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Suecia decide entre la entrada de la ultraderecha al Gobierno o el retorno de la izquierda en unas elecciones muy disputadas

Òscar Gelis Pons

Copenhague —
12 de septiembre de 2026 21:43 h

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Suecia vota este domingo en unas elecciones ajustadas que se han convertido, en la práctica, en un plebiscito sobre la entrada al gobierno de la formación de ultraderecha Demócratas de Suecia (SD). Su eventual incorporación al ejecutivo culminaría la transformación de un partido que durante décadas fue considerado un paria político en un socio de confianza en el Gobierno.

Según las últimas encuestas del viernes, SD obtendría alrededor del 18% de los votos mientras que los partidos del bloque de centroderecha que lidera el primer ministro Ulf Kristersson se han comprometido a incorporar a la formación ultra al Gobierno para reeditar su mandato. Sin embargo, Kristersson afronta unas elecciones cuesta arriba, ya que los sondeos dan la victoria al partido de los socialdemócratas (con el 28,6% de los votos) y dan opciones a formar una coalición de izquierda-verde, aunque la ventaja respecto a los partidos del bloque conservador se va haciendo cada vez más ajustada con cada nueva encuesta.

Ulf Kristersson, de 62 años, fue elegido primer ministro en 2022 como líder del Partido Moderado, al frente de una coalición junto a los Demócratas Cristianos y los Liberales. El Ejecutivo salió adelante gracias al apoyo parlamentario de Demócratas de Suecia, que, aunque ha permanecido fuera del Gobierno, ha logrado ejercer una influencia significativa sobre sus políticas.

En los últimos cuatro años, el Ejecutivo ha abolido la residencia permanente para los solicitantes de asilo, ha endurecido las normas para que los inmigrantes reciban ayudas sociales y ha intensificado las deportaciones para las personas que no tienen derecho a vivir en el país. El primer ministro ha defendido durante la campaña que Suecia necesita un gobierno de mayoría estable para hacer frente a los principales desafíos del país, desde la seguridad nacional hasta la lucha contra el crimen organizado. Y sostiene que para lograrlo será necesario incorporar a Demócratas de Suecia al Ejecutivo, lo que supondría la entrada por primera vez de la ultraderecha en un gobierno sueco.

El partido ultraderechista lleva dos décadas bajo el liderazgo de Jimmie Åkesson, quien ha transformado la formación, nacida en los márgenes de la extrema derecha y con vínculos neonazis en sus orígenes, en la principal fuerza de la derecha en el Parlamento sueco. A finales de junio de 2025, el partido publicó un extenso informe sobre sus orígenes, detallando sus vínculos pasados con organizaciones fascistas y nazis, así como las opiniones xenófobas y antisemitas de algunos de sus miembros. Åkesson pidió disculpas en nombre del partido, aunque sigue fomentando el odio hacia la población musulmana en sus discursos.

El debate migratorio pierde peso

En esta campaña, el mantenimiento de la ley y el orden público, que durante años figuraron entre las principales preocupaciones de los suecos, ha perdido protagonismo frente a la sanidad, la educación y la economía, unos temas en los que, según los analistas, los socialdemócratas tienen ventaja. Al mismo tiempo, los tiroteos y la violencia de las bandas, dos de los principales argumentos esgrimidos por la ultraderecha para conseguir votos, han experimentado un fuerte descenso en los últimos años.

Según datos de los cuerpos policiales, los tiroteos se han reducido casi a la mitad en 2026 y, por primera vez en muchos meses, en mayo no se registró ninguna muerte por arma de fuego en Suecia. Un descenso que, paradójicamente, pone de relieve hasta qué punto la violencia vinculada a las bandas llegó a convertirse en un problema grave en el país.

A pesar del consenso sobre la inmigración, muchos suecos siguen sintiendo una profunda inquietud hacia la llegada de la extrema derecha al gobierno

Kristersson atribuye este descenso de la violencia a la acción de su Gobierno –a pesar de que el problema de las pandillas persiste–. Su ejecutivo ha endurecido las penas por los delitos violentos y ha dado mayores poderes a los cuerpos policiales para actuar contra el crimen organizado. El Partido de los Moderados también ha reivindicado en campaña que en la última legislatura ha impulsado el crecimiento económico con medidas como bajar los precios de la energía y los alimentos, a la vez que se ha reducido la llegada de solicitantes de asilo hasta mínimos históricos.

Jonnas Hinnfors, politólogo de la Universidad de Gotemburgo, explica que el debate migratorio ha perdido peso en esta campaña, aunque sigue siendo uno de los principales factores que movilizan al electorado de SD. Con la caída de las solicitudes de asilo, señala, el foco del debate se ha desplazado. “Los partidos ya no discuten sobre cómo frenar las llegadas, sino sobre la integración y qué hacer con quienes ya viven en Suecia”, dice el experto a elDiario.es.

Un bloque de izquierdas dividido

Algunas ideas que han calado estos cuatro años de gobierno apoyado por la ultraderecha –y han supuesto el fin de la cultura de la acogida en el país nórdico– han terminado impregnando los postulados de la oposición de centroizquierda. El partido de los socialdemócratas de la candidata Magdalena Andersson se ha comprometido a mantener estas políticas de inmigración cada vez más restrictivas si llega al poder. “Pero, a pesar de este consenso sobre la inmigración, muchos suecos siguen sintiendo una profunda inquietud hacia la llegada de la extrema derecha al gobierno”, subraya Hinnfors.

Al ser preguntada sobre su postura en la materia, Andersson afirmó que la política migratoria que Suecia había mantenido anteriormente era insostenible. La líder socialdemócrata también ha expresado que su partido estaría dispuesto a apoyar los “centros de retorno” para inmigrantes en terceros países fuera de la UE para las personas cuya solicitud haya sido rechazada.

Andersson, de 59 años, ya ocupó el cargo de primera ministra entre 2021 y 2022, convirtiéndose en la primera mujer en la historia de Suecia en llegar al puesto. Durante su mandato, tuvo que conducir el país en medio de la crisis de la COVID y dio los primeros pasos para el posterior ingreso en la OTAN. En sus dos años de Gobierno, Andersson, formada en la gestión financiera, se ganó fama de ser una política impaciente, directa y frugal en cuanto a las negociaciones de los presupuestos con la UE. Su candidatura para esta campaña se ha basado en hacer una defensa férrea del Estado del bienestar frente al giro liberal-conservador de los últimos años.

Durante meses, las encuestas han dado prácticamente por segura una victoria de Andersson junto con una mayoría para el bloque de izquierda-verde, que llegó a aventajar en hasta 12 puntos al bloque de centroderecha en algunos sondeos de primavera. Sin embargo, en los últimos meses han perdido terreno en las encuestas y habrá que esperar al domingo para comprobar cómo se traduce finalmente en las urnas.

En un mensaje publicado en Facebook durante la campaña, Andersson ha advertido de que las elecciones no se reducen a decidir entre ella y el actual primer ministro, Ulf Kristersson. También está en juego, sostiene, la influencia que la ultraderecha tendrá sobre áreas como la defensa, la educación, la cultura y las finanzas. “Eso daría lugar a una Suecia muy diferente”, ha afirmado.

Una victoria de Andersson tampoco garantizaría un gobierno estable. Los cuatro partidos del bloque progresista, los socialdemócratas, los Verdes, el Partido de la Izquierda y el Partido del Centro, comparten una apuesta general por reforzar el Estado del bienestar y aumentar el gasto público, pero discrepan en cuestiones clave, como la creación de un impuesto para los multimillonarios o la construcción de nuevos reactores nucleares. Además, el Partido del Centro ha descartado formar parte de un ejecutivo junto al Partido de la Izquierda, una posición que podría complicar las negociaciones para formar gobierno.