impacto pudo haber tenido en la población y en las élites porque es un régimen muy opaco. La lectura habría que hacerla más del lado estratégico. Cómo está usando él esa opacidad como una carta para discutir, negociar o tener aliados. Él puede negociar de manera mucho más ambiciosa que un líder democrático que tiene un montón de ojos observando qué hace y si está moralmente en lo correcto o no.

Tienes que escuchar...

Saint Levant, cantautor palestino. Saint Levant, cuyo nombre de pila es Marwan Abdelhamid, nació en Jerusalén, vivió en Gaza hasta 2007 y posteriormente se mudó a Jordania. Vivió en EEUU y estudió Relaciones Internacionales en la Universidad de California, donde comenzó su activismo a favor de los palestinos subiendo vídeos a redes.

En los últimos años, ha tenido mucho éxito como músico, sin abandonar sus reivindicaciones. En este temazo rapea junto con Mc Abdul, un rapero gazatí de 18 años que se hizo famoso por su canción sobre la libertad frente a su escuela bombardeada. Este tema se llama Deira, que es el nombre del hotel de 22 habitaciones que tenía su padre en Gaza y que el ejército israelí bombardeó y destruyó en 2023. “Crecí en un hotel construido con el cerebro arquitectónico de mi padre. Y, para mí, fueron los mejores años de mi vida”.