ANÁLISIS
Qué ha aprendido la nueva cúpula de Irán de la guerra con EEUU
Para saber si las negociaciones entre Teherán y Washington terminan en un acuerdo que impida, de forma verificable, el desarrollo de un arma nuclear en Irán, un factor clave pueden ser las lecciones ideológicas aprendidas por los nuevos dirigentes del país persa en más de 100 días de guerra. Un resultado que podría reconfigurar Oriente Medio y marcar el inicio de una nueva era para la economía iraní.
Formados a toda prisa, los nuevos líderes de Irán han sido forjados en el fragor de la guerra. ¿Siguen representando la “cruzada ideológica islámica” de la que hablaba Henry Kissinger? ¿O en su aceptación del memorándum de entendimiento hay un deseo de pragmatismo, como dijo el vicepresidente J.D. Vance?
Ahora mismo estamos en una especie de interregno, debido al vacío creado por la invisibilidad de Mojtaba Jameneí, el líder supremo. El jueves, Jameneí publicaba una carta donde afirmaba haberse opuesto al acuerdo en un principio, pero asegura que terminó por ceder ante el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, tras obtener la garantía de que nada se aceptaría si EEUU exigía demasiado.
Jameneí dijo que hay que proteger los derechos del país y del eje de la resistencia. Replicando la estrategia de Ali Jameneí, padre y predecesor de Mojtaba, el nuevo líder supremo se colocaba así en la envidiable posición de quedar libre de toda culpa en caso de que los políticos electos iraníes terminen mal parados por las negociaciones con Occidente.
La naturaleza del nuevo liderazgo
La intervención pública de Jameneí en vísperas de las negociaciones en Suiza podría influir en el acalorado debate que hay ahora mismo dentro de la Administración Trump sobre la naturaleza del nuevo y rejuvenecido liderazgo iraní.
El 12 de junio, el presidente de EEUU, Donald Trump, parecía elegir su lado del debate cuando calificaba a los dirigentes iraníes como “gente muy deshonrosa, que no actúa de buena fe”. Una valoración aparentemente similar a la de John Ratcliffe, director de la CIA, que entonces alertaba al presidente sobre la diferencia significativa entre las posturas defendidas por las autoridades iraníes en público y las que sostenían en privado.
“Los informes de inteligencia indican que las intenciones iraníes no se ajustan a los compromisos adquiridos en el acuerdo”, dijo Ratcliffe, de acuerdo con el testimonio de una persona cercana a las negociaciones que habló con Axios. Lo que se decía era que los dirigentes iraníes darían largas al acuerdo nuclear, o lo que es peor, que decidirían fabricar en secreto el arma nuclear, por la futura pérdida de valor del estrecho de Ormuz como activo estratégico.
Pocos iraníes niegan la importancia que ha tenido el estrecho para demostrar que EEUU ya no puede imponer el orden global de forma unilateral. En palabras de Payam Fazlinejad, editor de la revista de línea dura Naqd Andisheh, “la historia también ha demostrado a Estados Unidos que, en ocasiones, la geografía se venga de la tecnología”. “Una parte del poder se origina en los estrechos, y no en el equipamiento militar pesado, Irán ha llegado a comprender que tiene un poder disuasorio mayor que el de un arma nuclear”, añadió.
Pese a ello, Fazlinejad se sumó a las muchas voces que instan a sus dirigentes a romper el interminable ciclo de guerra, negociaciones y protestas. “El país no puede permitirse un nuevo error de cálculo y debe recuperar la estabilidad”, le dijo la semana pasada al presidente Pezeshkian durante una reunión con editores de medios. Los políticos pueden estar pensando en otras cosas, pero está claro que la ciudadanía quiere volver a la normalidad.
A juzgar por los comentarios que hizo durante la cumbre del G7 en Évian-les-Bains, Trump está ahora apostándolo todo a una versión de ese análisis y ha decidido tender la mano a los dirigentes iraníes. El martes pasado describió a los líderes del país como “el grupo más racional con el que hemos tratado jamás”. “No están radicalizados, quieren ayudar a su país”, dijo sobre el tercer grupo con el que ha tenido que negociar.
Al equipo de Trump le gusta pensar que en las últimas semanas le ha sido concedido un acceso privilegiado a los personajes más destacados de Teherán, algo que ningún político estadounidense había logrado desde la revolución en 1979. El vicepresidente Vance dijo que EEUU nunca había estado tan cerca de los dirigentes iraníes. “Lo más interesante de los avances que hemos logrado en las últimas semanas es la manera en que personas dentro del sistema iraní, altos cargos, incluso autoridades del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, dicen: 'Reconocemos que ha sido un error la forma en que hemos tratado con Estados Unidos durante 47 años”.
Lucha de poder
Según Vance, los sectores más intransigentes de Teherán están restando importancia a los inconvenientes del acuerdo mientras destacan sus beneficios para Irán. En los hechos, lo más probable es que haya ocurrido justo lo contrario durante las últimas dos semanas. El que ha criticado el acuerdo ha sido el bando más radical, conocido como Frente Paydari, con gran peso en el Parlamento y opuesto desde hace mucho a un acercamiento con Occidente.
Vinculado al antiguo negociador nuclear Saeed Jalili, el Frente Paydari dijo que el acuerdo es una catástrofe y que ponerle fin ahora al bloqueo es prematuro. Muchos de sus miembros han aparecido en manifestaciones callejeras y en la televisión denunciando al equipo negociador, acusándolos de traicionar a la revolución y al mártir Alí Jameneí.
Vahid Jalili, hermano de Saeed Jalili, dirige gran parte de la cadena estatal Irib y ha facilitado su plataforma mediática a los detractores del acuerdo, provocando el enfado expreso del presidente Pezeshkian. Según los críticos de la cadena, Irib es como Fox News y suprime la diversidad de opiniones en Irán.
Da la impresión de que los partidarios de la línea dura son los que han tenido que dar marcha atrás
En cierto modo, la pelea interna por el acuerdo replicó las discusiones ya vividas en Irán con la firma del acuerdo nuclear de 2015. El negociador jefe era entonces Javad Zarif, el ministro de Asuntos Exteriores que durante años fue el blanco de críticas feroces por haber llegado ingenuamente a un acuerdo con el “Gran Satán”.
En 2018, Trump se retiró unilateralmente de aquel acuerdo y dejó sin argumentos a la facción iraní que consideraba esencial la apertura del país al mercado occidental. Desde entonces, los iraníes que defendieron aquel acuerdo han tenido que enfrentarse al argumento, legítimo, de que no se puede confiar en Estados Unidos. En la actualidad, lo que socava las negociaciones es la incapacidad de Trump para controlar las acciones de Israel en Líbano.
No obstante, da la impresión de que los partidarios de la línea dura son los que han tenido que dar marcha atrás, a pesar de la intervención de Jameneí. Además de un debate, los defensores de un acuerdo han ganado una lucha de poder.
Probablemente, la persona que más se ha beneficiado de la guerra es Mohammad Bagher Ghalibaf, junto con la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de la que procede. Recientemente reelegido presidente del parlamento iraní, el político conciliador de tendencia conservadora estaba tan seguro de su posición que incluso pidió una votación sobre el acuerdo en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional. De forma inusual, los miembros del ejército también pudieron votar. Solo una persona se opuso y lo más probable es que fuera Jalili. El memorándum no es un documento que requiera la aprobación del Parlamento, como han reconocido varios personajes clave del mismo.
El miércoles pasado, Ghalibaf concedió una larga entrevista en la que justificaba el acto de negociar y, de forma implícita, las concesiones inherentes a la negociación, mientras hacía llamamientos a la unidad nacional. “Mi trabajo no es la diplomacia”, dijo. “Soy un combatiente, pero con el espíritu y la cultura de un combatiente llevo a cabo una labor diplomática; nuestro objetivo era aliviar la presión y el fuego sobre la población; si esta negociación no se hubiera producido, ¿habríamos llegado a eso simplemente lanzando un misil? No”, añadió. “Nuestras fuerzas armadas, frente a un enemigo armado hasta los dientes, pueden arrasar con ese enemigo, ¿pero habría sido eso posible sin el apoyo del pueblo? Nunca”.
Si sobrevivir a la guerra era el objetivo primordial, ahora la pregunta es cómo se comportará el Gobierno. Según los expertos, las primeras pistas apuntan a una estrategia renovada de los nuevos dirigentes iraníes: más autoritaria, más pro-China y más dispuesta a escuchar de forma pragmática los consejos la Guardia Revolucionaria Islámica. Los preparativos para el funeral de Ali Jameneí no parecen sugerir que Irán se esté transformando en un régimen secular.
En el ámbito nuclear, existe la posibilidad de llegar a un acuerdo, ya que EEUU ha abandonado varias líneas rojas. Pero aún hay que ver cómo se concreta la verificación sobre el terreno del cuerpo de inspectores nucleares de la ONU, y la disposición del régimen iraní a aceptar un sistema de inspecciones intrusivo por naturaleza. Según Kelsey Davenport, experta en Irán de la Asociación para el Control de Armas, Irán tendrá que informar al Organismo Internacional de Energía Atómica siguiendo plazos estrictos.
Mirando a China
Ghalibaf también parece consciente de que dentro del Gobierno hay que cambiar de foco para abordar el tema de la inflación y de los mercados de divisas. “Debemos quitarle atención a los lanzadores de misiles para ponerla en aliviar a la población de las dificultades económicas”, dijo. “El criterio de éxito está pasando de repeler amenazas externas a mejorar la economía”.
Una forma de lograrlo es diversificar la apuesta iraní y no poner todos los huevos en la cesta occidental. Ghalibaf, que en mayo fue nombrado enviado especial a China, subrayó la necesidad de un enfoque equilibrado entre Oriente y Occidente.
“Durante años, Irán trató a China de forma meramente transaccional, en última instancia, buscaban algún tipo de acuerdo con Occidente y utilizaban a China como moneda de cambio, pero en realidad no ofrecían a China todo lo que quería”, dice Sina Toossi, investigadora principal del Centro de Política Internacional. “En enero de 2016, Xi Jinping visitó Teherán, el mismo mes en que se firmaba el Plan de Acción Integral Conjunto [el acuerdo de 2015 por el programa nuclear de Irán]. Irán y China firmaron un acuerdo de asociación estratégica integral durante esa visita, pero todos los contratos de Irán fueron adjudicados a países europeos”.
“Los líderes empresariales y los funcionarios chinos lo sintieron como un desaire”, añadió Esfandyar Batmanghelidj, uno de los mejores expertos en economía iraní. “No priorizar las relaciones con China fue un error estratégico por parte de Irán; Ghalibaf está dejando claro que no piensa repetir el error”. Al fin y al cabo, pocos países de la región pueden avanzar sin las inversiones de China. Pero las sanciones estadounidenses desde 2018 han vuelto casi imposibles esas inversiones en Irán.
El problema político también queda sin resolver. Los ciudadanos iraníes que confiaron en la promesa de Trump, cuando dijo “la ayuda está en camino”, se sienten abandonados. “Cuando vas en taxi, a las tiendas, o hablas con amigos, nadie está contento con el acuerdo”, dice uno de esos ciudadanos. “En marzo, no pensábamos que esto fuera lo que podía pasar; no queríamos un Xi ni un Putin iraní”.
Traducción de Francisco de Zárate.