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Marta Montojo

Periodista ambiental. Me dedico a perseguir historias 'verdes' por el mundo. Me interesan especialmente los temas de cambio climático, urbanismo sostenible, justicia ambiental, transiciones ecosociales, conservación de la biodiversidad y política energética. Hasta ahora, he pasado por las secciones de medio ambiente del diario La Vanguardia y de la Agencia EFE (EFEverde), y escribo para revistas como Ballena Blanca y Ciudad Sostenible. 

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Suecia: así lo está haciendo el país que lidera la transición ecológica

Karin Sundby era una empresaria sueca normal y corriente hasta que, hace tres años, decidió formar parte de un movimiento social que resurgía con fuerza. Era una segunda versión del Parlamento Popular del Clima que, organizado por primera vez en 2014, convirtió a Suecia en el primer país del mundo en acoger este tipo de iniciativa participativa por la sostenibilidad. La idea se inspiraba en los parlamentos populares que se formaron a finales del siglo XIX para impulsar, con éxito, el sufragio universal en el país escandinavo. Así, poco antes de las elecciones generales de septiembre de 2014, un grupo de apenas cinco personas puso en marcha este proyecto, que era pionero en el mundo. “Al principio consistía sólo en unos pocos profesores y activistas, pero se expandió muy rápidamente”, relata Karin.

El planteamiento era que, si se había podido conseguir el voto para toda la ciudadanía gracias a las voces del pueblo, ¿por qué no se iba a poder acelerar la acción por el clima de la misma manera? Así, unas 600 personas –ciudadanos de a pie – se reunieron en un evento que duró tres días. “Se pidió a la gente que propusiera medidas, proposiciones de leyes que consideraran necesarias y útiles para mitigar el cambio climático. Del total de propuestas recibidas, se seleccionaron unas cuantas, se debatieron, se defendieron y se votaron. Finalmente, las elegidas se llevaron a los portavoces de medio ambiente de los partidos políticos, que a su vez trasladaron estos asuntos al Riksdag el parlamento sueco”, explica Karin. Pasadas las elecciones de 2014, este parlamento popular del clima se disolvió, pues ya había cumplido su función. Sin embargo, un grupo de personas  –entre ellas Karin –  decidió retomar el proyecto para, de cara a las siguientes elecciones de 2018, repetir el mismo proceso, pero esta vez con vocación de continuidad.

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Mudarse o hundirse: la subida del nivel del mar fuerza el traslado de una comunidad nativa en EEUU

Dos horas hacia el suroeste de Nueva Orleans, yace sobre los pantanos de Louisiana una isla que, durante generaciones, ha sido el hogar de los Biloxi Chitimacha Choctaw, una tribu de nativos americanos originaria del sur de Estados Unidos. En las últimas décadas, sin embargo, el aumento del nivel del mar -acelerado por el cambio climático- ha forzado a muchas de las familias de esta comunidad autóctona a abandonar su isla, y las que quedan no durarán mucho más tiempo allí. El lugar está, literalmente, desapareciendo en el agua.

Desde 1955, Isle de Jean Charles ha perdido el 98% de su superficie a causa de la subida del nivel del mar. El sitio, convertido ahora en una ciénaga atestada de mosquitos, solía tener campos arbolados que ahora están sumergidos bajo el agua, según rememoran los habitantes de la aldea.

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Dinamarca, el país de los impuestos ambientales

Chris Pietersen amanece cada día en su apartamento en Nørrebro a eso de las siete y media. Nada más levantarse, se lava los dientes y se mete en la ducha. Por cada metro cúbico de agua que sale de ella, Chris paga 6,5 coronas danesas (0,87 euros). Es la factura más cara de la Unión Europea, de la cual más de la mitad son impuestos.

"Es tan cara porque se paga el 100% de lo que cuesta el tratamiento", explica Christian Hald-Mortensen, del departamento de recursos hídricos de la  Agencia de Protección del Medio Ambiente danesa (EPA, por sus siglas en inglés). En Dinamarca, los tributos sobre la gestión del agua los asumen las empresas que tratan el recurso, que luego incluyen en el recibo del consumidor. El analista en fiscalidad ambiental Mikael Skou justifica la medida: "De esta forma se motiva el ahorro de agua tanto en las empresas como entre los consumidores y, como también se paga lo que se contamina, se incentiva el cuidado por reducir el impacto ambiental". Puede decirse que este país nórdico ha sido un pionero. En los años 90, el Gobierno danés impulsó una medida que penalizaba a los gestores de agua que tuvieran más del 10% de fugas. "La gestora tenía que pagar un porcentaje por superar ese índice. Hoy, las ciudades de Copenhague y Odense están en el 5%, mientras la media nacional es del 7,8%", matiza el especialista de la agencia ambiental Hald-Mortensen.

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