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Rock, café, pastas y radicalismo vestido de amabilidad: dentro de un mitin del partido de extrema derecha de Suecia

Òscar Gelis Pons

Malmö (Suecia) —
9 de septiembre de 2026 22:45 h

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El mitin del partido ultraderechista Demócratas de Suecia (SD) arranca pareciendo más un concierto de rock que un acto político. Sobre el escenario, suena a todo volumen una banda iluminada por un juego de luces y llamaradas que interpreta una canción compuesta y escrita, entre otros, por el líder de la formación, Jimmie Akesson. El público va ocupando el espacio, hay café y pastas de canela gratuitos, y bebidas energéticas para los numerosos asistentes, muchos de ellos todavía adolescentes sin edad de votar en las próximas elecciones generales, que se celebran el domingo. El ambiente es festivo, a pesar del aparatoso despliegue policial que acordona la plaza. Cuando termina la música, varios centenares de personas esperan la aparición de Jimmie Åkesson, el líder de la formación ultraderechista, que se ha convertido en la gran estrella de la tarde en Malmö.

SD ha apoyado durante los últimos cuatro años a un gobierno minoritario de centroderecha que ha impulsado profundos cambios políticos en el país escandinavo. Hasta el punto de que Åkesson afirma haber “ganado la batalla de las ideas” y considera que su formación merece formar parte del gobierno, un hecho del que no hay precedentes.

Los sondeos electorales señalan que la ultraderecha puede volver a superar a la derecha tradicional del Partido Moderado, la formación del primer ministro, Ulf Kristersson. Las encuestas las lidera el partido socialdemócrata, con una diferencia de entre seis y ocho puntos sobre SD, aunque esta distancia se va estrechando en los sondeos a medida que se acerca el día de las votaciones.

De las raíces nazis a la aceptación

Entre los asistentes al mitin de Malmö está el diputado de SD de origen iraní Nima Gholam Ali Pour. El parlamentario sostiene que en la política sueca ya no queda ni rastro del ostracismo al que durante años estuvo sometida la formación de ultraderecha a la que representa. Según la interpretación de Pour, tanto los conservadores como los democristianos aceptarían la entrada de SD en una coalición de gobierno, mientras que el partido de los liberales también ha dejado de ser un impedimento: “No hay obstáculos, pero los gobiernos de Tidö (nombre que recibe la coalición de gobierno de derechas) tienen que conseguir la mayoría, ese es el único obstáculo” dice.

No obstante, aunque SD repitiera en las próximas elecciones los resultados de hace cuatro años, su líder descarta reclamar el puesto de primer ministro: “Aún nos tenemos que ganar la confianza de los otros partidos paso a paso” justifica Pour.

Con el auge de SD, el relato político ha cambiado de forma radical en lo que respecta al endurecimiento de la inmigración y en cuanto a las políticas contra el crimen organizado

La presencia de un refugiado iraní como Pour en las filas de SD ilustra hasta qué punto el partido ha tratado de desprenderse de su pasado vinculado a los movimientos supremacistas blancos desde su fundación, en 1988, para convertirse en una fuerza política con aspiraciones mayoritarias en Suecia. Esta transformación se debe en buena medida a Åkesson, de 47 años, que se incorporó al partido en los años 90 y asumió el liderazgo en 2005. Desde entonces, SD no ha dejado de crecer elección tras elección.

Sin embargo, la política antimigratoria y la relación de migración con delincuencia es un pilar constante de sus discursos. “Suecia ha tenido una política de inmigración totalmente irresponsable durante décadas, y ustedes aquí en Malmö lo saben mejor que nadie en el país: saben a lo que ha llevado en forma de segregación, exclusión, criminalidad, erosión del bienestar, dependencia de subsidios y escasez de vivienda”, señala el líder ultra desde el escenario. “No me gusta la palabra 'integración' si significa que los suecos debamos adaptarnos a valores medievales que han llegado aquí; son quienes han venido los que deben adaptarse a nosotros, punto final”.

Exteclista en una banda de rock vikingo, el líder ultra cultiva una imagen formal y simpática, mientras la formación aboga por prohibir la vestimenta islámica tradicional en las calles, demoler mezquitas y aumentar las expulsiones de inmigrantes. Para el politólogo de la Universidad de Gotemburgo Jonnas Hinnfors, la influencia de SD se mide no solo por sus resultados electorales, sino por cómo ha conseguido que sus adversarios políticos adopten parte de su agenda. “Con el auge de SD, la narrativa política ha cambiado de forma radical, sin duda en lo que respecta al endurecimiento de la inmigración, pero también en cuanto a las políticas contra el crimen organizado”, dice.

Los ultras pueden haber tocado techo

Los diputados de ultraderecha de SD a menudo han utilizado Malmö (la tercera mayor ciudad del país) como un ejemplo de inseguridad, delincuencia y segregación asociada con la inmigración irregular y con las bandas del crimen organizado que controlan el mercado ilegal de drogas. El partido responsabiliza de esta situación a décadas de gobiernos socialdemócratas y acompaña este discurso de una retórica marcadamente antimusulmana.

Sin embargo, en los últimos años, la intensidad de la delincuencia y la violencia relacionada con las bandas se ha reducido de forma notable en Malmö, lo que se refleja en los datos de la policía: los tiroteos han caído un 65% desde 2017 y las explosiones, un 72%. Con el declive de la inseguridad en la ciudad, el diputado Nima Gholam Ali Pour reconoce que “ahora nuestros votantes están empezando a fijarse en otros temas” dice.

La ultraderecha ha desplazado el foco de la campaña a la preservación de la identidad sueca, las políticas energéticas o el Estado del bienestar

Según Anders Sannerstedt, politólogo de la Universidad de Lund y especialista en movimientos de ultraderecha en Suecia, SD ha desplazado el foco en esta campaña, pasando de la delincuencia, una de las banderas que hasta ahora les había permitido ganar más votos, a cuestiones como la “preservación de la identidad sueca, las políticas energéticas, o el Estado del bienestar”. En este giro de agenda hacia políticas más sociales, el partido ha prometido en la campaña ampliar las subvenciones públicas para los tratamientos odontológicos de los ciudadanos suecos. Pero, pese al cambio de prioridades, Sannerstedt subraya que “la inmigración sigue siendo la explicación de su éxito electoral”.

El experto sostiene, además, que SD ha logrado transformar el debate político hasta situarse en el centro del sistema de partidos y arrastrar a otras formaciones a sus posiciones. Sin embargo, advierte de que ese desplazamiento no se está traduciendo necesariamente en más votos para la ultraderecha, estacando en torno al 20%, y vaticina: “Han llegado a su punto máximo”.

Giro a la derecha

En los últimos años, la opinión pública en Suecia ha experimentado un notable giro derechista, especialmente en materia de inmigración, en un país donde una de cada cinco personas ha nacido en el extranjero, según Statistics Sweden.

El número de solicitantes de asilo llegados a Suecia se redujo un 97% el año pasado en comparación con el máximo, alcanzado hace una década. Este dato es el resultado de que uno de los sistemas de inmigración más acogedores de Europa se haya convertido en uno de los más estrictos bajo el ejecutivo de Kristersson: el acceso al mercado laboral está sujeto a nuevos requisitos, entre ellos el conocimiento del idioma y de la sociedad sueca, mientras que las ayudas públicas para solicitantes de asilo se han recortado. En paralelo, las autoridades han reforzado las medidas contra los inmigrantes que cometen delitos y han puesto en marcha incentivos económicos para quienes opten por abandonar el país de manera voluntaria.

Estos cambios son atribuibles a la influencia en el Gobierno de SD, actualmente la segunda fuerza del Parlamento, con 79 de 349 escaños. Akesson ha defendido que, en caso de que los partidos del bloque conservador —que incluye también a los democristianos y liberales— consigan ganar las elecciones, su partido debe integrarse de pleno en una nueva coalición para controlar los ministerios clave.