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El fracaso de Trump en Irán lastra su presidencia
Opinión - 'La justicia y el periodismo en el 'Detritoceno' español', por Rosa María Artal

El fracaso de Trump en Irán lastra su presidencia

El presidente de EEUU, Donald Trump, en la Cumbre del G7 celebrada el 17 de junio de 2026 en Evian-les-Bains, Francia.

Andrés Gil / Icíar Gutiérrez

Washington / Madrid —
19 de junio de 2026 21:33 h

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Donald Trump ya tiene su propio tratado de Versalles. Pero, a diferencia del de 1919, la potencia occidental no es la que sale victoriosa del acuerdo, presa de sus promesas y de una errática estrategia desde el primer día de los bombardeos. Al contrario, EEUU sale derrotado, con 13 muertos en los ataques y al menos 365 heridos, según el Pentágono, que cifraba en mayo el coste de la guerra en 25.000 millones de dólares, con las reservas de armamentos propias y de los aliados diezmadas, con el régimen de los ayatolás en el poder y con un compromiso iraní de no producir armamento nuclear en la línea de lo ya recogido en el acuerdo JCPOA de 2015.

Aquel llamado Plan de Acción Integral Conjunto comprendía a Irán, junto con Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido, Rusia y Alemania, y tenía como fin garantizar que el programa nuclear iraní fuera exclusivamente pacífico a cambio del levantamiento de sanciones.

Es decir, lo mismo que ha conseguido Trump tras una guerra de cuatro meses, que dijo que duraría cuatro semanas y que en lugar de acabar con la claudicación incondicional de Teherán ha terminado con un acuerdo que está siendo contestado por senadores republicanos y boicoteado por el principal aliado de EEUU en la zona, Israel.

Este viernes tenían que comenzar las conversaciones técnicas y debía haberse celebrado una firma ceremoniosa del acuerdo. Pero el empeño del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, de proseguir con una guerra de la que quería escapar Trump ha terminado por postergar el inicio de las negociaciones de 60 días que deben concretar el memorando de entendimiento suscrito por los presidentes de Irán y EEUU, respectivamente.

Así, Israel ha lanzado en las últimas horas una escalada que se ha cobrado decenas de vidas. Según el Gobierno libanés, al menos 47 personas han muerto y 97 han resultado heridas en ataques israelíes lanzados este viernes contra diferentes puntos de Líbano, especialmente el sur, en una violación de los términos del acuerdo alcanzado entre Irán y Estados Unidos para el cese de las hostilidades, que se extiende al país mediterráneo. Irán llevaba semanas advirtiendo que el frente libanés es una de las líneas rojas que puede hacer descarrilar el acuerdo con EEUU en caso de que Israel sigue atacando Líbano, como ha continuado ocurriendo.

Horas después de esa ofensiva, Israel y Hizbulá han pactado un alto el fuego en Líbano que ha entrado en vigor a las 16.00 horas de este viernes, hora local, según ha declarado un alto cargo estadounidense a varios medios, que ha señalado que el acuerdo ha sido negociado por EEUU y Qatar a través de conversaciones con Israel e Irán, respectivamente.

Poca confianza

Moussa Bourekba, investigador principal de CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs), tiene poca confianza en que el proceso de negociación de dos meses que se abre ahora llegue a buen puerto. “Lo dudo mucho porque lo que se pretende es que en 60 días se puedan resolver cuestiones que han estado encima de la mesa durante años, o décadas. Y este es el método Trump: la pretensión de que a la geopolítica se le pueda aplicar métodos empresariales a base de acuerdos”, dice a elDiario.es.

Hay tres elementos “cruciales” por los que Bourekba pone en tela de juicio la capacidad de resolver este conflicto. “La primera es el uranio. Para EEUU, sería inaceptable que el programa nuclear iraní siguiese intocable, pero Irán sigue considerando que tiene un derecho irrenunciable a desarrollarlo, no necesariamente con fines militares. Las dos partes están pidiendo algo que es incompatible para el otro”, dice Bourekba. La segunda cuestión son las sanciones: “Se ha hablado de levantar algunas, habrá que ver cuáles son. Irán necesita urgentemente el levantamiento, ha sufrido dos guerras en menos de un año”. 

Según su análisis, se exige a Irán algunos compromisos “irreversibles, como por ejemplo entregar su stock de uranio a Estados Unidos, a cambio de concesiones que son reversibles, como no volver a atacar o no romper este acuerdo. El origen de esta guerra fue la retirada unilateral de EEUU del acuerdo nuclear de 2015 [decretada por Trump en su primera legislatura], y los iraníes son conscientes de ello. No hay mucha confianza entre los actores involucrados”.

El tercer elemento es Israel: “Para Israel es una tremenda derrota estratégica, especialmente para Netanyahu, ya que los objetivos declarados de la guerra no han sido alcanzados: no hubo cambio de régimen, no se solucionó la cuestión nuclear, no se erradicó el arsenal militar de Irán, no se limita su rol en la región”. Bourekba vaticina que Israel actuará “para romper a pedazos este acuerdo”, por ejemplo continuando los bombardeos en Líbano. 

Cambio de planes

De la firma en una ceremonia en Suiza no se ha vuelto a hablar. Es más, Trump tiene previsto viajar este viernes para pasar el fin de semana en Camp David, el célebre lugar de descanso de los presidentes estadounidenses que tan poco le gusta a Trump para el ocio, frente a sus campos de golf, lo que da pie a pensar que puedan producirse reuniones relevantes en las próximas horas.

El presidente de EEUU, que está legitimando al régimen de los ayatolás con su acuerdo, clamó por un cambio de régimen el mismo día en que comenzaron los bombardeos. En efecto, Trump prometió el 28 de febrero una “muerte segura” a los soldados iraníes que no se entregaran, y lanzó un contundente mensaje a la oposición a los ayatolás: “Ahora tienen un presidente que les da lo que quieren, así que veamos cómo responden. EEUU los respalda con una fuerza abrumadora y devastadora. Ahora es el momento de tomar el control de su destino y abrazar el futuro próspero y glorioso que está al alcance de su mano. Este es el momento de actuar. No lo dejen pasar”.

Pero nada de eso ha ocurrido. Ni la muerte segura de la guardia revolucionaria iraní, ni la toma de control del país por parte de la oposición, ni la claudicación de Irán.

Al contrario, el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz desde el primer día de la guerra ha generado una crisis mundial de energía, en tanto que se ha cerrado el paso al 20% del comercio del petróleo: los precios de la gasolina crecieron un 50% en EEUU y el barril de Brent superó los 100 dólares. Y todo esto a escasos meses de unas elecciones legislativas en las que la Casa Blanca está en disposición de perder el control del Capitolio.

No en vano, la guerra en Irán es la más impopular de todas las guerras desatadas por EEUU.

Es más, la mayoría de los estadounidenses sigue suspendiendo la forma en la que Trump está gestionando la guerra de Irán. Según una encuesta publicada este viernes por AP, aproximadamente dos tercios (el 65%) de los adultos estadounidenses desaprueba la forma en que Trump está gestionando Irán.

No obstante, mientras que la gran mayoría de los demócratas y los independientes ven las acciones de Trump de forma negativa, solo el 28% de los republicanos se muestra descontento. Y el índice de aprobación general se sitúa en el 37%, sin cambios respecto a una encuesta de Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research realizada en mayo.

La nueva encuesta se ha llevado a cabo del 11 al 17 de junio, justo después de que Trump retirara sus amenazas de intensificar la guerra con Irán. La encuesta se realizó mientras Trump anunciaba un acuerdo con Irán y autorizaba el fin del bloqueo naval estadounidense en el estrecho de Ormuz, y concluyó justo antes de que se firmara el acuerdo este miércoles.

Oposición hasta en los republicanos

Destacadas voces de republicanos en el Capitolio han ido expresando severas reservas con respecto al acuerdo de la Administración Trump para poner fin a los combates en Irán: el levantamiento de las sanciones económicas sobre la venta de petróleo por parte de Irán y el plan de crear un fondo de 300 000 millones de dólares para reconstruir Irán y su economía han despertado las críticas por parte de líderes republicanos y figuras influyentes del ámbito conservador, incluidos trumpistas de primera hora.

“El presidente Trump ha buscado la paz a través de la fuerza. Espero que los intermediarios que trabajan en este acuerdo no estén socavando ese objetivo”, afirmó el senador de Misisipi Roger Wicker, presidente de la Comisión de Fuerzas Armadas del Senado, quien ha instado a Trump a mantener la presión sobre Irán y se ha expresado en contra de la firma “de un mal acuerdo”.

“El fondo de 300 000 millones de dólares para la reconstrucción y el desarrollo económico de Irán, aunque no esté financiado por los contribuyentes estadounidenses, haría que la compensación de Irán en virtud del acuerdo de 2015 del presidente Obama pareciera una miseria en comparación”, señaló Wicker, refiriéndose al acuerdo con Irán de la Administración demócrata del que Trump se retiró durante su primer mandato.

Las críticas se producen mientras Trump intenta poner fin a una guerra impopular a menos de cinco meses de las elecciones de mitad de legislatura, en las que los republicanos se enfrentan a dificultades para mantener sus estrechas mayorías.

Trump insulta a los críticos

“La historia demuestra que dar miles de millones de dólares a los lunáticos teocráticos que quieren matarte es una idea excepcionalmente mala”, ha dicho el senador de Texas Ted Cruz, firme partidario de la guerra: “Espero que no lo hagamos”.

Trump, en Truth Social, calificó a sus críticos de “tontos” y afirmó que el pago de 300.000 millones de dólares a Irán por parte de Estados Unidos es una “noticia falsa”. El memorando promete un fondo de 300.000 millones de dólares para la reconstrucción posguerra. No está claro de dónde procederá ese dinero, pero Trump afirmó que Estados Unidos no contribuiría.

Tras la publicación del memorándum, varios senadores republicanos afirmaron que les dejaba con dudas, muchas de ellas sobre sus disposiciones financieras.

El líder de la mayoría republicana, John Thune, y el senador de Dakota del Sur Mike Rounds, han pedido aclaraciones sobre cómo se harían cumplir los incentivos financieros a Irán y las condiciones que prohíben la financiación del terrorismo, ya que “en este momento, va a ir mucho dinero a Irán”, afirmó Rounds.

El comentarista conservador Mark Levin sugirió un replanteamiento estratégico para posponer un acuerdo con Irán hasta después de las elecciones de mitad de legislatura. “Deberíamos plantearnos ganar tiempo al enemigo, reforzar nuestro arsenal, nuestras reservas de petróleo, bajar el precio de la gasolina, superar las elecciones de mitad de mandato y, entonces, acabar con ellos”, afirmó en una publicación en las redes sociales.

La influyente Laura Loomer, que lleva mucho tiempo apoyando a Trump al tiempo que promueve teorías conspirativas, fue más contundente en sus críticas: “¿Quién le está proporcionando al presidente información sesgada y proislámica?”.

“Esto huele a ese tipo de política de apaciguamiento”, afirmó el exvicepresidente Mike Pence, cuya relación con Trump se rompió tras el asalto al Capitolio de EEUU del 6 de enero de 2021: “En definitiva, no confío en los iraníes”.

Entonces, ¿es un mal acuerdo para EEUU? “Está en línea con lo que Trump quería”, dice Bourekba: “Buscaba una vía de salida que le permitiese proclamar el fin de la guerra y la victoria. Pero, para EEUU, el daño reputacional, incluso geopolítico, va a ser enorme, se ha demostrado que la superpotencia tiene límites: no ha sido capaz de erradicar la amenaza iraní, no ha logrado sus objetivos políticos mediante la fuerza, ni siquiera ha podido proteger a sus aliados del Golfo de la amenaza iraní a raíz de su propia actuación”, dice el investigador de CIDOB, quien añade: “Estamos asistiendo al declive de la potencia estadounidense. Los países del Golfo se están dando cuenta de que tener bases militares no reduce su vulnerabilidad a ataques de otros países, más bien al contrario. No confían en EEUU y su capacidad de protegerlos. Lo mismo ha ocurrido a escala mundial, con los países asiáticos y de la UE a los que Washington pidió, por ejemplo, participar en su misión marítima en el estrecho de Ormuz. Consideraban que esta guerra no era suya”. 

Y concluye Bourekba: “A corto plazo, el acuerdo permite rebajar el precio del crudo y asegurar un resultado menos malo para Trump de cara a las elecciones de mitad de legislatura. Pero, a largo plazo, para EEUU es una derrota tremenda: ha fracasado a la hora de convertir su superioridad militar en una capacidad de imponer sus voluntades políticas sobre un país muchísimo más débil que él. Y esto tiene consecuencias profundas”.

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