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Tras el fuego, la autoprotección: así se cuidan de los incendios los vecinos de un pequeño pueblo de Zamora

Vecinos de Triufé (Zamora) participan en una asamblea del plan colectivo de autoprotección ante los incendios.

Andrés Actis

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Triufé es una pequeña localidad de la comarca de Sanabria, en Zamora. En el verano de 2025, sus 33 habitantes sintieron mucho miedo por el avance del fuego. Nunca antes habían experimentado esa sensación de angustia, pánico e incertidumbre por la cercanía de las llamas. El enorme incendio que, durante semanas, calcinó miles de hectáreas no logró penetrar las fronteras del pueblo. “Fue la primera vez que sentimos esta amenaza tan de cerca, fue horrible”, recuerda María Turiño, ingeniera forestal y residente de esta aldea. Pero la parálisis dio paso a la acción: crear un plan colectivo de autoprotección para cuando el fuego vuelva a acercarse. “Ya no podemos ser meros observadores de este riesgo que nos asola. Debemos asumir que convivimos con un riesgo climático estructural”, señala esta vecina.

Esta vez, el fuego se ha desbocado muy lejos del Parque Natural del Lago de Sanabria, epicentro de uno de los grandes incendios del último verano. El drama es ajeno, de otras poblaciones. Pero en Triufé lo sienten como propio. Empatizan con las nuevas víctimas de esta tragedia. “Cuando el fuego se apaga y deja de ser una amenaza latente, llega la necesidad de encontrar respuestas. Es un proceso que, en nuestro caso, derivó en la confección de un plan para, por un lado, protegernos. Por el otro, prevenir”, explica Turiño.

La primera acción ocurrió cuando el fuego todavía estaba encendido y los bomberos apagaban los últimos focos activos. Los vecinos pidieron hablar con las autoridades a cargo de los operativos de extinción para tener una radiografía del problema. Aquel primer encuentro, recuerda Turiño, sirvió para comprender la nueva realidad climática —los grandes incendios han llegado para quedarse— y “desmontar bulos”: las soluciones simplistas y tergiversadas solo sirven para reforzar prejuicios, no para entender el fenómeno.

Luego, llegaron las asambleas. Se consensuó que tenía que participar al menos una persona de cada casa abierta. También que era importante la participación de las viviendas cerradas, de los vecinos que en las últimas décadas se mudaron a las ciudades. “Rompimos ese sesgo rural de mirar de reojo al que no está empadronado. Entendimos que quien vive en Madrid pero tiene una casa en el pueblo es parte del problema y de la solución”, subraya la ingeniera forestal.

Incendio en Compludo (Bierzo, León) en 2025.

Fueron tres largas sesiones durante el otoño en formato mixto, presencial y online. Primero se definió un plan de autoprotección. Se especificó un punto de reunión en caso de emergencia. Se confeccionó un listado de personas vulnerables y los encargados de ayudarlas ante el avance del fuego. También se resolvió señalizar todas las bocas de riego para agilizar el trabajo de los bomberos. Este plan, agrega Turiño, permite “ganarle unos minutos al incendio”, un cúmulo de segundos que puede “salvar vidas”.

El segundo paso fue adoptar medidas básicas de prevención. Con el aval del ayuntamiento, se consiguieron los recursos para construir un depósito de agua, indispensable para asegurar un suministro permanente y continuo. El pueblo comprendió el rol de la ganadería extensiva en el mantenimiento de bajas tasas de combustible forestal. Hoy hay más vacas en los campos aledaños que las que había en 2025. “Tenemos una faja de protección perimetrando el pueblo gracias al pastoreo dirigido que antes no teníamos. Esto es muy importante”, subraya Turiño.

Para el próximo verano, el pueblo espera contar con una “desbrozadora comunitaria”, una herramienta de uso libre para evitar la “invasión del matorral” en las fincas y solares. “No vamos a negar que es frustrante toparse con la burocracia y su lentitud, pero entendemos que son las reglas del juego. Uno puede quejarse y quedarse de brazos cruzados. Esa opción ya no existe en Triufé”, afirma.

Un plan para replicar en otros lugares

Para Turiño, el proyecto ya es exitoso. Admite que puede servir de poco si el fuego vuelve con la voracidad de 2025. Es muy difícil, aclara, predecir la eficacia de todo lo que se ha hecho. Pero “los lazos” que se generaron en el pueblo son “irrompibles”. “Volvimos a crear comunidad en un pueblo donde hacía mucho tiempo que no se sentía. A pesar del miedo, la energía con la que salíamos después de cada reunión vibraba esperanza”, celebra.

Una de las medidas de prevención contra los incendios en Triufé (Zamora) ha sido meter vacas con pastoreo dirigido.

Triufé, añade, tiene que servir de “prueba piloto” para “rodar una metodología de trabajo” por todas las localidades de la montaña sanabresa. Varios pueblos vecinos —San Ciprián de Hermisende, Sotillo, Paramio y Ferreros— ya han pedido información sobre cómo dar pasos similares. “Al final, todo plan tiene que adaptarse a las particularidades de cada territorio. Pero esta nueva era de incendios necesita de pueblos cohesionados y de trabajo colectivo, nadie se salva solo”, concluye la experta.

La web Prevenir Incendios Forestales recopila las primeras experiencias de vecinos que empiezan a formar parte de la prevención y la emergencia. Aparece Triufé. Pero hay más ejemplos. Se describe el plan AdapTe en Legarda (Navarra), una estrategia integral frente a incendios con participación vecinal; o el proyecto Gran Canaria Mosaico, que trabaja combinando gestión forestal, ganadería extensiva, agricultura, sensibilización y autoprotección.

“El fuego de hoy es muy distinto al de principios de siglo, cuando empecé a trabajar con los incendios forestales. Hay un cambio de escenario que está sumamente agravado por el cambio climático. Lamentablemente, ya no alcanza con ser buenísimos en la extinción. Necesitamos ser buenísimos en la prevención y la autoprotección”, pide Turiño.

Su conclusión es que no habrá territorios resilientes al fuego sin comunidades implicadas: “Es cierto que es necesario mejorar las acciones y operativos de prevención y de extinción. Pero también que estemos ya en el momento de aumentar la capacidad de las poblaciones de participar de su seguridad y su autoprotección elaborando estos planes locales de forma participada”.

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