Trump agita el fantasma del enemigo interno en el 250 aniversario y ante las legislativas: “El comunismo es como un cáncer, hay que extirparlo”

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —
5 de julio de 2026 06:51 h

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“Si ellos pudieron asaltar las playas el Día D, yo puedo dar un discurso”. Donald Trump es ese tipo de presidente de EEUU capaz de compararse con los soldados que desembarcaron en Normandía por dar un discurso en una noche amenazada por tormentas. Aquel 6 de junio de 1944 murieron 2.500 estadounidenses; es decir, una media 104 cada hora. Y Trump se compara con ellos, algunos de los supervivientes se encontraban entre los asistentes a los fastos del 250 aniversario en Washington DC organizados a la mayor gloria del presidente y de su agenda ultra.

Así, Trump ha usado sus casi 40 minutos de discurso, que empezó después de las 11.00 de la noche por el desalojo del National Mall de Washington DC por la amenaza de tormentas, a defender una de sus iniciativas legislativas más polémicas y contestadas: la reforma electoral para limitar al máximo el voto por correo y para exigir un documento que acredite la ciudadanía estadounidense para votar con la coartada del bulo del fraude electoral de las elecciones que perdió en 2020 que nunca nadie ha podido demostrar.

“Estados Unidos ha vuelto”, ha dicho Trump, “y queremos mantener la grandeza de Estados Unidos, y lo haremos aprobando la Ley Save América, que implica que todos los votantes deben mostrar un documento de identidad electoral; todos los votantes, todos deben presentar algo llamado 'prueba de ciudadanía', y no habrá voto por correo, salvo en caso de enfermedad, discapacidad, despliegue militar o viaje, y ya no habrá fraude en las elecciones. Es muy sencillo”.

“Ya no habrá fraude en las elecciones”, dice Trump en su discurso del 4 de julio, como si en EEUU las elecciones no fueran limpias, cosa que nunca se ha acreditado.

En esa agenda ultra de la conspiración electoral, de querer reformar las leyes electorales con vistas a las elecciones legislativas de mitad de mandato que se le presentan muy cuesta arriba por sus mínimos de aprobación por los costes de la vida y la guerra en Irán, hasta el punto de tener secuestrada una ley de vivienda pactada con los demócratas a la que solo le falta la firma del presidente de EEUU, Trump se ha apropiado de los fastos del 250 aniversario de la independencia del país para seguir con el ataque permanente a la mitad del país.

Así, si bien toda la parafernalia del 4 de julio se llama Freedom 250, y de que en su discurso ha afirmado que “los estadounidenses han derramado su sangre y han dado su vida, no solo para garantizar esos derechos [de la declaración de independencia], sino para extenderlos a los ciudadanos de todas las razas, religiones, colores y credos, porque somos un solo pueblo, somos una sola familia”, el presidente de EEUU ha decidido agitar el fantasma del enemigo interno después de una serie de primarias demócratas en las que han avanzado los socialistas democráticos del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani; del senador Bernie Sanders; y de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez.

Pero no solo: Trump también está señalando a la probable próxima alcaldesa de la capital será a partir de noviembre, Janeese Lewis George, quien ganó a mediados de junio las primarias demócratas en Washington DC para la alcaldía de la ciudad.

A pesar de que son candidatos apoyados por el DSA (Socialistas Democráticos de América) y de que nunca han defendido la socialización de los medios de producción o la nacionalización de sectores estratégicos, Trump los cataloga directamente como comunistas. Y lleva toda la semana poniendo la diana sobre ellos, hasta el punto de definirlos como “la mayor amenaza para EEUU desde la independencia, incluida la Primera y la Segunda Guerra Mundial, Pearl Harbor y el 11S”.

Y este sábado por la noche ha vuelto a hacerlo, dando un paso más.

“El sistema comunista es lo contrario del sistema estadounidense”, ha dicho Trump: “El sistema comunista nunca ha funcionado. Nuestros soldados no lucharon contra el comunismo en los campos de batalla de todo el mundo para que esa amenaza volviera a asomar su horrible cabeza aquí mismo, en Estados Unidos. No vamos a permitir que eso ocurra. Queremos detener una amenaza como esa de inmediato, y antes de que comience. Es como un cáncer: hay que extirparlo, hay que extirparlo rápido”.

Trump, abonado a los bulos, volvió a decir que ha traído a EEUU 19,2 billones de inversiones, si bien su Administración afirma que hay comprometidos 10 billones. De la misma manera, ha sido capaz de decir que en el desalojo del Mall salieron 350.000 personas, y que luego había 150.000 viendo en su discurso.

Lo que también hizo Trump fue acompañarse de militares veteranos, a los que hacía entrar en el escenario para saludar diferentes banderas estadounidenses históricas, tejiendo un hilo entre su presidencia –la que ha bombardeado ocho países, está en medio de una guerra en Irán que no termina de resolver y ha secuestrado al presidente venezolano, Nicolás Maduro– y el Ejército que combatió en la Segunda Guerra Mundial contra el nazismo y el fascismo, y en Corea y Vietnam contra el comunismo. Eso sí, en su discurso no ha tenido reconocimiento para los nativos americanos que sufrieron el genocidio de los colonos y que siguen marginados en EEUU, o para las personas que no llegan a fin de mes en un país en el que cada vez es más difícil tener una vivienda digna y en el que no hay acceso a la sanidad sin pagar por adelantado.

“En todo el mundo intentan ser como nosotros, nadie puede ser como nosotros”, ha asegurado Trump, quien tampoco ha tenido palabras para las personas que pasan dificultades en su país, ya sean víctimas del machismo, el racismo o la homofobia: “Los estadounidenses hemos extendido las bendiciones de la libertad y nunca hemos dejado de ampliar nuestras ambiciones y nuestros sueños. El sueño americano ha vuelto, muy fuerte y hermoso”.